Casi al cierre de 2018, y contra todo pronóstico, Luis Felipe Noé (Buenos Aires, 1933) presentó en galería Rubbers Internacional una exposición con obra reciente, toda de 2018. Nadie esperaba esta nueva muestra, Por ahora, ya que en 2017 el Museo Nacional de Bellas Artes le había dedicado la exposición Noé: Mirada prospectiva, que incluyó 120 obras, entre pinturas, dibujos e instalaciones, realizadas a lo largo de sesenta años, entre 1957 y 2017. El libro El caos que constituimos (MNBA, 2017) acompañó esta “mirada retrospectiva” y complementó la permanente conversación que sostienen entre sí sus obras, que hacen de la desmesura una virtud. Durante la presentación de este volumen teórico (el quinto de su trayectoria) Noé resumió el concepto central del texto. “Después de la creación, ha venido el caos. Hay caos que gestan órdenes y viceversa, desde siempre… Es necesaria la asunción del caos, esto es, darnos cuenta de que el caos ha sido siempre la vida. Todavía no se ha elaborado una teoría general del caos, por eso este libro es de aproximaciones”.

A comienzos del año pasado, Noé también presentó En terapia (Galería Rubbers Internacional, 2018), una selección de más de 140 dibujos realizados entre Buenos Aires y París durante sesiones psicoanalíticas, que consistían en hablar y dibujar al mismo tiempo. Había decidido dejar de pintar, en 1966, tras lograr extrema visibilidad junto con los otros integrantes del grupo llamado Nueva figuración: Ernesto Deira, Rómulo Macció, Jorge de la Vega. La expresión de ruptura de esa “otra figuración” –entre la figuración y la abstracción–, durante los intensos años 1961 y 1965, quedó en la historia del arte argentino por haber inaugurado una pintura más libre, disruptiva. Su terapia se inició, principalmente, para retomar la pintura; retornó a ella nueve años después, en 1975. El bello libro está dedicado a su analista, el médico brasileño Gilberto Simoes.
A punto de cumplir 86 años, el vital e incansable Noé no piensa en retiro alguno y sigue trabajando “como si dirigiera una orquesta compuesta por mis pasados. Este es mi presente, o sea, mi futuro”. En Por ahora, sumó dieciséis pinturas, dibujos. Y, ávido de nuevas experiencias, presentó trabajos en cerámica (Somos y Panorámica) en colaboración con Natalia Revale, escultura en poliestireno expandido (Tiempo congelado) con Andrea Allen y vidrio (el vitral Siempre buscando la luz se veía desde adentro y desde afuera de la galería) con Marifé Perales.
Las obras, mayormente, reflejan la energía del caos –que no es desorden–, la “estética del caos”. La incorporación de nuevos materiales se vincula a su “vivir creativamente” y a su permanente búsqueda de renovación; no quiere sentirse como “la viuda de un artista que existió en los años 60”.
Aun cuando en sus obras Noé discurre acerca del hombre y su circunstancia, junto con una mirada crítica del contexto político y social, estas mayormente no tienen un significado asegurado; saben transmitir cierta ironía e incertidumbre acerca del complejo mundo actual. Su pintura, en grandes telas o con bastidores irregulares (con la colaboración de Fabián Lopardo), suele estar poblada de líneas y trazos laberínticos, personajes indiscernibles con alguno que otro protagonista visible; también son nítidos los de la cerámica Somos. Algunas piezas resultan ser una reflexión sobre la historia (Testigos y testimonios). Otras pinturas se acercan a un paisaje americano enmarañado (Por encima), o está a punto de ser sobrevolado (Panorámica); también aluden a la violencia de género, como en Cálmate. Varias tintas se aproximan al desasosiego existencial, como lo indican sus títulos, Ser hoy, o señalan la Confusión y el Cambio generacional, preguntándose por el individuo y el cambio. ¡Oh, la vida! exclama una obra, mostrando al artista libre y, como dice el texto del catálogo de Lorena Alfonso, “comprometido con la incesante satisfacción de compartir con otros su quehacer artístico”.
La resignación no forma parte del vocabulario de Noé, que, sin embargo, desde el título de algunas obras dice que Somos lo que podemos e interroga acerca de ¿Y ahora qué? La respuesta bien puede estar en las palabras de Lorena Alfonso: “Día a día, semana a semana, año a año, Noé trabaja incansablemente concibiendo ensayos, apurando proyectos inconclusos, imaginando obras en formatos y materiales heterogéneos, embarcándose así en nuevas aventuras, cuyos puertos son, la mayoría de las veces, desconocidos”. Uno de esos proyectos sí llegó a puerto seguro: en 2015 publicó Luis Felipe Noé, dos gigantes tomos autobiográficos: Mi viaje y Cuaderno de bitácora. Pero no está todo dicho: Noé sigue su marcha creativa y, entretanto, Por ahora volvió a sorprender con su escéptico optimismo (el artista se autodefine como un “escéptico optimista”).
VICTORIA VERLICHAK
