Erika Verzutti

Erika Verzutti. Vista de la exposición en el Centro Pompidou, París, 2019. © Erika Verzutti. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia y Gabriel.

Exposiciónjul 2019 - sept 2019· Por Christine Frérot

Erika Verzutti

Centre Georges Pompidou

La primera exposición de gran envergadura en Europa (y por primera vez en Francia) de la artista brasileña Erika Verzutti (1971) fue presentada en el marco del evento anual y pluridisciplinario mutaciones/creaciones 3, cuya tercera edición, con la exposición la fabrique du vivant, interrogaba la transformación de lo vivo en la era de las biotecnologías, tanto en el campo del arte como en el diseño y la arquitectura.

La artista, en colaboración con la curadora Christine Macel, había imaginado la escenografía de la exposición como una vasta instalación en forma de archipiélago, compuesto de pequeñas islas de formas variadas, que agrupaban “familias” de esculturas, tuvieran o no algún vínculo de filiación estética o temática. La circulación facilitada por este recorrido abierto, con las piezas en su mayoría a nivel del suelo, permitía al visitante descubrir una obra multiforme y singular a la vez, sensual y táctil, libre y divertida, tanto por sus formas como por sus materiales y vivos colores, sin códigos intelectuales restrictivos ni límites. Una obra rica en convergencias inesperadas y originales, aun cuando en ocasiones se advirtieran algunas (lejanas) referencias: Tony Cragg, Brancusi, Henry Moore y Louise Bourgeois. Un imaginario sin tabúes, sin fronteras conceptuales ni materiales, inspirado en una dualidad entre lo real y la flicción, entre lo natural y lo artificial, en el límite de lejanas herencias de “la antropofagia” brasileña y de parentescos con sus movimientos constructivos. La selección de 55 esculturas y bajorrelieves conformaba un conjunto muy convincente del planteamiento de la artista mostrando, en dieciocho años de creación, un trabajo centrado en torno a lo vivo e inspirado en el placer y la pasión de crear.

Exposición: Erika Verzutti  — imagen 1
Erika Verzutti. Vista de la exposición en el Centro Pompidou, París, 2019. © Erika Verzutti. Foto: Eduardo Ortega. Cortesía: Fortes D’Aloia y Gabriel.

Desde la entrada, una vasta pieza de cerámica y papel maché colgada en el muro, Opening with rain (Apertura con lluvia, 2018), establece el enfoque de naturaleza y organicidad que va a prevalecer en las siguientes obras. Impreso en la pared, un plano de la exposición muestra las diversas islas numeradas y clasificadas en seis grupos, mencionando las leyendas de las piezas. De esta manera, la visita se desarrolla en el orden escogido por los organizadores y la artista. El Grupo I asocia materiales diversos (papel maché, piedra, plastilina, concreto, madera, cerámicas, objetos varios). Como explica la artista, con una sinceridad que puede resultar desconcertante para el visitante, las instalaciones en el suelo, tales como Cementerio con franja (2014) e Indigentes, están “hechas con desechos y sobrantes”. Con el Grupo II, la transición es inmediatamente visible. Este conjunto, caracterizado por la verticalidad, es bastante abstracto, aunque no totalmente, puesto que vemos también allí alusiones animales o florales. Las afinidades entre las esculturas se hacen más evidentes, y nos encontramos ya en una especie de “bosque de piedra”. El Grupo III confirma ese deseo de acercamiento a la naturaleza profunda, más exactamente a la geología, con un conjunto de pequeñas esculturas intitulado Mineral (2014), que son presentadas como estelas o tal vez como una especie de efigies que evocan el ordenamiento de las icónicas estatuas de la Isla de Pascua.

Entre los Grupos II y III, la enorme pieza intitulada Turtle (2017) llena el espacio con sus huevos blancos esparcidos por el suelo. El Grupo IV es presentado de manera original, y su isla, en forma de cisne blanco, fue diseñada especialmente para la exposición. La artista cuenta en ella su historia, vinculada y entrelazada con la del Brasil, salpicada de homenajes y recuerdos. Las esculturas están alineadas sobre el cisne-zócalo, con referencias a Tarsila do Amaral, a Brasilia o a Saramandaia (título de una telenovela de los años 70), a sus frutas emblemáticas, como la yaca: Brasilia Quitanda (Brasilia Verdulería, 2010), Brasilia (2010) y Brasilia Cinema (2010), y también, aunque en menor medida, a la papaya (Desenho, Diseño, 2011). La identidad del Grupo V retoma algunos elementos plásticos y sus referencias a otros frutos icónicos como el banano.

El último espacio de la exposición corresponde a un “gabinete de atmósfera más intimista”, sobre cuyos muros cuelgan quince bajorrelieves de bronce o de cemento realzados con pinturas, a menudo polícromas; algunos más abstractos, otros más referenciales, precedidos por el bajorrelieve Homeopatía (2018) sobre la pared exterior, que nos previene ya sobre las características plásticas de este nuevo espacio.

En esta obra –que muestra una inmensa libertad de creación, el placer de desorientar, asociar o burlar con provocación, ironía, y sobre todo con un gran sentido del humor– crea en el visitante un sentimiento estético matizado de afecto, una sonrisa cómplice, algo muy diferente de los discursos a menudo fríos y áridos del arte contemporáneo y su supuesta intelectualidad. Son también la obra, y la consagración de la mano que ve surgir estas formas bajo sus dedos, lo que hace de Erika Verzutti –en el sentido más noble del término– una artesana del imaginario vinculado a la materia.

CHRISTINE FRÉROT

PhD en historia del arte. Investigadora, curadora y crítica de arte. Miembro de AICA.

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