Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por Juan José Santos

Graciela Sacco

Casa de América

Un muro tapizado con carteles de bocas abiertas podría ser una atrevida publicidad de una clínica odontológica. Una campaña contra el hambre. Una acción política de protesta. Una campaña contra los feminicidios. La duda se disipa, ya que estamos en una sala de exposiciones. Es arte.

Los comisarios Andrés Duprat y Fernando Farina son los encargados de este Homenaje a Graciela Sacco en Casa América, una suerte de menú degustación de las obras más icónicas de Sacco (1956-2017), y en un país y en una ciudad significativos desde el punto de vista profesional y personal, ya que la artista residió en Madrid, y actualmente uno de sus hijos lo hace. Entre esta selección de trabajos representativos está Bocanada, los afiches protagonizados por bocas abiertas, que podrían gritar de rabia, de dolor, de inanición o de aburrimiento. Es una de las obras que Sacco consideraba como “interferencia urbana”, impresiones que pegaba en la calle, y cuyo mensaje se liberaba y moldeaba dependiendo del lugar y de las imágenes colindantes. 

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Graciela Sacco. ¿Quién fue?, sin fecha. Impresiones realizadas para la exposición en Casa de América.

Cerca de Bocanada, en una pantalla, se puede ver y escuchar la entrevista que mantiene la artista con la curadora Diana Wechsler, con motivo de una muestra que tuvo lugar en el Hotel de Inmigrantes en el 2014, en Buenos Aires. En la entrevista, Sacco afirma que, para espacios museísticos, lo adecuado sería mostrar las matrices (obras únicas y originales) de Bocanada, pero que el hábitat natural de las impresiones es la calle. Tras oír esto, vuelvo a acercarme a las bocas abiertas en la sala de Casa América. Ya sé lo que pretenden comunicar. “Este no es nuestro sitio”. La domesticación de Bocanada convierte a esa otrora interferencia urbana en víctima de una interferencia curatorial, en una exposición que, además, se siente incompleta, desprovista de un trabajo de contextualización (otro de los elementos que eran fundamentales para la artista”, y excesivamente breve). Sin duda la propia fisonomía de los espacios del museo (dos salas cuadradas no muy grandes ni altas, y un pasillo) es parte del problema.

Lo que sí permite Homenaje a Graciela Sacco es tener una primera toma de contacto con una de las artistas más relevantes de Latinoamérica. Desde sus pioneras obras de heliografía (técnica con la que lograba imprimir imágenes sobre cucharas, maletas o zapatos), pasando por las cajas de cerillas (con el mensaje “Una sola chispa basta para incendiar la pradera”), hasta el conceptualismo de sus zapatos-acera de un metro cuadrado y su puerta plástica compuesta por una imagen de gente en espera. Sus obras, siempre comprometidas, nos hablan de conflictos cuya actualidad no ha dejado de estar latente: las migraciones, lo doméstico como realidad política, la censura, la alienación social, la falta de libertad. Sacco, una de las integrantes del hoy venerado “Tucumán Arde”, ha sabido tensionar como pocos creadores los límites de los medios de comunicación, así como el lenguaje publicitario. Como ella misma proclamó, “Para mí, hacer obra es un modo de pensar, un modo de entender lo que pasa alrededor”, y su obra ¿Quién fue? (otro trabajo pensado para el exterior) apunta en esa dirección. Dedos índices acusadores que nos señalan y acusan. En Esperando a los bárbaros, quienes nos preguntan no son los dedos sino los ojos, algo que nos obliga a bosquejar una respuesta: en sus exposiciones no son las obras las observadas, sino el visitante.

Sin embargo, como decimos, este último homenaje a Graciela Sacco (que proviene de una muestra inaugurada en el 2018 en el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires, donde se presentó una videoperformance en su honor) adolece de ciertas deficiencias. Ese mismo año tuvo lugar una experiencia más gratificante en el Rosario natal de Sacco. “Territorio Sacco. Mágico-Primitiva. Graciela Sacco y Rosario” fueron eventos que tuvieron lugar dentro y fuera, y que resultaron más coherentes con el legado de la artista, gracias al comisariado de su asistente Belén Antola. Quizás debamos esperar más en España a una celebración de mayor altura, como los pasajeros de la videoinstalación Metro cuadrado T4, grabada en el aeropuerto madrileño, que muestra las sombras de los viajeros circulando bajo una rejilla de aspecto carcelario. El subtítulo de este trabajo es Cualquier salida puede ser un encierro. Pues eso.

JUAN JOSÉ SANTOS

Graciela Sacco, por Juan José Santos | artnexus