Juan Caloca es un artista que vive seducido por la paradoja que subyace a las imágenes oficiales y sus derivados, ya sean estas insignias patrias o logos de corporaciones y dependencias; fascinado no solo por su impacto sino también por las instrumentaciones, implementaciones e interpretaciones que arrastran y conllevan. Se apropia de estos signos, que dicen o están en lugar de aquello que representan –abstracciones que nos hablan de montones de extras, disimulados o inferidos, que las constituyen o son afectados por estas–, para poner en evidencia el uso (y mal uso) de la representación oficial –la marca, en el sentido más literal–, y así reflexionar en cada nueva mise-en-scène sobre el sentido de sus procesos y sus carencias.

Es un nuevo iconoclasta, consciente del culto a la imagen, que decidió plasmar –a mitad de camino entre el retablo y el palimpsesto– la historia (o mejor dicho, la fe de hechos) de lugares y sucesos (así como de las imágenes e iconos) que han definido el proceso social y cultural de México frente al mundo (o frente a sí mismo, abriendo las particularidades de lo nacional a lo global), ya sea desarrollando, junto con el programador Emilio Peláez, el juego de video Alta traición (2017), como las correspondencias y contraposiciones entre objetos y signos en su más reciente Petlalcingo (2018), instalación construida en torno de una serie de pinturas en acrílico sobre petates, que dispone sobre el suelo de la sala de exhibición (en este caso, un corredor), donde ilustra las relaciones y los contubernios entre personajes morales (que van desde partidos políticos, instituciones e iniciativas públicas hasta corporaciones y espacios culturales) que han determinado la actualidad política y social del país. Más que un mapa –con dimes y diretes–, Juan Caloca se aboca a crear palimpsestos al encimar los logos de los instancias involucradas sobre el petate, material que ha tomado como base para estas representaciones coyunturales, debido a la multiplicidad de sentidos e implicaciones culturales que tiene como objeto, pero también por las posibilidades que ofrece el material y su confección. En palabras de Caloca: “Utilizo el petate como soporte pues su diseño se compone de un entramado que denota la complejidad de la historia mexicana. Las contradicciones que se tejen desde la cultura prehispánica, la colonia y la historia moderna del país. Capas y capas de hechos que se entrelazan desde diversas versiones en la actualidad, dando paso a una trama enmarañada, la cual es difícil de leer y sobre todo imposibilita la toma de una postura ideológica”. El petate es un tipo de palma. La trama con la que se teje el petate produce un tornasol que emula con sus sombras los intrincados caminos de las relaciones políticas en México, con la que provoca un juego de simultaneidades y confusiones que ilustra las relaciones entre estas dependencias públicas y privadas, evocando para el público –que va discerniendo las figuras– el pasado reciente del país. Caloca despliega, sobre el corredor Tomás Chávez Morado de la Universidad de Guanajuato, los petates pintados sobre los que se destacan (o descubren) los logos que incluyen, para dar un ejemplo de las narrativas que contienen, el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que ha venido causando gran controversia social y política desde que se decidió su construcción hace un par de años hasta ahora, que se decidió su cancelación (que conlleva pagos y compensaciones multimillonarios), sobrepuesto sobre la sigla de ICA, constructora mexicana detrás de la construcción del Estadio Azteca y la nueva Basílica de Guadalupe, que fue sacada de la grave crisis en la que se encontraba desde hace años al darle el contrato de la construcción del nuevo aeropuerto. Siguiendo el proceso de la pieza, Caloca dispone parafernalia electoral del Partido Verde, una placa de PEMEX, una águila calva de cerámica, vasijas de barro, o hace un círculo (a manera de mandala), cachuchas de la campaña del candidato del PRI a la gubernatura de la Ciudad de México; también contrapone un sombrero de jipijapa con una chistera y unos huaraches con unos zapatos negros (que vienen forrados por dentro con palma). Un muñeco que emula la caricatura del presidente Andrés Manuel López Obrador, usada durante su campaña, preside el centro de un recorrido por el corredor que lleva de una pila de sombreros tejanos a un petate pintado puesto a muro que muestra una caricatura procaz, donde se emulan el poderío y la influencia de Estados Unidos sobre el estado de las cosas dispuesto sobre el suelo. Caloca pone los petates pintados sobre el suelo con la intención de que el público pase sobre ellos, que los ensucie y percuda, que los gaste y los borre con sus recorridos. Según sus palabras: “las piezas están pensadas para ser exhibidas al piso y ser usadas como tapetes, negando la condición prístina de la tradición pictórica y regresando al objeto su condición original de uso. De igual modo, me interesa que las piezas sirvan como incitadores de catarsis para liberar la tensión y el repudio a estas imágenes” Petlalcingo es también el nombre de un pueblo en la Mixteca Poblana, donde nació el padre del artista.
RICARDO POHLENZ
