El Centro Cultural Universitario de Tlatelolco (CCUT), dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presenta la muestra colectiva |<< || > · >>| Ficción y tiempo, conformada por veintisiete obras de veintitrés artistas contemporáneos y cuatro colectivos, todos ellos mexicanos o residentes en México: incluidas cinco piezas comisionadas para este proyecto (aunque no queda del todo claro cuáles).

Sobre una amplia superficie de 566 m2 que se queda algo justa se despliegan desde técnicas tradicionales como dibujo (Rocío Montoya Uribe), fotografía (Oswaldo Ruiz), pintura (Tláhuac Mata), escultura (Cynthia Gutiérrez), collage (Óscar Cueto) y video (Chantal Peñalosa y Mauricio Sáenz) hasta lenguajes más contemporáneos y de hibridación multidisciplinaria, tales como ilustración científica (Virginia Colwell), retropaleontología (Sofía Abraham), apropiación de imágenes de internet (Rodrigo Alcocer), paisajismo geosatelital (Miguel Fernández de Castro), infografía inmobiliaria en impresión 3D (Amauta García), arte parodia (Erick Beltrán), cartografía web (José Jiménez Ortiz), bajorrelieves post net-art (Leo Marz), anima-instalación (Andrew Roberts), videoapocalipsis (Julieta Gil), instalación op-art-post-minimalista (Carolina Fusilier), arqueología fantástica (María Sosa, Noé Martínez y Gabriel Cazares), documentalismo futurista (Camel Collective), cartelismo ficticio (Alejandra Rodríguez Bolaños), libro-bitácora de artista (César Feria), neocódices (Gabriel Garcilazo), intervención a muro (Sofía Echeverri), literatura concreta (Ricardo Cárdenas), trayectos performáticos participativos (Colectivo AM), editorialismo experimental (proyecto paralelo de memorias de la muestra, con la participación, entre otros, de Operación Hormiga, Verónica Gerber Bicecci y Alex Dorfsman), etcétera.

Teniendo como hilo conductor la especulación histórica con obras para todos los gustos, este abanico cuasi sci-fi responde a que el equipo curatorial está formado por profesionales (Andrea Villers, Catalina Pérez, Getsemaní Guevara, Jaime González, Luis Daniel Pérez, con asesoría de Josefa Ortega) de muy distinta formación: historia del arte, bibliotecología, historia, diseño y teatro.
La osada propuesta estuvo curada por cinco aún alumnos de la cuarta generación de la especialización en estudios curatoriales de la Maestría en Historia del Arte de la UNAM como parte de su formación final, por lo que habría que comenzar por preguntarse si se trata de una exposición o de un ejercicio académico, o tal vez la verdadera pregunta deba ser: ¿A pesar de presentarse como exposición en cuanto producto final, debemos juzgarla tomando en cuenta que originalmente se trata de una tarea estudiantil? ¿Ello implicaría ser más estrictos en nuestro juicio o, por el contrario, más laxos? ¿El hecho de ameritar comentarios constructivos la vuelve más fácilmente criticable?

La respuesta sería una suerte de felicitación: con todo y sus errores o puntos debatibles –más no cuestionables–, este trabajo escolar es mucho más exposición como tal, con todos los laureles de consagración museal, que muchas otras muestras supuestamente profesionales montadas en espacios de oficialidad consagrada. Mejor aún: la exposición casi supera, ¡casi!, una de las principales debilidades en las muestras curadas por académicos de carrera (pues no es lo mismo un académico curando que un curador siendo académico): la falta de composición visual y orquestación espacial de conjunto, bajo el riesgo de rayar en grados obscenos de cacofonía ambiente. Aquí la contaminación visual en relativo exceso (ni se diga del ruido, literal, que provocan entre ellas las cuatro piezas con audio abierto, en especial la insufrible monotonía de la voz en off de la narradora de un video) y mayor falta de aura espacial entre las obras, tal vez sea la apariencia inmediata de esta exposición frente a quien tenga ojo agorafóbico, aunque sin duda se deba –sin ser excusa– a la saturación de piezas, y no amerita quedarse con esa primera impresión. Lo juzga quien no tiene autoridad moral para decirlo, puesto que como curador a mí mismo me ha tocado que me señalen que mis exposiciones pecan de atasque, o como me criticó magistralmente alguna vez Víctor Palacios: “un combo explosivo que embarra toda la exposición y la convierte en un campo minado”, frase que bien podría atinarse a |<< || > · >>| Ficción y tiempo.

Y es que tras ese campo minado, en un sentido espacial, también yace uno en un sentido semántico, aunque, a diferencia de lo constreñido del primero, el segundo naufraga hacia una deriva de diversidad enriquecedora. |<< || > · >>| Ficción y tiempo es una exposición congruente respecto a su propósito con una aproximación ligeramente esquizofrénica respecto a este. La exposición se (de)construye alrededor de un planteamiento sumamente original: “Por mucho tiempo, la proyección del futuro fue impulso vital y obsesión de las sociedades. Sin embargo en la actualidad, el desencanto por las utopías ha desplazado el deseo por la construcción de futuros hacia pasados idealizados […] La muestra explora posibilidades en el tiempo para confrontar la incertidumbre. La inseguridad en el porvenir y su resultado en la tendencia nostálgica es un tema recurrente tanto en reflexiones teóricas como en la práctica artística en distintas latitudes. […] el proyecto es un esfuerzo por abrir la reflexión hacia las particularidades de nuestro contexto. Se presentan cuatro ejes temáticos surgidos de preguntas que compartimos para pensar en conjunto: ¿Qué futuros podemos imaginar hoy? ¿Dónde y de qué manera se almacena la memoria? ¿Cómo será visto el presente cuando ya sea pasado? ¿La historia es realmente fija e inamovible?” (Texto introductorio de sala).

