“Testigo” es una exposición de Jesús Abad Colorado, una muestra que cobra cada día más importancia, un documento visual del que no se puede dudar y que se presenta en un momento en que el país vive un proceso complejo, y donde cada día aparece un líder social asesinado. La Universidad Nacional lleva a cabo una exposición ambiciosa que demuestra cómo Colombia ha sido un territorio manchado de sangre.
María Belén Sáez de Ibarra, curadora de la muestra, estructura la exposición en cuatro capítulos: “Pongo mis manos en las tuyas”, donde encontramos las marchas, las mesas de diálogo, la resistencia civil. “Y aun así me levantaré”, en el que se exponen la fuerza y la resiliencia de nuestros compatriotas. “Tierra callada”, la naturaleza ensombrecida y destruida por la guerra. Y “No hay tinieblas que la luz no venza”; en este observamos la esperanza y la insistencia de las víctimas en encontrar a sus seres desaparecidos, las exhumaciones, la certeza de la identidad de los victimarios que algún día saldrán de la oscuridad. Estas constelaciones nos van guiando por los “desastres de la guerra” y las vagas certezas del cese de fuego. En cada fotografía se evidencian el dolor, el terror la violencia absurda e irracional, el destierro, el despojo de las tierras, las violaciones a mujeres y niñas, la desesperanza, y también una fuerza sobrenatural y resistencia que hace que las personas que sufren puedan seguir adelante.
Así, Colorado se posiciona como una fuente confiable de los desastres de la guerra. Desde 1992 hasta el día de hoy anda a pie con la gente, escucha las historias de las personas anónimas y registra los hechos con su lente. Es el hombre que transita por las trochas con botas pantaneras, por las montañas con las víctimas de la guerra, con los desplazados que llevan sus niños en sus brazos, sus neveras al hombro y sus animales. Él va con las personas, quién sabe a dónde, pues no hay un lugar, lo han perdido todo y buscan un sitio en el mundo. Su oficio, como él lo manifiesta, es documentar lo que pasa con los olvidados, pues la voz se la han dado a los políticos, los paramilitares, o a la guerrilla, y no a la población civil que sufre el dolor de la guerra.

El trabajo de Colorado nos pone de frente a la guerra, da cuenta de la memoria y registra una serie de acontecimientos trágicos, ocurridos en lugares como Bojayá, en Chocó; San José de Apartadó y Granada, en Antioquia; Mapiripán, en Meta, por citar algunas poblaciones. Las imágenes registran fragmentos de lo acontecido, evitando que se pongan en duda estos hechos, y plantean preguntas a través de ellas como las siguientes: si estas fracciones no son la guerra, entonces ¿qué son?
Esta exposición, que cruza el límite de la fotografía documental y del fotoperiodismo, propone algunas respuestas a esos interrogantes. “Testigo” nos conduce al campo de la estética contemporánea, que, de acuerdo con el pensador Jacques Rancière, se determina desde un punto de vista político, social y ético. En la postura de Colorado hay un discurso pacifista, que va en contravía de la violencia indiscriminada y depredadora. “Lo que busco es la humanidad de nuestra gente, muchas veces reducida en la guerra a meras cifras del gobierno”, afirma el fotógrafo. La exposición habla de seres humanos con nombre propio: Camila, Juana, Lucas, y capta el estado emocional, la manera de sentir y de vivir de la población que se enfrenta a una guerra, y esos momentos de angustia han quedado consignados en sus imágenes.
Colorado se ha enfrentado al secuestro, del cual no le gusta hablar. También ha sufrido las muertes en su familia, como la de su abuelo, un liberal, quien murió de un balazo en su cama por la violencia bipartidista a comienzos de los años 60; muertes, torturas y secuestros de sus familiares; el desplazamiento por la guerra de sus padres de San Carlos a Medellín. Luego, cuando era estudiante de la Universidad de Antioquia, vivió de cerca las muertes del médico Héctor Abad Gómez, a quien tanto admiraba, y más tarde los magnicidios de los candidatos Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. Esos son algunos hechos que lo llevaron a no soltar su cámara y andar por el país creyendo que su trabajo habla de memoria y de reconciliación.

Sus fotos son un relato genuino de la tragedia, de lo indecible y de los hechos que desangran a Colombia. En su trabajo se acentúa la primera persona: “Yo fui testigo, yo estuve ahí, yo dejo un testimonio”. Ese yoísmo se traduce en una necesidad apremiante de contar. El propósito de Colorado es que conozcamos la historia y que no la olvidemos, y que, por supuesto, pese más el anhelo que Colombia se aparte del sino de la muerte y de la violencia de una vez por todas.
Igualmente, “Testigo” evidencia la destrucción de la naturaleza, bombardeos que han dejado cráteres y la tierra destruida, los ríos que han servido para tirar los cadáveres. Sus imágenes son también una advertencia de que si continúa la guerra, pronto veremos nuestros campos secos, el agua se acabará por la explotación minera y los campesinos no podrán sembrar la tierra. En este sentido, la muestra es un documento desgarrador que deja ver la transformación del territorio a partir de la confrontación violenta, los derrames de petróleo a causa de las explosiones en los oleoductos por parte de la guerrilla. Es una memoria del país hecha con respeto y ética; de esta manera, sus fotos revelan que su mayor interés es mostrar cómo la gente vive en medio de la tragedia.
Podemos observar balas perdidas, ejecuciones extrajudiciales, masacres, vacunas, torturas, secuestros, desplazamientos forzados, niños huérfanos, niñas violadas, con marcas en el brazo de una de ellas, en que aparece un “tatuaje” en el que se lee AUC, o la misma marca en un árbol en el que se amarraba a los secuestrados, o un perro con la misma señal en su piel. Esta codificación hace parte de una serie de gramáticas de las que la guerra se vale para identificar a los actores, e indicar cómo matar y rematar o cómo utilizar los símbolos y los nombres bíblicos que se han fusionado en la guerra: “somos los hijos del ejército de Dios, AUC”, como se percibe en una de sus imágenes. A lo largo de la exposición también se denuncia cómo estos códigos se convierten en paradigmas de la guerra y designan quiénes son los “dueños” y quiénes mandan, de quién es el territorio y quiénes pueden matar.
Sí, nos duele Colombia con esta exposición, y Jesús Abad Colorado nos entrega su testimonio, pues es un testigo que arriesga su vida para narrarnos la historia: “Sí, yo estuve ahí, créanme”.
MARÍA ELVIRA ARDILA

