Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por Graciela Kartofel

Miguel Covarrubias

Throckmorton Fine Arts

La galería Throckmorton Fine Arts realiza una exposición compleja al enfocar una retrospectiva de un artista polifacético y prolífico como Miguel Covarrubias. Bien se logra el cometido para el espectador que entra y puede abarcar con la primer mirada lo que se presenta. Uno percibe suavidad, dibujo, elegancia, diversidad, sutilezas en blanco y negro, así como en acuarelados y esgrafiados a colores. Esta galería se caracteriza por exhibir obras de fuerza y armonía, primordialmente en fotografía latinoamericana, siendo uno de los mayores especialistas del tema. Asimismo cohabitan con las mismas categorías lo precolombino y lo asiático en este espacio, temas a los que se dedican alternadamente. Con una museografía de agrupaciones e individualidades, esta “Retrospectiva…” incluye pinturas, dibujos y caricaturas del ilustrador, escritor, antropólogo, arqueólogo y etnógrafo mexicano Miguel Covarrubias (1904-1957).

Exposición Individual: Miguel Covarrubias — imagen 1
Miguel Covarrubias. Rosa con vestido Amarillo, sin fecha. Diversas técnicas y materiales sobre papel. 26.5 x 18.5 cm (10 7⁄16 x 7 9⁄32 pulgadas). Cortesía: Throckmorton Fine Arts.

La obra y el nombre de Miguel Covarrubias son conocidos por especialistas y por amantes de las obras de la época en que él vivió. Se lo ha incluido en exposiciones colectivas de arte mexicano de la primera mitad del siglo XX, pero ameritan sus individuales. En 2017-2018 se llevó a cabo una exposición similar en la galería Pablo Goebel de la ciudad de México, con el título Recorriendo el mundo del Chamaco Covarrubias. Dado que durante sus años de vivir en Nueva York su nombre se tornó familiar y atesorado por lo intenso y expandido de su trabajo, no solo allí sino en el entorno cultural internacional de la época, exponerlo aquí es ampliar el ya muy conocido círculo de creadores del siglo XX. Algo similar ocurrió en cuanto a las culturas indígenas de México y a los intereses en cartografía y en danza, sumados a lo significativo de la reiterada visita a Bali y la difusión que le imprimió Covarrubias a este lugar. Hay dos aspectos que se suelen mencionar en sus presentaciones, y cuya importancia hay que considerar: se casó muy joven con una bailarina, lo que lo llevó a adentrarse en el mundo de la danza, en el atrás de bambalinas y en la fotografía. Por otra parte, la multiactividad que se describe habitualmente hace mínima referencia a su ejercicio de la docencia y a la gestión institucional. Especificando que en la enseñanza abarcó Historia del Arte entre otros aspectos y Antropología en la escuela Nacional de Antropología e Historia, ambos en México. Todo lo que hacía parecía natural, como el fluir de la línea en sus dibujos.

Capturar las diversas culturas donde nació, vivió, y a las cuales viajó, fue una motivación natural de Miguel Covarrubias. La observación de las personas, sus proporciones, movimientos e intereses, está testimoniada en las obras del artista. La flora y fauna también ocuparon su mirada y su dibujo, en ambos extremos de la dimensión: formatos pequeños como de 11 x 15 cm, otros un poco mayores como de 20 x 12 cm y medidas similares, hasta las gouches y las litografías –promedio de 60 x 90 cm–, que realizó para el encargo de seis murales de significación internacional. En 1930 Covarrubias se casó con la bailarina Rosa Rolanda; se considera que ella aprendió fotografía de sus amigos Edward Weston y Tina Modotti. La pareja realizó un extenso viaje por Asia del sur, con Bali como lugar de gran atractivo. Allí volverían para terminar el libro La isla de Bali, con sus textos y fotografías de Rosa, realización que alcanzó enorme interés en gran parte del mundo. En la exposición en Nueva York, además de las observaciones de Miguel Covarrubias por escrito, sus dibujos y acuarelas de esa etapa de delicado exotismo, se perciben obras como Sin título - Desnudo balinés, Bali Maiden, Retrato de una mujer filipina, y hasta en Perfil de mujer con cuello, realizado en China. El interés por los indígenas mexicanos y las Series de Harlem son otros dos aspectos de las motivaciones antropológicas y coetáneas de Miguel Covarrubias. Menos frecuentes son las obras de aves y peces, pero no por eso menos notables, como se advierte en la Langosta, en grafito, tinta y acuarela sobre papel.

Enumerar los temas, materiales y aplicaciones de Covarrubias es una solución sencilla que no alcanza a dimensionar la poderosa creatividad del artista. Más justo es centrarse en analizar su capacidad creativa al componer cada tema sin repetirse. Ejemplificar esto es sencillo y placentero, se resuelve en mirar los infinitos ángulos con que dibujó de frente a Rosa Rolanda –su esposa–, y dichas variedades en tantos otros retratos. El secreto está en no decir simplemente retratos, figuras o desnudos, bailarines o caricaturas, sino en observar el repertorio de inclinaciones de cuerpos, el contorneado de los bailarines como alargadas eses verticales, diagonales, aisladas, en parejas o grupos. Las ilustraciones de mujeres de cuerpo entero, bien de tres cuartos hacia la izquierda o hacia la derecha, apenas ubicadas con unos peldaños o rodeadas de escalinatas, aditamentos, pilares, y lógicamente con sombreros. Todo lo que el “Chamaco” Covarrubias hacía, lo hacía sumergido en su entorno. Su mirada plasmaba su visión analítica y plena de suave humor. No había intención ni resultados grotescos. Según los temas y el destino de sus obras, Covarrubias encontraba diversos niveles de elegancia. Una palabra lo resume: polifacético. El autor de estilizadas composiciones, temas, técnicas y materiales a cuáles más variados, con una simultánea definición e indefinición espacial.

GRACIELA KARTOFEL

Miguel Covarrubias, por Graciela Kartofel | artnexus