Las preguntas anteriores no forzosamente buscan corresponder a los cuatro núcleos del recorrido (espacios de la memoria, memorias del futuro, memorias del presente y memorias del pasado), sino que las permean transversalmente, como muchas de las obras contenidas en cada núcleo bien podrían adscribir a uno u otro, y algunas, a todos o a ninguno. He ahí la principal trampa de la muestra –y en la que ha caído alguna vez todo curador–, ya que constituye su más seductor atractivo al vivir su recorrido cual máquina de viajes en el tiempo, así como su más cuestionable engaño al contener piezas forzadas al guion, o, por el contrario, ajustables a él demasiado fácilmente. Por otro lado, dada la problemática que se propone abordar la muestra, uno esperaría ver obras mayormente enfocadas desde la lupa omnipresente de la utopía, pero para sorpresa grata del espectador, hay un desbordamiento hacia las ramificaciones del espacio-tiempo en torno a conceptos como distopía, ucronía, historia, historicidad, temporalidad, nostalgia, fantasía, proyección presente de futuros retrofuturismos, arqueología, etcétera.
Empero, el guion resulta de una elocuencia sumamente clara, incluso empáticamente entrañable; al detonar preguntas incómodas propias del existencialismo social, no menos que el recorrido, nunca deja de ser agradable, dada la selección de obra: variada, dinámica y propositiva, logrando destacar desde ciertos ángulos conceptuales –ya sean inmanentes o impuestos por el subtexto curatorial–, cuando menos, la mitad de las piezas. El Experimento Eurídice de Virginia Colwell, bien podría ser una ilustración científica real; la garra de águila real de Sofía Abraham, exhibida como fósil de una inminente extinción, es (des)garra(dora); la pintura de Tlahuac Mata no podía ser más contundente respecto a un tema de actualidad (al sobreponer la oportunidad hídrica de reinundar el lago, contra el proyecto de nuevo aeropuerto que lo impediría); las maquetas de Amauta García respecto a la porción de patrimonio que un artista joven apenas podría adquirir en barrios como la Condesa o Roma norte son una puñalada a quienes gentrificamos (renovamos y embellecemos) esos barrios cuales soldados de avanzada; las impresiones de Rodrigo Alcocer son de una impecabilidad sublime; el mapeo de dominios por José Jiménez Ortiz aterra, mientras que las sublimaciones matéricas de la web por Leo Marz alegran la vista, Arqueología que viene de María Sosa, Noé Martínez y Gabriel Cazares detona la imaginación a partir de jugar con falsos vestigios prototípicos; la obra de Gabriel Garcilazo viene ad hoc para un recinto expositivo enclavado en la Plaza de las Tres Culturas, y las frases consumibles de Ricardo Cárdenas sin duda son las que mejor condensan el espíritu de la muestra. Al final, una mesa de documentación exhibe fuentes bibliográficas y demás referencias que alimentaron la investigación, en la que una toma de pantalla de la caricatura Rugrats, con la frase “we used to be happy before we knew the future”, cohabita con un libro de García Canclini o una nota de prensa sobre el eje “Ambivalence of the present age”, orientado por Cuauhtémoc Medina para la Bienal de Shanghái: así de traumática, divertida e interesante resulta la crisis parental de estos jóvenes curadores que parten del nido, cuya traducción en un admirable proyecto de exposición es meritoria.
Si usted gusta de la pluralidad de lenguajes y complejidad de narrativas, esta exposición es para usted. En cambio, si usted es alérgico a las panoplias visuales y discursivas, esta exposición tal vez no sea para usted; si usted tiene flexibilidad hacia las sublimaciones formales o cualquier otro gusto poético culposo, esta exposición es para usted. En cambio, si usted es de juicio estricto y prefiere las muestras de extrema seriedad académica, rigor curatorial y armonía compositiva, esta exposición tal vez no sea para usted. Si usted gusta de las relecturas de piezas, la reinterpretación curatorial o la acumulación viciada de capas de sentido, esta exposición es para usted. En cambio, si usted es ortodoxo respecto a los significados únicos e inmaculados, esta exposición tal vez no sea para usted; si usted es fan de la posmodernidad, o incluso si se considera un relativista, o es adepto de cualquier boga filosófica de esas hiperretorizables, o si simplemente está ávido de preguntas que implosionen la reflexión, esta exposición es para usted. En cambio, si usted es de mente pragmáticamente sencilla y prefiere las obras sin conflicto de aprehensión, tal vez esta exposición no sea para usted. En todo caso, si |<< || > · >>| Ficción y tiempo no fuera para usted, aun así no dejará de disfrutarla.

