Exposición Individualmar 2019 - may 2019· Por María Belén Sáez de Ibarra

Doris Salcedo

Fragmentos, espacio de arte y memoria

El acontecimiento más importante de los últimos sesenta años en Colombia es la desmovilización de las FARC, la más antigua guerrilla del continente y tal vez del mundo, luego de una larga y accidentada negociación que culminó en la firma de un acuerdo de paz en noviembre de 2016.

A este hecho de paz, que podría cambiar nuestro destino y el de nuestros descendientes por siempre, responde la obra de Doris Salcedo –Fragmentos– a la cual se entregó en una labor colectiva con las víctimas que esas mismas armas, entregadas por las FARC en cumplimiento de lo acordado, habían producido.

Exposición Individual: Doris Salcedo — imagen 1
Doris Salcedo. Fragmentos, 2018. Espacio arquitectónico/escultórico, piso construido con armas fundidas. Foto: Juan Fernando Castro. Cortesía: Taller de Doris Salcedo.

Al principio renuente, acepta este encargo del Gobierno, que así quería cumplir el compromiso de hacer un monumento a la paz con las armas de la guerra, con la claridad de que en este momento, más que nunca, necesitamos reelaborar nuestro pasado y reconocer lo que hemos decidido voluntariamente ignorar: que hemos estado cruzados por la barbarie, en un continuum que ha silenciado las voces de los desposeídos por una sociedad excluyente, racista y clasista, que ha invisibilizado y ocultado el dolor y el sufrimiento de nuestros campesinos, indígenas, afrodescendientes, y de todos los que han padecido esta inútil guerra.

La razón de ser de Fragmentos viene a ser entonces, como lo refiere Doris Salcedo, la de “afirmar la posibilidad de pensar la barbarie”, para lo cual propone un contramonumento desde una concepción de la historia y la memoria que se aparta de una narración continua, infinitamente repetida: un contramonumento totalmente opuesto a la narrativa única, que, sustentada en la violencia política, extingue la capacidad de pensar y de tomar conciencia y destruye nuestros lazos sociales y el tejido comunitario.

Propone por eso, en vez de un glorioso y eterno objeto que se erige sin evolucionar por los siglos de los siglos para conmemorar la gloria de la guerra y la violencia, uno que se construye desde abajo, “que se trabaja en el suelo y no sobre él, para devolver la carga de la memoria a quienes la buscan”, al decir de James Young, una de las fuentes de estudio de la artista. Este contramonumento se levanta como un espacio arquitectónico/escultórico, que literalmente tiene como base un suelo realizado con la fundición de 36 toneladas de armamento, más de nueve mil armas, que se vaciaron en moldes martillados y golpeados por un grupo de mujeres víctimas de la violencia sexual invitadas por Doris Salcedo para realizar este acto de conmemoración y de duelo, que contrasta con la imagen de las ruinas centenarias que se encontraban en el lugar, conservadas y tomadas como alegoría del legado ruinoso de la guerra, de modo que el espacio, diseñado por el arquitecto Carlos Granada, es una caja de tiempos paralelos, donde el pasado se pretende reelaborar desde el futuro mismo de las nuevas generaciones, incluso las que aún no han nacido, ya que Fragmentos articula desde el Ministerio de Cultura un programa de 53 años de apoyos a la creación artística y a los procesos de memoria colectiva del conflicto armado interno, los mismos años que quizás nos tome elaborar este trauma.

Fragmentos conforma “un espacio silencioso y vacío, que no pretendo llenar”, donde la artista expresa “el carácter absolutamente irredimible de la guerra”, y sirve como símbolo de nuestra voluntad de abandonar la violencia, sin que pudiera ser utilizado por ninguna de las partes del conflicto.

Se trata precisamente de romper el tiempo de la violencia, para conformar un lugar común donde pensar –“en un proceso infinitamente inconcluso”–, ese pasado de la barbarie, para reconocerlo y afrontarlo con valentía. Un lugar común donde podamos mirar un mismo hecho histórico desde muchos puntos de vista y formas de pensar, en la conciencia de que soy otro y al mismo tiempo soy yo mismo. Es el diálogo lo que nos constituye conhumanidad, como diría José Luis Brea, ese “retorno innumerable”, donde la conciencia social se fragua en las múltiples miradas heterogéneas de una sociedad fragmentada por la guerra. Ya hemos probado que somos capaces de abandonar la violencia con el diálogo: esa debe ser una nueva fase para Colombia, que no se puede permitir un retroceso a la barbarie –la de la guerra y la de nuestro obrar como un cuerpo social que ha sido empático con ella concediéndole espacio y posibilidad–; este es un instante de peligro que exige de todos la voluntad, el deseo y la decisión de poner en la reconstrucción de los espacios comunes nuestra capacidad de transformación: “todas las cosas se cambian en el fuego y el fuego se cambia en todas ellas”, reza el pensamiento de Heráclito, como apreciamos en Fragmentos, que ha pasado por el fuego 53 años de guerra en armas fundidas para un nuevo suelo, un nuevo comienzo, desde este enorme piso que conforma una cicatriz. Ya no estamos ante una herida abierta.

M. BELÉN SÁENZ DE IBARRA

Doris Salcedo, por María Belén Sáez de Ibarra | artnexus