Antonio Dias

Antonio Dias. Água e sal, quotidiano (Agua y sal, diario), 1983. Grafito, pigmento metálico, acrílico y collage de papel sobre lienzo. 55 x 130.5 x 2 cm (21 21⁄32 x 51 3⁄8 x 25⁄32 pulgadas). Colección Gilberto Chateaubriand MAM Rio. Foto: Romulo Fialdini y Valentino Fialdi.

Monografíajul 2019 - sept 2019· Por Alessandra Simões

Antonio Dias

Museu de Arte Moderna, Río de Janeiro

La obra del artista Antonio Dias (1944-2018) carece de explicaciones. Entonces, ellas nunca aparecerán rápidamente, aunque el observador de su obra exija caminos o respuestas fáciles. El sentido de su poética se revela en lo no revelado, en los espacios vacíos, en los intersticios, en lo que él no muestra. Los dobleces son los espacios de su conversación con el otro, el intérprete de sus reminiscencias estéticas.

Esta paradoja traspasa la rica trayectoria del artista, homenajeado recientemente en la muestra que reunió cerca de sesenta obras de su autoría, en el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro. La muestra, llamada “El ilusionista”, con curaduría de Fernando Cocchiarale y Fernanda Lopes, presentó obras pertenecientes a la colección del museo y a la de Gilberto Chateaubriand, en comodato en la institución desde 1993. El recorrido del artista quedó en evidencia con obras de las décadas de 1960, 1970 y 1980, con trabajos hechos en diversos soportes y materiales, a partir de una propuesta curatorial “imparcial”, sin secuencia histórica-crítica, sino basada apenas en relaciones objetivas en el montaje.

Monografía: Antonio Dias — imagen 1
Antonio Dias. The Image (La imagen), 1971. Acrílico sobre tela. 95 x 95 cm (37 13⁄32 x 37 13⁄32 pulgadas). Colección Gilberto Chateaubriand MAM Rio. Foto: Romulo Fialdini y Valentino Fialdi.

Dias inició su carrera en los años 60 explorando nuevos medios y soportes y mezclando abstracción constructiva y figuración. Produjo obras marcadas por el contenido de crítica política, en forma de pinturas, dibujos y ensamblajes típicos de la neofiguración y del arte pop brasileros. Pese a ser considerado uno de los grandes nombres de la Nueva Figuración Brasilera, su obra dialoga con el legado del movimiento concretista y con el movimiento revolucionario de la Tropicália.

De esa compleja amalgama brotó una obra sesgada, difícil, permeada por referencias herméticas, aunque en diálogo con la cultura de masas, recurso frecuente en el arte pop. Siempre preocupado con nuevas soluciones formales y de lenguaje, no dejó de abordar asuntos sociales. Propuso obras enigmáticas, invitaciones para participar del disfrute que, al mismo tiempo, se cierran en cierta zona de malestar.

Como se puede ver en algunas obras con referencias a los cómics, el artista no buscaba alcanzar narrativas completas, como muestra el despedazamiento de objetos e imágenes, que expresa su constante ruptura con el canon tradicional, el debate estético y la turbulencia social de los años sesenta. Posteriormente, el artista incorporó la escritura como elemento gráfico y semántico, intensificando las relaciones entre artes visuales, poesía y cine, en juegos y camuflajes que supuestamente componen imágenes espaciales.

Monografía: Antonio Dias — imagen 2
Antonio Dias. Auto dos senhores (Carro de los señores), 1962. Relieve en pasta sobre madera. 57.5 x 74.5 x 3.5 cm (22 41⁄64 x 29 21⁄64 x 1 3⁄8 pulgadas). Colección Gilberto Chateaubriand MAM Rio. Foto: Romulo Fialdini y Valentino Fialdi.

