Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Florencia San Martín

Alejandro Almanza Pereda, Birgit Rathsmann y Rick Karr

The Clemente

El agua, nos dice la académica canadiense, Astrida Neimanis, es metáfora y objeto de epistemologías fluidas; de saberes abiertos que se oponen a la rigidez binaria del pensamiento colonial. Esta teoría, es decir, esta manera de pensar y de ser en el mundo mediante la alegoría y la materialidad del agua, está en el centro de la exposición “Malpaso”, colaboración entre el artista Alejandro Almanza Pereda (Ciudad de México, 1977), la artista Birgit Rathsmann (Erlangen, 1975) y el periodista investigativo Rick Karr (Chicago, 1965), que se llevó a cabo entre el 9 de marzo y el 13 de abril en Abrazo Interno, la galería de arte de The Clemente Soto Veléz Cultural and Educational Center, en el Lower East Side de Nueva York. De hecho, “Malpaso” corresponde a la primera vez que Almanza, Rathsmann y Karr, que desde hace un tiempo comparten su fascinación por el agua, realizan una investigación y un trabajo en conjunto.

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Alejandro Almanza Pereda. Horror Vacui (Quechula No. 1), 2019. Óleo, marco de madera dorada, concreto. 101 x 60 x 14 cm (39 4/5 x 23 3/5 x 5 ½ pulgadas).

Dicha investigación generó la creación de un pequeño museo imaginario en el que habita una colección de ficciones. Realizadas a través de diferentes medios, que varían desde la pintura hasta el video, la instalación y el uso del neón, estas ficciones, en cuanto ficciones borgianas, “documentan” una realidad: Malpaso. Se trata de un histórico valle al oeste de Chiapas (México) que desde los años sesenta se encuentra sumergido bajo el agua. Alude, en suma, a la relación entre historia, cultura, mecanismos de dominación, y el agua. Como se explica en el comunicado de prensa: “The exhibition is organized around the metaphor of a small museum that documents the artists’ subjective experience of the landscape surrounding the Malpaso Reservoir in western Chiapas. The show investigates the historical layers of violence foisted onto this landscape as a consequence of colonialism, religion, and ‘progress’”. En efecto, desde el “descubrimiento” de América en el siglo XV, las ideas de progreso, colonialismo y religión católica han dominado el conocimiento hegemónico global. Y en este “paisaje” que todo lo muestra, mientras el agua funciona como canal de mercancías, todo lo que esconde funciona como pasado descontinuado, sumergido, o simplemente borrado. Por ejemplo, los valles de Grijalva y La Venta, que se encuentran cerca de Malpaso, fueron hogar de la cultura Olmeca, aquella civilización que, por ser más temprana que el llamado “Nuevo Mundo”, se debía sumergir histórica, cultural y epistemológicamente. Los artistas de “Malpaso” visibilizan metafóricamente ese ser y estar bajo el agua, bajo las capas líquidas y simbólicas de la historia occidental. Así, el agua funciona como metáfora, no solo de lo que sumerge, sino además de un modelo de pensamiento que desafía el binarismo occidental. Parafraseando a Neimanis, “el pensamiento con agua se abre a un espacio imaginativo diferente, interrumpiendo conceptos y creencias dominantes del sistema occidental heredado por muchos”.

El viaje, y entonces la investigación colectiva de los artistas hacia y sobre Malpaso en Chiapas, se inspiró en fotografías del Templo Quechula durante la sequía del 2015. Ese año, esta iglesia católica, fundada por discípulos de Bartolomé de las Casas, el famoso fraile benevolente defensor de “los indios”, dejaba a la vista su estructura de 500 años. Junto con otros paisajes pre- y poscoloniales, en 1966 la empresa eléctrica nacional de México rasgó las laderas alrededor de Malpaso para construir la represa. Aquella represa es la que sumerge el paisaje que recuperan los artistas, haciendo visible no solo la jerarquía entre el modelo colonial católico dominante y su otro, sino además la lucha en curso y global de los seres humanos con la naturaleza. Los artistas nos dicen, por ejemplo, que naturaleza y cultura no son opuestos y, por extensión, que es el agua la que disuelve la idea misma de un mundo binario jerárquico.

La obra Horror Vacui (Malpaso Scene) de Almanza Pereda, por ejemplo, que se compone de una pintura, un marco dorado de madera y de concreto, toma como punto de partida el Templo Quechula: su representación, su hundimiento. Visibilizando el problema de los humanos tratando de dominar, de encapsular la naturaleza, y la naturaleza resistiéndose a dicha destrucción, el artista, que desde el 2010 viene realizando obras para Horror Vacui, contrapone el marco con la pintura a un pedazo de muro. El muro deja a la vista su interior: el concreto no convertido en pared. Tras de ese muro, una pintura enmarcada con dorado muestra al Templo hundido hasta la mitad y en el centro de la composición. Aun así, nos dice Almanza irónica y críticamente, aún hundido y resistiendo, dicha imagen es para muchos un paisaje hermoso que, como tal, debe ser enmarcado, vestido de dorado y situado en el hogar. Almanza contrapone entonces el espacio público al privado, exponiendo al mismo tiempo la domesticación de la naturaleza. Como explicó el artista en una entrevista sobre la instalación de algunos trabajos de Horror Vacui en la 15 Bienal de Estambul: “Horror Vacui revela cómo vemos la naturaleza, y, además, cómo la vemos de manera fragmentada”. “Malpaso”, en The Clemente, nos muestra dichos fragmentos, invitando a los espectadores a tomar conciencia sobre una lucha compartida y transregional que cuestiona los usos y abusos de los recursos naturales, en este caso, desde y sobre el agua.

FLORENCIA SAN MARTIN

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