En la serie fotográfica Piedra y polvo y el video Cronologías envolventes, presentados en Nueveochenta, Juan Fernando Herrán (Bogotá, 1963), como es habitual en sus proyectos, hace una rigurosa investigación para explorar las peculiaridades del espacio escogido. No parte de lugares o realidades inventados, y, pese a que su indagación tiene su punto de partida en los elementos vislumbrados, no se limita a registrarlos: hay un profundo interés en que lo investigado le permita formular nuevas reflexiones sobre lo observado.

El proyecto comenzó en el marco del evento Colombia Francia, en el 2017, cuando se propuso examinar un lugar específico de la ciudad de Vienne: la abadía Saint-André-Le-Haut. Poco documentada por fuentes escritas, se inscribe entre las construcciones de las damas nobles, como se identificaba a las abadías femeninas tempranamente erigidas.
Los estudios arqueológicos iniciados en el siglo pasado, y que hoy se siguen llevando a cabo, establecen que el primer edificio data del siglo VI o VII; la iglesia, de los siglos XI y XIV, y el claustro, del siglo XVII1. Desde la época romana fue objeto de múltiples fases de ocupación y uso: templo romano, abadía, cementerio, hospital. Confiscada durante la Revolución Francesa, y posteriormente vendida, se transformó en su parte oeste en viviendas, mientras que la parte este se convirtió en una fábrica textil. Las paredes y los pisos dividieron el edificio; puertas y ventanas se perforaron, y se destruyeron bóvedas para agregar un piso, generando un espacio propicio para alojar varias familias, situación que se prolongó hasta 1992.
La obra de Juan Fernando Herrán pone en evidencia varios aspectos: la posibilidad de hacer un seguimiento a los diferentes períodos históricos que, superpuestos, se pueden descubrir en la edificación, la oportunidad de visualizar el inexorable paso del tiempo, a la vez que, por la peculiar ocupación del edificio, se mezclan lo sagrado y lo secular. Observar el comportamiento de las maderas utilizadas en distintas instancias temporales permite reconocer las que pertenecen al período grecorromano, el cambio de ese material en el medioevo, para llegar a los gruesos listones contemporáneos. La relación de los procesos históricos con sus evidencias presentes le permite hacer unas observaciones que evaden el plano arqueológico, para concentrarse en la forma como se cruzan elementos culturales que no siempre resultan evidentes. Los antecedentes arqueológicos están allí, pero el seguimiento de Herrán en sus fotografías va más allá, y los ciclos históricos presentes descubren cuáles son las memorias ocultas, qué cambios ideológicos y sociales evidencian.
La compleja y controversial relación historia-memoria vuelve a aparecer, poniendo de presente la diferencia de significados entre ambas. ¿Cuándo se celebran determinadas memorias? ¿El tiempo de la memoria aparece en el presente ligado a estrategias de poder? ¿Qué interesa conocer del pasado histórico? En las fotografías de Herrán, la preocupación reiterada por Pierre Nora –“no hay que confundir historia con memoria”– resulta evidente pues su búsqueda, explorada en el registro de las imágenes, va más allá del estudio de los materiales y referentes encontrados. Lo que busca es evidenciar la forma como esos restos están testificando y moldeando, desde el presente, la lectura de su historia.
Hay una memoria oculta que muestra cómo buena parte de las construcciones iniciales son el resultado de la apropiación de materiales pertenecientes a otras construcciones destruidas para crear las nuevas, mostrando el poco valor patrimonial que podían tener en otras épocas esos edificios, y cómo el concepto patrimonio acompaña al pensamiento moderno.
Justamente, las memorias ocultas, que de manera sutil nos descubre desde los excelentes registros fotográficos, restituyen una particular relación entre el pasado histórico rescatado desde la materialidad de los estudios arqueológicos y las pequeñas historias personales de quienes ocuparon por algún tiempo el mismo espacio.
De nuevo, la evidencia de que el presente se basa en la historia, y, pese a la soledad arquitectónica del registro, es posible descubrir rastros de la presencia de cuerpos ausentes, de desapariciones, de lo fugaz que es la vida, de la muerte como una realidad inevitable.
Junto a las fotografías se exhibió el video Cronología envolvente. Valiéndose de un dron con el que recorre los restos arqueológicos de la antigua abadía, va acercándose a la diversidad de superficies texturizadas, vestigios arquitectónicos que revelan procesos históricos y la reutilización de los materiales del pasado. Nuevamente se descubren las memorias ocultas y los procesos tanto sociales como culturales que el recorrido de la cámara divulga.
En el texto que acompaña a la imagen se escuchan vivencias particulares como el relato de Jacqueline, la última ocupante de los improvisados apartamentos, quien relata cómo el mentón de uno de los personajes esculpidos en el espacio habitado por su hija fue retocado por su esposo, quien, utilizando yeso, trató de reparar la ruptura de un rostro inicialmente realizado en el medioevo. La intervención doméstica se vuelve realidad tangible en el espacio sagrado.
NOTA
1. Datos aportados por el Bulletin du centre d´etudes mediéváles. Hors-série No.10, 2016, Auxerre.