En la década de 1980, Dias devolvió su atención a la pintura, realizando experimentos con pigmentos metálicos y minerales como oro, cobre, óxido de hierro y grafito, mezclados con aglutinantes diversos. La mayoría de sus obras de ese período posee un brillo metálico y contiene gran variedad de símbolos –huesos, cruces, falos– que remiten a sus primeras producciones. Muchas obras con este sesgo simbólico estuvieron en la muestra del MAM. Sin embargo, más que simplemente trasponer con facilidad símbolos sobre la tela, Dias los investiga, desmenuza, recompone en nuevos espacios. Política, historia del arte, lenguaje, estructuras formales, el espacio de inserción de la obra; todo esto le interesa.

Nacido en Campina Grande, en Paraíba, Dias alcanzó gran proyección internacional a lo largo de su trayectoria. Estudió con el maestro Oswaldo Goeldi (1895-1961), en el Atelier Libre de Grabado de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), y desde el inicio de su carrera participó en exposiciones importantes, como la muestra Opinión 65, pauta del surgimiento del nuevo realismo en las artes brasileras. Presentó sus obras en más de una centena de exposiciones individuales y colectivas en las instituciones más importantes del mundo.

Dias adoptó, sobre todo, una aproximación fuertemente conceptual, creando pinturas, instalaciones, videos, películas, registros y libros de artista, utilizando cada uno de esos medios para cuestionar el sentido del arte. Al abordar el erotismo, el sexo y la opresión política en forma lúdica y subversiva, construyó una obra dotada de sofisticación formal, permeada por asuntos políticos y críticas contundentes al sistema del arte y a la sociedad como un todo. Pese a aproximarse a muchos movimientos y lenguajes políticos, Dias se mantuvo fiel a un trabajo altamente individual, con una poética coherente y de expresiva personalidad.

Monografía: Antonio Dias — imagen 3
Antonio Dias. Sin título, 1983. Óxido de hierro, grafito y pigmento metálico sobre papel. 71.8 x 102 x 2.7 cm (28 17⁄64 x 40 5⁄32 x 1 1⁄16 pulgadas). Colección Gilberto Chateaubriand MAM Rio. Foto: Romulo Fialdini y Valentino Fialdi.

Las grandes obras suscitan siempre grandes problemas, nunca soluciones. El trabajo de Dias se sitúa en este territorio de la complejidad, en el universo autorreferenciado de las visualidades, en el que el artista se confronta permanentemente con problemas propios del lenguaje. Tanto, que siempre hay retornos fuertes a la pintura, a la investigación de materiales, al asunto primario de la muerte del arte. Por eso, su dedicación tan profunda a la pintura, en obras orgánicas, vivas y en consonancia con el tiempo presente. Dias nunca detuvo su ejercicio de autorreflexión, nunca se conformó con situarse en algún momento generacional. Si en los años 1960/1970 se mostró como un artista político, en el sentido “tropicalista” del término (esto es, sin entregarse a lo obvio del arte comprometido), en consonancia con muchos artistas de ese período, en los últimos años no abandonó la función de sumergirse profundamente en el vacío de una generación sin perspectivas ideológicas.

Y no se trata aquí de situar la obra de Dias partiendo de una postura posromántica, basada en premisas de un supuesto fin del arte melancólico. Su trabajo prueba que el arte, y en especial el arte contemporáneo, no existe sin una búsqueda de nuevas ideas de arte, nuevas ideas de lo que sea el arte y de sus relaciones específicas con las instituciones artísticas, con la sociedad y, sobre todo, con el propio pensamiento. Esa tesis emerge de cualquier observación más analítica de su trabajo en pintura, por ejemplo. Mezclas de telas yustapuestas, sobrepuestas, unidas caóticamente –deconstruyendo la noción bidimensional por medio de volúmenes y de la irregularidad del contorno–, son algunos de los indicios de su inmersión en el lenguaje visual. Coloridos irregulares, inserciones inusitadas de simbologías revelan el permanente esfuerzo de reinventarse y de reinventar su propio arte. Dias cumple, así, el papel de probar que el sentido del arte contemporáneo está en el pensar sobre sí mismo.

ALESSANDRA SIMÕES

ABCA – AICA. Crítica de arte y profesora en la Universidade Federal do Sul da Bahia (UFSB).

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