Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por Carol Damian

Olga de Amaral

Espace Expression

Esta excepcional y hermosa exposición de la reconocida artista colombiana Olga de Amaral presentó treinta obras producidas durante los últimos quince años de su larga y prolífica carrera. Hace ya tiempo que esta artista, reconocida por sus textiles, fue más allá de la artesanía del tejido para crear singulares combinaciones de fibra, pintura, gesso y metales preciosos que transforman lo material en inmaterial. Amaral, artista laureada, de prestigio internacional, cuya obra se ha expuesto en múltiples ocasiones, fundó y dirigió el Departamento de Textiles de la Universidad de los Andes de Bogotá en 1964 y continúa siendo una importante patrocinadora de las artes en Colombia a través de sus talleres, en donde emplea a mujeres lugareñas para que le ayuden en sus proyectos, trabajando con ella para preservar su rico patrimonio. En los Andes ancestrales de Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, el oro, la plata y el cobre eran los materiales predilectos para materializar un sistema de creencias a través de ornamentos corporales y parafernalia ritual. El oro era el Sol y la plata era la Luna, y no se los reverenciaba por su valor monetario (como sucede en la actualidad) sino por su relación con los dioses y diosas de la naturaleza. Los metales brillantes tenían valor eterno; inmutables e inmortales, relucientes, maleables, raros y costosos. Los colores igualaban los del sol y la luna, y esos materiales preciosos se convirtieron en expresiones de lo divino. Observar un textil de Amaral, resplandeciente de oro, es una experiencia transformadora que es tanto moderna como antigua. Los metales están sobre tela, el otro material más preciado de los pueblos antiguos, y al igual que la alta calidad de su metalurgia, el tejido exhibe un lenguaje simbólico sobre algunos de los textiles más complejos jamás producidos.

Exposición Individual: Olga de Amaral — imagen 1
Olga de Amaral. Nébula 5, 2015. Papel japonés, lino, laminilla de oro, gesso y pintura acrílica. 80 x 80 cm (31 1⁄2 x 31 1⁄2 pulgadas). Foto: Diego Amaral. Cortesía de Casa Amaral.

El arte de Olga de Amaral combina técnicas extraordinarias para crear un léxico personal de simbolismo inspirado en el pasado. Ella empieza con tiras de tela –lino y algodón– que se convierten en la envoltura y la trama de sus tejidos. Las tiras se recubren con gesso blanco para reforzarlas y destacar su austeridad, a la vez que se preserva la impronta de la textura de la tela. La siguiente capa es de papel de arroz; luego viene el color, a menudo hojilla de oro, pero en esta exposición había negros, azules añil, verdes musgo, y rojos, revelados sobre la superficie o debajo de ella (como la base para el oro sobre un ícono bizantino). Cobalto, de 2014, estaba hecho de plateado (plomo paladio) y azul añil, una interesante desviación de los tejidos dorados. En Alquimia, de 2007, una de las obras más imponentes de la exposición, el tejido estaba interrumpido por hilos verdes sueltos que complicaban aún más la textura de la superficie, aunque nunca interferían con el brillo del oro. Muchos de sus tejidos son manipulados con el fin de producir espirales y diseños ondulantes, como vastos paisajes en el tiempo y el espacio, o estirados para revelar hilos o tiras más pequeños en complejos diseños. En una serie la artista también insertó en el tejido cortes exactos de bambú, pequeñas clavijas redondas. Cada obra transmitía un mensaje visual creado en tela reluciente. Corteza, de 2007, revelaba un imaginativo paisaje formado por un complejo tejido que atraía al espectador a su propia alma. Estos efectos transformadores aparecían en toda la exposición. Pueblo se movía con un ritmo espiral que recordaba los diseños precolombinos en cerámicas y metales, mientras que Fósil, con sus hilos azul oscuro y diseños circulares, era mucho más dramático. Los diseños de Nebula #7 (Nebulosa # 7) y #1 estaban hechos como la filigrana de oro de un ornamento precolombino, en homenaje a los grandes artesanos de su país. A lo largo de toda la muestra, los diseños reproducían diseños textiles que iban desde formas geométricas hasta espirales abstractas de significado simbólico y diseños cerámicos que datan de hace cientos de años.

La instalación que se hallaba en el centro de la exposición, Estela, de 2007, tenía cuatro paneles colgantes. Su tejido estaba muy cargado de gesso y pintura espesa, con el fin de crear el efecto de un bosque de antiguos monumentos con superficies doradas. Los dorsos eran pintura pura, lo que incrementaba lo etéreo y sagrado del ambiente, como vestigios arquitectónicos de una civilización perdida. Era el comienzo y el final de una experiencia fascinante imbuida de recuerdos de un antiguo mundo.

CAROL DAMIAN

Olga de Amaral, por Carol Damian | artnexus