Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por Andrés Gaitán T.

Rosario López

Museo de Arte de Pereira

Una serie de cobijas con impresiones de animales, paisajes, o referencias de obras de arte, aparecen dispuestas en el piso. Están cosidas, remendadas. Es el tipo de costura que a veces parece ser un tratamiento de costura clínica, de puntos que suturan una herida. ¿Son marcas que quedan de un accidente? ¿Son recuperaciones de huellas que aparecen por el uso? Otras cobijas cuelgan de la pared, que, dados sus motivos y su disposición en el espacio, parecerían ser unos gobelinos antiguos. Nos quedan unas fotografías con las cuales se detallan tanto fragmentos de un tapiz milenario como ruinas de un lugar muy nuestro, muy reconocible por su maleza, por el estado de deterioro o por el paisaje que se descifra alrededor.

Exposición Individual: Rosario López — imagen 1
Rosario López. Tapizar el paisaje, Ensayos visuales, 2018. Impresión fotográfica sobre papel. 58 x 85 cm (22 53⁄64 x 22 53⁄64 pulgadas) cada uno.

Rosario López ha trabajado en un proyecto que es como un diálogo entre varias personas que aparentemente no se conocen entre sí, a pesar de tener muchas coincidencias entre ellas. Su última muestra individual evoca los tapices de Angers del siglo XIV (Francia) que relatan el Apocalipsis de san Juan, cuyas medidas originales fueron de alrededor de 140 metros de largo por 6 metros de ancho. Sin duda, una gran obra que detalla los pasajes más relevantes del Apocalipsis, tejida con diversos tipos de lana, y que responde a la forma como entonces se daban a conocer los pasajes bíblicos. También, en esta exposición, se ven comentarios a la antigua fábrica de tejidos de algodón ubicada en el corregimiento santandereano de San José de Suaita. Traza asociaciones de forma, de tiempo y de espacio entre los registros fotográficos del territorio donde estuvo alguna vez funcionando la fábrica que ahora está convertida en un cuerpo abandonado y ruinoso, con los tapices mencionados, generando cruces que subrayan congruencias extrañas. Sí, de pronto, son esas extrañezas las que nos abren la puerta para entrever una luz desde la cual empezamos a reconocernos como parte de esos cuerpos atemporales, llenos de historia en un presente infinito. Extrañezas que hacen del Apocalipsis una disculpa para hablar de un presente eterno que nos acompaña políticamente en esta región, y acaso en todo el territorio nacional. Ruinas de viejos sueños que nunca se cumplieron, a los que les faltó poco para que se convirtieran en una realidad nacional, pero que terminó por ceder a presiones partidistas y a intereses internacionales.

La obra de López se concentra en lo escultórico, en ese dilema que emerge de la tridimensionalidad, en donde sus formas se ven tanto en lo fotográfico como en lo objetual, casi sin distinción. El ejercicio aquí está en forzar la mirada, en aguzar las perspectivas en tapices que carecen de ellas. ¿Cómo ver lo escultórico en imágenes que no perciben el espacio de manera convencional? Sus pasos van desde esa bidimensionalidad pura, comentándola con el ejercicio fotográfico de San José de Suaita, y confrontándolo con las cobijas de trasteo. Un vuelco que nos deja con la capacidad de entender que hay algo que nos atraviesa, de formas y vacíos que vienen gestándose desde el medioevo y que van a parar en el camión de una empresa de acarreos. Porque, ¿qué es una cobija de trasteos? ¿No es acaso un plano que envuelve y toma diferentes formas dependiendo de su contenido ocasional? ¿No es esa cobija la que va anunciando la tridimensionalidad aun antes de ser usada? Claro, aquí nos vamos encontrando con los atados de Christo o con las esculturas blandas de Oldenburg o con las apreturas plegadizas de Robert Morris. Nos vamos cruzando con referentes de todo orden, donde la forma tridimensional se va extendiendo a otras disciplinas, a otros recursos tanto técnicos como conceptuales. Una cobija de trasteo con la figura de la “Dama del Unicornio” (por ejemplo) se convierte en una suerte de contenedor maleable para envolver, supongamos, una mesa auxiliar hoy, un televisor pantalla plana mañana, un sofá cualquier otro día. La “Dama del Unicornio” se va desgastando como se desgastan las formas en el tiempo, y poco a poco se va convirtiendo en una ruina similar a aquella fábrica tan emblemática y significativa del departamento de Santander, en Colombia. El tiempo le ha destinado a la cobija ser testigo de varias formas y de múltiples cambios. Sería bueno pensar en si lo que se está remendando es el tiempo pasado, si es el cambio, si son las pugnas políticas o sociales, etc. ¿Qué tipo de paisaje es el que aparece cuando se remiendan estas cobijas, cuya historia ya no sabemos de dónde proviene o dónde terminará? De la misma manera como una montaña se va arrugando con el tiempo, estas cobijas se fueron arrugando con la sutura que pretende repararlas. ¿Así no lo consideremos posible, acaso nacen las formas de las heridas? ¿Se genera el espacio a partir de la ruina? ¿De eso se trata el Apocalipsis de san Juan representado en los tapices de Angers?

ANDRÉS GAITÁN T.

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