Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por Alejandra Villasmil

Livia Marín

Galería Patricia Ready

A lo largo de sus veinte años de carrera, Livia Marín (Chile, 1973) ha desarrollado una práctica basada en la escultura e instalaciones de grandes dimensiones que utilizan materiales cotidianos y desechados para comentar sobre el impacto del consumo y la circulación de bienes en las sociedades contemporáneas. En sus inicios, este trabajo se orientó a una crítica a las políticas económicas neoliberales impuestas por los gobiernos de transición en su natal Chile a partir de los años 90, la década en que la artista comenzó a exponer su trabajo. Si bien esta línea reflexiva –donde los objetos comunes de fabricación industrial han servido como medios para comentar sobre la naturaleza frágil y descartable de las cosas y las formas, y cómo nos relacionamos con el mundo material– ha seguido presente desde entonces, su reciente exposición en la Galería Patricia Ready de Santiago advierte de un radical giro material: el uso de desechos orgánicos. 

Exposición Individual: Livia Marín — imagen 1
Livia Marin. Oro verde, 2018. Instalación con cáscaras y cuescos de paltas intervenidos con resina y lámina de oro. 3.66 x 10.98 x 0.25 mts (144 3⁄32 x 432 9⁄32 x 9 27⁄32 pulgadas). Cortesía: Galería Patricia Ready.

En la sala principal del espacio, Marín dispone de una gran plataforma sobre la que se posan cientos de restos de cáscaras y cuescos de paltas (aguacates), configurados e intervenidos de modo específico. Algunas de estas cáscaras, limpias de pulpa y semilla, simulan cuencos provenientes de alguna excavación arqueológica; otras, rellenas con una resina transparente que emula depósitos de agua, remiten al paso del tiempo, como también a ese líquido preciado –y privatizado en Chile, el único país del mundo en adoptar esta medida– que es el agua, protagonista de conflictos sociales y medioambientales a nivel mundial. La artista también ha intervenido algunas cáscaras con lámina de oro para aportar una apariencia suntuosa a estas reliquias del consumo masivo. Chile es uno de los países de Latinoamérica con mayor consumo de palta per cápita, lo que ha derivado en un marcado desbalance entre la oferta y la demanda del producto en la última década y, por tanto, en su continua alza de precio. Considerada actualmente un commodity agrícola a nivel mundial, un lujo en la mesa de los chilenos, la palta ha pasado a ser “oro verde”, que es como titula Marín esta pieza. Junto a estas vasijas vaciadas de valor que son las cáscaras de palta consumida, la artista también presenta los cuescos como origen de vida –o como la posibilidad de renacer–, con tres palillos insertos, tal y como se hace en la germinación casera (junto con un frasco de agua). Pero, junto con un interés por los residuos que dejan el uso y el paso del tiempo, existe otro factor que atraviesa toda esta obra, y que tiene que ver con la nostalgia. Livia Marín vive y trabaja en Londres desde el 2005, y, aunque ha mantenido un contacto estable con su país, esta es la primera vez que su obra toma como materia prima un producto orgánico de alto consumo en Chile. Esto lo hace no solo para reflexionar sobre la agenda de libre demanda a macroescala, sino también, en un plano más íntimo y personal, a modo de autoexploración de su propia identidad cultural. Para Livia Marín los objetos son entendidos no solo como mercancías, sino también como significantes de la cultura contemporánea. Y esto es lo que deja ver en esta instalación de carácter transitorio, que se alza, en palabras de la artista, como “una suerte de memoria de algo que no permanece, que queda pero no queda”.

Livia Marín, por Alejandra Villasmil | artnexus