En su reciente exposición en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Cristóbal Cea (Santiago, 1981) presentó una serie de animaciones 3D e instalaciones site-specific que toman como punto de partida videos noticiosos sacados de internet sobre inundaciones de grandes proporciones en todo el mundo, pero que hoy parecieran ya olvidadas. Estos archivos luego fueron sometidos por el artista a un singular tratamiento de animación digital que, como en trabajos anteriores, les confiere un aura fantasmagórica. El resultado es visualmente seductor, conceptualmente ingenioso y ricamente sugestivo, pues no hablamos aquí del simple reprocesamiento de situaciones trágicas con un fin meramente evocativo, ni alarmista ni mucho menos aleccionador, sino de cómo el artista ha logrado que esos registros, fuera del contexto de los mass media, y ya dentro del espacio del arte, se ralenticen y muestren sus mínimos detalles en medio de la superabundancia de imágenes globalizadas, y ante el ejercicio íntimo de percepción aguzada al que finalmente nos conducen. Es a la contemplación y observación atenta de estas imágenes de circulación masiva, de rápido consumo y olvido, a donde Cea nos invita, para así conectarnos –en una suerte de experiencia cuasi mística– con esos eventos, acortando la distancia entre estos y nosotros como observadores.

¿Es posible despertar esa empatía, ahora dormida, por las inconmensurables desgracias mundiales que percibimos como ajenas? ¿Qué acción tomamos frente a ellas? ¿Cómo distinguimos hoy lo simulado de lo auténtico y la ficción de la realidad? ¿Qué tipo de información seleccionamos y cuál desechamos de ese disco duro que archiva nuestra memoria? ¿Qué impacto tienen en el presente, y en otros contextos, esas imágenes del pasado que hemos “dado de alta”?
En la oscura sala del MAVI, Cea crea un ambiente con diversos dispositivos de reproducción, proponiendo un recorrido aleatorio en el que se mezclan sonidos y voces. Algunos monitores reproducen un playlist de esas noticias sobre inundaciones recopiladas por el artista desde 2015, trabajadas con MatchMoving, una técnica de postproducción 3D que permite recrear la cámara del testigo o camarógrafo, para así abordar la distancia que hay entre el espectador, el testigo y el hecho noticioso. Estas intervenciones digitales hacen que los protagonistas de las noticias se conviertan en fantasmas, y las corrientes de agua, en espectros de la debacle. O en la modernidad líquida de la que habla Bauman para referirse a los procesos de cambio sociocultural que se están produciendo en la actualidad y que son provocados, entre otras razones, por la omnipresencia de las tecnologías de la información y comunicación.
La muestra de Cea se titula Seguidores del diluvio, y con ello pareciera señalarnos como colectivo creador y a la vez consumidor de la presente cultura líquida, peligrosa y escurridiza, siempre en constante cambio; a nosotros, los espectadores pasivos y reactivos detrás de las pantallas; a nosotros, los testigos que registramos y compartimos en tiempo real la “espectacularidad” de las desgracias, arriesgando incluso nuestras vidas; a los fans, a los followers, a los que dan likes en una pulsión acelerada, muchas veces, automatizada.
Más allá, en la misma sala, pequeños monitores dispuestos verticalmente –el formato de visualización de teléfonos celulares– muestran animaciones creadas desde cero por el artista. Una de ellas nos presenta a un niño –en realidad, un avatar del mismísimo Cristóbal Cea– tratando de recordar cómo era vivir en Chile de cara a los 90, una década que marca el inicio de la transición a la democracia en el país. El encantador personaje va narrando eventos que lo marcaron durante esos años –noticias que, como aquellos diluvios, son hoy parte del olvido–, en particular dos visitas: la del cometa Halley y la del papa Juan Pablo II. O la llegada de la comida rápida y del plebiscito, en medio del “diluvio” consumista que definió el retorno a la democracia en Chile. Al remitirse a estos y otros hechos emblemáticos del pasado, sea desde el plano autobiográfico, nacional o mundial, Cea reflexiona sobre la noción de “testigo” y cómo esta figura que encarnamos todos determina la construcción de realidades, pasadas, presentes y futuras, y todo lo que ello implica a escala humana y planetaria.
