Eudoxia Estrella fundó y dirigió la 1ª Bienal Internacional de Pintura en abril de 1987 y siguió participando y dirigiendo algunas bienales posteriores. Actualmente dirige la galería Larrazábal, la más antigua de Cuenca, que lleva el nombre de su esposo, el dibujante, pintor y vitralista español Guillermo Larrazábal Arzubide, cuyos monumentales bocetos se exhiben en el auditorio del Museo Municipal de Arte Moderno de Cuenca. En noviembre de 2018 se le rindió un homenaje a Eudoxia Estrella, quien respondió de manera coherente y prospectiva. Hay que señalar que la sobrevivencia y la secuencia de una bienal en países latinoamericanos no es situación sencilla. Sumado a ello, desde que se fundó hasta el presente, aquella Bienal de Cuenca ha dado un doble giro de actualización: se amplió a todas las expresiones artísticas y cambió su nombre. Historiando, aunque se mantenía aún el título de Pintura, en la 6a Bienal se incorporan las creaciones en pintura digital y fotografía. En 2004 se asume el cambio citado: la pintura deja de ser un genérico apadrinador y se da a conocer como la 8a Bienal de Cuenca. Desde la 5a Bienal comienzan a darse exposiciones paralelas. Es en la 6a Bienal (1998-1999) cuando comienzan a darse temáticas. En la actual de 2018-2019, el título se planteó como Estructuras vivientes. El arte como experiencia plural, bajo la Curaduría de Jesús Fuenmayor (Caracas, 1963); la Curaduría Pedagógica –dedicada a preparar mediadores–, a cargo de Félix Suazo (La Habana, 1966), y la Dirección General de Cristóbal Zapata (Cuenca, 1968). El financiamiento de la Bienal de Cuenca depende del gobierno local.

“Tal cual como la hemos concebido, tal cual como la hemos soñado hace más de un año con Jesús Fuenmayor y el maravilloso equipo de la Bienal de Cuenca, la XIV edición será la más grande de todas las que se han realizado hasta la fecha”, firma Cristóbal Zapata en el desplegable con el programa de actividades y sedes1. Continúa: “Cien artistas participantes y similar número de propuestas conformaron la Bienal, más seis exhibiciones paralelas y otras especiales, en un total de veinticinco sedes”. En varias fuentes se cuentan entre 45 y 53 artistas participantes, no cien. A esto se le sumaron de manera independiente exposiciones debidas a curadurías externas de rango internacional; algunas se refieren en el presente texto. A diferencia de las otras dos bienales fundamentales, São Paulo y Venecia, la de Cuenca se lleva a cabo en una ciudad pequeña, por lo que activa y enfoca a la comunidad en participación, no sólo como espectadores sino como productores extra-artísticos. La diversa mano de obra necesaria para transporte, instalación y realización de obras conforma un área importante que se ha venido balanceando con la Curaduría Pedagógica, responsabilidad que asumen muchos artistas y curadores a nivel mundial. Aunque no se percibió demasiado turismo, no se puede ignorar que dicho aspecto provee otra importante derrama de trabajo y ganancias locales.

La visión oficial de la Bienal de Cuenca que circula dice: “Una Bienal capaz de generar una infraestructura cultural sólida y sostenida, con programas permanentes en los campos de la investigación, documentación, difusión y educación”. En el presente análisis el lector encontrará estos vectores, ¡y otros…!, como un fuera de lugar que quien subscribe no se dedicó a averiguar si fue una apuesta entre el curador y el director ejecutivo, pero ambos superaron a Madonna en la puesta en micrófono de la intimidad. El día anterior a la inauguración, en una especie de conferencia de prensa, Jesús Fuenmayor declaró que le dedicaba este trabajo a su esposa; y en la inauguración oficial, Fuenmayor habló acerca de la bienal y declaró: “A mi esposa, te amo. Un beso”. Y Cristóbal Zapata, menos performático, discursó lo oficial e incluyó: “A mi esposa, te amo”.

La inauguración se llevó a cabo la noche del 23 de noviembre de 2018, en el Teatro Pumapungo. El público reunido en el foyer compartió espacio con modelos en vivo ubicadas sobre pedestales, en un intento de imitar la situación de simultaneidad que viene aconteciendo en varios museos del mundo: arte y moda. Situación que se reiteró cuando, luego de la ceremonia inaugural, se deambuló en el Museo Pumapungo. La madre de los Cañarís del artista argentino Sergio Vega, con la colaboración de la diseñadora textil Silvia Zeas, reveló una interpretación actual de las culturas originarias de Latinoamérica en el sentido cosmológico, que se expresan a través del loro y de la guacamaya, sobre todo en las áreas ecuatorianas y de la concepción Cañarís, siendo ambas diferentes a la interpretación occidental. Visualmente, la escena de telas de intenso colorido vestía maniquíes con cabezas guayacamescas. La instalación-reflexión de Pamela Cevallos (Quito, 1984) Historia tetis temporum est/ La historia es testigo de los tiempos es un original trabajo autocrítico acerca del coleccionismo en el rubro antropológico, con piezas de la colección etnográfica del propio Museo Pumapungo, y revela las limitaciones que encuentran los especialistas al tener que catalogar objetos de uso cotidiano reciente o actual.

