Root/Route: A Personal Cartography es la exposición personal de la obra más reciente de Pepe López (Caracas, 1966). Acogida por la galería Dotfiftyone, ubicada en Little River, Root/Route…, como su nombre lo indica, constituye una suerte de mapa personal del artista que procura retrasar la identidad fracturada a través del sostenido proceso migratorio.
Curada por Tamara Chalabi y compuesta por collages bidimensionales, mapas intervenidos, cuadernos de notas e instalaciones, la exposición propone una revisión de la propia biografía personal del artista, que sirve como punto de partida para adentrarnos en la condición de desarraigo y transitoriedad que encarna el emigrado.

Mapa Boom 07 (2005-2018) y Mapa Boom 06 (2004-2018) se componen de atlas y mapas intervenidos pertenecientes al abuelo del artista (quien migró a Venezuela vía Francia durante la Guerra Civil española). Ambas piezas, de gran carga emotiva, generan una nueva cartografía íntima, marcada por exploraciones personales de carácter emotivo.
Como contrapunto a estas piezas, y flanqueando las paredes principales de la galería central, se imponen las series Fantastic Plastic (2005-2015) y Root/Route (2018). Desde el punto de vista formal, ambas series establecen un contrapunto con la tradición del concretismo, estrechamente ligada al modernismo venezolano y el boom petrolero. En ambas, también, la elección de la materia prima constitutiva de las obras es fundamental.
De resonancia cinética, la elegante serie Fantastic Plastic nos presenta collages realizados enteramente con cinta adhesiva de vinilo sobre papel de algodón. El amenazante entramado negro pareciera amordazar el soporte, en una suerte de negación de la prometida conquista del espacio físico que animaba a los cinéticos. La superposición de tramas, resumida aquí en la vibración monocroma, se erige crítica del cinetismo en cuanto movimiento de avanzada de una Venezuela moderna y pródiga, marcada por la quimera del boom petrolero.
Root/Route (2018) es una instalación compuesta por cincuenta collages elaborados a partir de bolsas de plástico de diversa procedencia que el artista va compilando a lo largo de sus viajes. La instalación parte de las nociones de cuadrícula renacentista y el purismo, tan caros al concretismo, para alejarse de la autorreferencialidad plástica y reconstruir espacios personales –planos de casas donde ha habitado el artista– que son cosidos sobre el papel, imprimiendo en cada una de las plantillas una carga personal ajena al purismo de la abstracción geométrica. Como zancadilla a la noción de progreso y modernidad, las bolsas, cuyo elemento constitutivo fundamental es, otra vez, el petróleo, devienen una denuncia acerca de la sociedad de consumo y la polución, y al mismo tiempo un símbolo de la insegura existencia del emigrante, siempre cargando a cuestas su memoria.
Ambas series constituyen una relectura y negación de la tradición abstracto-concreta venezolana, marcada por la asepsia constructiva, erigiéndose nuevo mapa y territorio: un territorio simbólico, puesto que el físico nos es negado. En este sentido, la propuesta de Pepe López emparenta con otros artistas venezolanos como Eugenio Espinoza y Jaime Gili.
En el centro de la galería, dos vitrinas recogen artefactos diversos. Neverending Route y Spiral, ambas del 2013, son esculturas de pequeño formato. Madejas de nailon, hilos de acero y desechos de plástico que en su lúdica apariencia contienen el drama del emigrado, desprovisto de proyecto seguro y metas viables.
Sin lugar a dudas, una de las piezas más poéticas y desgarradoras al mismo tiempo es The Original Story (2018). El pequeño cuaderno, realizado en bolsas de plástico rojo cocidas a mano, y de las que sangran hilos de lana y algodón rematados en agujas como péndulos, es una suerte de sagrado corazón.
Dos imponentes instalaciones culminan la muestra: Plastic Roots y Angel Cart, las dos del 2018.
Plastic Roots es una instalación in situ elaborada con bolsas de plástico y cintas adhesivas. La estructura vertical, emplazada en el centro de la segunda galería, obliga al receptor a recorrerla en derredor, desarrollando una relación íntima –si no cómplice– con la estructura totémica, que por ratos parece tienda de refugiado, vestido de novia, o basurero.
Angel Cart, convenientemente ubicada en el almacén de la galería, nos presenta una réplica de la Victoria de Samotracia. La proa del navío ha sido sustituida por un carro de compras de supermercado, y el conjunto, envuelto en brillante papel de embalaje. La Atenea victoriosa, icono de la Grecia clásica, símbolo ella misma de la migración y el saqueo, pertenece a la serie Crisálida, en la que el artista recupera objetos relacionados con su existencia personal y el desplazamiento colectivo en la era contemporánea. En medio de la situación que vive hoy Venezuela, Angel cart, cobra un sentido adicional esperanzador: como la misma Victoria de Samotracia, que fuera retirada de El Louvre con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, para solo regresar en 1945 como estandarte de la liberación de Francia, Angel Cart, paciente, desde la bóveda de la galería, parece esperar, ansiosa, la llegada de la liberación del pueblo venezolano.
JANET BATET
