Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por Claudia Fazzolari

Rosana Paulino

Pinacoteca do Estado de São Paulo

¿Cuántas mujeres artistas brasileras han circulado en la escena contemporánea? Ciertamente, muchas, creadoras conocidas por la intensa circulación entre muestras individuales, ferias y bienales que se incrementan, en número, en todos los continentes.

Entre ellas, ¿cuántas son mujeres negras? ¿Y cuáles, siendo negras y brasileras, consiguieron afirmar una trayectoria de trabajo manteniéndose conectadas con todas las convicciones que un día guiaron sus primeras inquietudes, sus proyectos al inicio de su carrera, sin los atajos de la conveniencia?

Ciertamente, no muchas. Como sabemos, la lógica de la escena contemporánea comporta, en sus movimientos de valoración, la alternancia de los humores de un mercado que no siempre promueve pautas críticas que incluyan debates sobre género, sobre formas de racismo estructural o sobre cicatrices históricas presentes en sociedades marcadamente desiguales.

Exposición Individual: Rosana Paulino — imagen 1
Rosana Paulino. Assentamento (Asentamiento), 2013. Instalación: impresión digital sobre tejido, diseño, linóleo, costura, bordado, madera y vídeo. Dimensiones variables. Foto cortesía de la artista.

Inserta en este panorama, como registro del enfrentamiento de cicatrices estructurales de la desigualdad en la sociedad brasilera, en sus más diversos frentes, conocemos una iniciativa reciente de la Pinacoteca del Estado de São Paulo, una importante muestra que cerró, en la institución, un año de significativas decisiones curatoriales.

Se trataba de la exposición Rosana Paulino: la costura de la memoria, primera gran individual en más de veinticinco años de trabajo de una artista brasilera que ha sido voz combativa y línea de frente en su generación y ha abierto el camino para otra comprensión de las realidades fracturadas de un país en conflicto con su propia historia.

Doctora en Poéticas Visuales de la Universidad de São Paulo, becada por la Fundación Ford y por el Bellagio Art Center de la Fundación Rockefeller, Paulino es especialista en grabado y tiene obras en diversas colecciones latinoamericanas.

Muy recientemente, varias instituciones públicas y privadas han mostrado interés en la adquisición de trabajos de la artista, incluso el MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, por medio de la iniciativa institucional que destaca la incorporación de creaciones femeninas en la formación de un panorama más equitativo de género en su colección.

Rosana Paulino, mujer artista negra, nacida en São Paulo, se ha destacado en la escena nacional e internacional por la integridad de sus proyectos. Todas las convicciones que guiaban a la joven dibujante y grabadora, incluso en la última década de los noventa, permanecen vivas y activas, en más de dos décadas de creaciones que nunca se han desviado de sus primeras propuestas.

Aquí reside la gran diferencia en la trayectoria de esta latinoamericana: la decisión de mantenerse conectada con sus orígenes y fiel a las inquietudes éticas que siempre estuvieron presentes en los horizontes de su investigación plástica. ¿Y de qué convicciones tratamos cuando se mencionan las creaciones de Rosana Paulino?

Desde sus incursiones por el grabado, a inicios de los años noventa, siempre inconforme con los lugares subalternos destinados a las mujeres negras en la sociedad brasilera, pasando por la escultura, por la instalación, por el collage, la artista incorpora en sus proyectos la marca de una resistencia crítica insistiendo en mantenerse atenta a las zonas de exclusión, que busca revertir críticamente en cada propuesta de intervención elaborada en sus series de trabajos.

La muestra antológica de que tratamos ocupó tres salas en el primer piso de la Pinacoteca –dando continuidad al programa anual de exposiciones que destacó obras de mujeres artistas– y estaba localizada en el mismo espacio destinado a la colectiva Mujeres radicales: arte latinoamericano 1960-1985, cerrada en noviembre pasado. La muestra eservaba al visitante una experiencia de inmersión en el amplio contexto de las cicatrices del racismo todavía tan presentes en la sociedad brasilera.

Contando con creaciones realizadas entre 1993 y 2018, el conjunto reunía una vasta selección de 140 obras construidas por la lucidez de una interlocutora atenta a su entorno social y político, autora de un cuestionamiento que incorpora el lugar ocupado por la población negra en la constitución de un tejido social todavía desgarrado por la exclusión y por la desidia del Estado.

Obras como Pared de la memoria, de 1994-2015, y Bastidores, de 1997 –proyectos de circulación ampliada que participaron en significativas muestras colectivas en el país, como Territorios: Artistas Afrodescendientes en la Colección de la Pinacoteca, en 2016, y MAM 70: MAM y MAC USP, en 2018–, escribieron un nuevo capítulo en la historia del arte brasilero materializando una urgente visibilidad que cuestiona representaciones culturales sobre la negritud en el país.

Entre los sectores de la muestra se puede destacar especialmente al núcleo que presentaba la instalación Asentamiento, del 2013, proyecto de investigación desarrollado por la artista como revisión crítica de la conocida Expedición Thayer, emprendimiento extranjero que recorrió el país en el siglo XIX.

Instalación marcada por una consistente narrativa transgresora compuesta con impresiones digitalizadas sobre tela de algodón, costura, bordado, video y fardos en madera, la creación rechazaba la degradante tesis de la degeneración de las razas, tan presente en la histórica expedición.

A partir de apuntes de un viaje de investigación al país, la artista subvertía la catalogación original de registros fotográficos del cuerpo desnudo de una mujer negra –de frente, espaldas y perfil–, que, junto con ejemplares de la fauna y la flora nativas, fueron la razón de un itinerario que, en teoría, construía de hecho la condena de una sociedad mestiza.

El ambiente de la instalación denunciaba la insensatez de la supuesta tesis que destacaba imágenes en tamaño real de una mujer esclavizada, no identificada, ahora presencia digna en toda su plenitud, como testigo de una supresión controvertida que aún reclama revisión.

En otro núcleo de la exposición sobresalía la obra Atlántico rojo, del 2017, también impresión digital sobre tejido de algodón compuesta con recorte y costura –elementos recurrentes en las estrategias de trabajo de la artista–, incorporando el punto en hilo negro, escena por escena, como cicatriz evidente de horrores y perversiones del proyecto del tráfico negrero.

De hecho, la muestra, de cuidadoso montaje, con la curaduría de Pedro Nery y Valéria Piccoli, y gran aflujo de público, ampliaba la visibilidad de un panorama de creaciones de Rosana Paulino, al exponer la fuerza de un enunciado crítico afirmado como marca consciente del más autoral trazo brasilero en el arte contemporáneo.

Rosana Paulino, por Claudia Fazzolari | artnexus