El título de la XIV Bienal de Cuenca, Estructuras vivientes. El arte como experiencia plural, es abarcador, interesante y coherente, dado que abarcó mayoritariamente acciones en vivo. Una decena de performances, presentaciones de libros y algunas conferencias conviviendo con las exposiciones en espacios cerrados y abiertos, así como la interacción de artes visuales con sonidos y/o con música, y de las artes visuales con aspectos científicos. No faltaron las presentaciones de libros, un par de conferencias, y se reconoció públicamente en más de una ocasión a Lothar Baumgarten por la presentación de su film El origen de la noche: Cosmos Amazónico. Además de la resumida mención de aspectos que componían la bienal, se agregan los términos análisis, comparaciones y analogías, que resumen las estructuras utilizadas por la mayoría de los artistas participantes. Son una minoría los artistas que crearon supraestructuras. Un par de ellos dirigieron sus reflexiones a la falta de actualización en los museos y profesionales, debido a la carencia de dinero y perspectiva educativa. Otros como Rey Akdogan (Alemania, 1974), tomando elementos que no son visibles a simple vista, adelgazaron las conexiones entre la industria y la pintura. Entre las relaciones sonido-imagen, la instalación sonora de Ana Guedes –titulada Mapas del éxodo de los diarios de Karl Marx. Capítulo I: playa del naufragio– es una muy original dialéctica de la sintonía. En ella, la artista portuguesa, residente en La Haya, realiza investigaciones no desprovistas de un marco novelado acerca de las posibles –y necesarias– relaciones entre la memoria y la historia, trabajadas con duelas de madera y grabaciones de sirenas de barco.

El Museo Municipal de Arte Moderno era una colmena bien nutrida con obras en zonas abiertas y cerradas de la institución. Además de los supra citados se recordó el trabajo del conceptualista telúrico Jorge Eielson (Lima 1924-Milán 2006). Continuando con lo conceptual, re-pliegue, la instalación audiovisual de Estefanía Peñafiel (Quito, 1978) en apropiaciones, subversiones y deconstrucciones. El control de Producción, el Análisis del Camino Crítico y otras situaciones son temas impresos en un libro técnico sobre cuyas páginas Ilich Castillo (Guayaquil, 1978) realizó treinta y dos bocetos para esculturas montados en el perímetro de la sala. El espectador encontraba en el piso varias de estas esculturas constructivas realizadas en madera y cemento, que presentaban el reto de moverlas cada quien a su propio riesgo. Visualmente, esta exposición fungía coherente, incitante, como propuesta de un diseñador o un arquitecto postconceptual. Gabriela Chérrez (Guayaquil, 1981) realizó en colaboración con Gabriela Cabrera una secuencia en nichos museográficos con piezas de cerámica, pintura dorada y textos con humor que tituló Mis 15 fracasos sentimentales.

Juegos, retos, pruebas de resistencia, son parte de la trama de Diez pedestales y de Elemento único #57 de 1.Werksatz, obras de 1969 realizadas en lienzos pesados, teñidos y cosidos, que se presentaron en la bienal por medio de copias de exhibición pertenecientes a la Fundación Franz Erhard Walther. El artista nació y trabaja en Fulda, manteniendo interés en el cuerpo, el objeto y el lenguaje, que engarzó para relacionar al espectador con el arte. El artista peruano Ishmael Randall Weeks instaló Voces monumentales, una instalación en sala y en jardín en que asocia el comercio popular de servicios como el betunero y el fotógrafo con la cámara fotográfica de manga, entre otros, convertidos en presentaciones de museo. La presencia de Luc Tuymans (Bélgica, 1958) a través del mural El retorno es una confirmación de la importante interacción entre Europa y la Bienal de Cuenca. Muchos de los participantes son latinoamericanos radicados total o parcialmente en aquel continente. Quien subscribe sostiene desde hace varias décadas la tesis del “equilibrio de las migraciones”. La fecha de 1492 inició una migración intensa hacia el continente americano. América Latina lo está balanceando desde el siglo XX, como lo demuestran la cantidad de artistas que viven y trabajan en ambos lados del océano.

