Una fuerte pulsión creativa traspasa la obra del artista Luiz Zerbini. Su poética delineada por la voracidad imagética puede ser apreciada en la reciente exposición individual en la galería Carpintaria, en Río de Janeiro. Siete pinturas inéditas en gran formato, además de tres nuevos monotipos y una mesa escultórica, reafirmaron las marcas de su complejo vocabulario visual elaborado a lo largo de más de tres décadas de carrera. La confluencia entre figuración, abstracción y geometría se mostró una vez más como el epicentro de telas que el artista considera como “campo ampliado de posibilidades, ora enmarcando la mirada del espectador, ora construyendo ventanas inmersivas que revelan sutiles vestigios figurativos”.

En las pinturas de la exposición, Zerbini se aproximó más al campo de la abstracción geométrica con estructuras de cuadrícula para explorar relaciones entre color, luz y objeto. Géminis (2018) y Viento Vuela (2018), por ejemplo, revelaron una aproximación maleable de los sistemas geométricos, favoreciendo la contemplación alegre, en contraposición al rigor usualmente asociado a la abstracción geométrica. A pesar de la aparente ausencia de imágenes recurrentes de su repertorio –las ondas del mar, la vegetación, los ruidos sonoros–, son obras que aluden a estos elementos al jugar con transparencia y opacidad, procesando experiencias cromáticas que se revelan como elemento clave para la creación de un campo vibratorio, como en Espiral (2018).
Con imágenes que hablan de personas, lugares, arquitectura, naturaleza y tiempo, Zerbini viene construyendo un recorrido expresivamente marcado por el embate con las consecuencias formales de la pintura, sus significados, desafíos y limitaciones. Incluso, desviándose de la pintura para explorar la creación de objetos, la instalación, el video y el collage, el artista se mantiene firme en el propósito de investigar a fondo las posibilidades contemporáneas de la imagen.
Nacido en São Paulo, pero residenciado en Río de Janeiro desde hace muchos años, Zerbini participó en la histórica muestra Como Vai Você, Geração 80? (¿Cómo va Ud., Generación 80?), en 1984, que incluyó obras de Leda Catunda, Jorge Guinle Filho (1947-1987), Beatriz Milhazes, Cristina Canale, Daniel Senise y Leonilson (1957-1993). La exposición, realizada en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage, en Río de Janeiro, ayudó a definir el retorno a la pintura en el Brasil de los años 80. Desde entonces el artista continúa dedicándose a una práctica experimental y profunda que trasciende tendencias y modas, con la producción de un significativo conjunto de obras.
En el inicio de su carrera, Zerbini produjo telas figurativas en las que presentaba escenas de inspiración surrealista, utilizando además la fotografía en collages concebidos como estudios para telas de grandes dimensiones, creando un repertorio vinculado al arte pop. El aspecto onírico y los colores extremadamente vibrantes y luminosos marcaron sus composiciones, como los diversos autorretratos, en los que se presenta envuelto en una profusión de colores e imágenes. En los años 90, junto con los artistas Barrão y Sergio Mekler, formó el grupo multimedia Chelpa Ferro, que hace más de veinte años trabaja con objetos, cinética y sonido. El grupo explora sonoridades electrónicas e industriales, crea nuevos usos y significados para antiguos equipos electrónicos y también utiliza ruidos provenientes de objetos de uso cotidiano, como los de impresoras, cajas registradoras, bolas de ping-pong o los pasos de los visitantes de la exposición.
Las obras de Zerbini del comienzo de los años 2000 demuestran la intencionalidad de la práctica pictórica del artista, sus estrategias compositivas y su relación con el tiempo: densas combinaciones de flora y fauna, geometría, detritos, objetos personales y menciones a vivencias colapsadas en un presente híbrido. En la exposición en Carpintaria aparecieron diversos elementos como vestigios de ese repertorio. En Logo Love III, la exactitud de las formas se desmiembra en curvas sinuosas que evocan la representación de la vegetación tropical, tan frecuente en su producción. En otras obras, como Dicho popular (2017), el artista utiliza una técnica similar a un proceso de impresión sobre tela, creando texturas a partir de la manipulación del rodillo de pintura.
Los monotipos dan continuidad a los experimentos de impresión iniciados en el 2016, cuando el artista concibió los primeros ejemplares utilizando como matriz especies de plantas recolectadas en el Jardín Botánico del Instituto Inhotim, en Minas Gerais. En su incursión más reciente en el formato, Zerbini optó por elevar la escala del color de los experimentos, permitiendo que tonos rosas, azul y negro contaminasen el papel y las plantas. En la parte del frente del espacio expositivo, Mesa Rio (2017) volvió tridimensionales los contornos de Botellas al mar (2018), transformándolos en olas, que, suavemente, rayan el vidrio y ganan espacio en forma de sombras que reposan sobre la arena en la base de la obra.
Sensibilidad y razón caminan con un mismo ritmo en la obra de Zerbini. Sus telas de grandes dimensiones demuestran un auténtico placer por el hacer creativo, por las posibilidades de la figuración, por el poder de la creación. La profusión de las temáticas estéticas clásicas, como el paisaje, el retrato, la materialidad, aliadas a la intensa búsqueda de la experimentación, como la música, la performance, la instalación, muestran que técnica y pasión se mueven al “uníssimo” en la fabulación poética de este gran artista.