Pasando de las exposiciones a las performances, Totem taboo es el título de la procesión e instalación acompañada de documentos y video que estableció Erick Beltrán (México, 1974) desde la Plazoleta de la Merced, con el apoyo del grupo teatral de la Universidad Politécnica Salesiana. Encuestas que procesó Beltrán en la ciudad se convierten en una trilogía de máscaras representando aspectos del poder. Y más máscaras habitaron la procesión citadina. Realizó varias performances Santiago Reyes (Ecuador, 1971), quien vive y trabaja en Francia. En el Mercado 3 de Noviembre, Reyes ejerció Camiseta del amor propio; y en el Museo Municipal de Arte Moderno canalizó La vida es un carnaval, de la serie Life contra un muro; en el Teatro Casa de la Cultura significó Revelaciones del corazón, Diálogo con las sombras y Romantic Eyes Mouvement. Diego Barboza realizó la performance La caja de cachicamo en el Parque Calderón; Carlos Martiel performanceó Gente de color con Jenny Jaramillo haciendo el registro de la acción, y en el Museo Municipal de Arte Moderno. Como se advierte, algunos performancistas se presentaron con la misma acción más de una vez, en un mismo lugar o en otras zonas.
El jurado de la XIV Bienal de Cuenca se formó con Inma Prieto, Eva González y Ramón Castillo, quienes decidieron premios a instalaciones y a performances. En este último rubro, los premios recayeron en Erick Beltrán y Santiago Reyes. Los otros galardones mencionados fueron para Ana Guedes, Juliana Vidal, y una Mención para Ishmael Randall-Weeks. La bienal presentó la exposición especial “Imperios de lo plural”, integrada por una muestra de la colección Fundación para las Artes Cisneros - Fontanals, curada por Jesús Fuenmayor, quien fue su director y curador entre 2010 y 2015. Quienes no han tenido oportunidad de conocer esta colección tienen una tarea por cumplir en un futuro cercano.

Además de los contenidos oficiales de la XIV Bienal, amerita citar dentro de las exposiciones paralelas incluidas en su programación la de Manuela Ribadeneira, curada por Rodolfo Kronfle, titulada “Sobre la dirección en la que sopla el viento”.
Oriunda de Quito (1966), Manuela Ribadeneira radica en Londres, donde practica un lenguaje obsesivo y variado centrado en la historia propia de los cinco países europeos que anclaron sus posesiones en la actual América Latina. El ejercicio profesional de la artista tiene contenido político, a la par que social sublimado. En el primer piso se encontraba Sobre la dirección en la que sopla el viento, mientras que en la planta baja del Museomático, caparazones de tortuga vacíos vueltos hacia arriba, realizados en cartón y con videoinstalación, creaban un clima de tensión personal. Logrado contraste entre ambas series. El cartón agrisado de la reflexión intelectualizada y la pluma blanca a la deriva detenida en un soporte vertical consolidaron una de las mejores exposiciones de la bienal.
Entre las exposiciones paralelas independientes, es imprescindible destacar dos eventos: la “II Bienal Nómade” y la exposición titulada “sdcphmrms”, en galería Larrazábal, muestra que se extendió a una exposición-acción en el auditorio del Museo Municipal de Arte Moderno de Cuenca. Esta última convocó en lenguajes personales a artistas latinoamericanos globalizados: Sergio Fasola, Diego Anaya, Carlos Torres-Machado, Pablo Caviedes, Hermann Mejía, Manuel Velázquez, Roberto Rodríguez, Moses Ros y Stella Sidi. En cuanto a la “II Bienal Nómade”, es una gestión independiente curada por Víctor Hugo Bravo y Hernán Pacurucu, En 2018, bajo el título Diagnóstico Terminal, la “II Bienal Nómade” inició en 2016 rescatando el espacio de una cárcel abandonada. La experiencia fue intensa. En el 2018, también sin apoyo económico e igualmente independiente, se rescató un hospital abandonado. La participación de artistas fue numerosa e internacional, superando la cifra de sesenta autores, incluidos dos colectivos, y en realizaciones in situ. Se percibió la numerosa presencia de artistas chilenos. Entre los jóvenes se destacaron unos estudiantes a punto de graduarse de la Universidad Central de Quito, quienes conceptualizaron su proyecto en reuniones con su decano. Para la “II Bienal Nómade” se convocó de voz en voz y se trabajó de sol a sol, con resultados sociales y visuales memorables. Corolario: La Bienal de Cuenca ha concentrado en esa ciudad el germen de la acción en artes plásticas, ocupando la ciudad, acostumbrando a sus habitantes y motivando gestiones independientes.
NOTA
1. Importante informar que en Cuenca, el costo de imprimir es de los más bajos del mundo, con buena calidad. Por ende, se espera que el folleto de la bienal sea más explicativo para la próxima emisión.
GRACIELA KARTOFEL

