Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por María Elvira Ardila

Víctor Laignelet

Galería Jenny Vila

Una imagen impetuosa de una casa en llamas nos abre la puerta para recorrer y auscultar la instalación del artista Víctor Laignelet que se inauguró en la Galería Jenny Vila, en Cali. Esta exposición compone una de las secciones del libro el Jardín acosado, que se podría definir como un gran códice, un documento visual que nos lleva a transitar y ahondar en imágenes arquetípicas de la humanidad y, por supuesto, del inconsciente colectivo.

La casa en llamas se gestó en una servilleta, un boceto que le recordó al artista una ranchería en La Guajira. La casa estaba habitada por un hombre y una mujer de la comunidad Wayúu. El hábitat formado por fuego se acentuó cuando lo relacionó con la imagen bíblica de la zarza en llamas, visualizando así un estado espiritual y del éxodo de los israelíes. “Los arquetipos son las fuerzas que gobiernan el mundo de los seres humanos, como las fuerzas físicas gobiernan el universo físico. De allí que las luchas sociales y la evolución espiritual se gestan primero en el plano simbólico de las imágenes. También es una fuerza psíquico-biológica pre-lingüística, que existe hace miles de años antes de la historia”, asegura el artista.

Exposición Individual: Víctor Laignelet — imagen 1
Víctor Laignelet. Ma - Detalle Rótulo 01, 2017. Dibujo y pintura sobre papel entelado. 35 x 25 cm (13 25⁄32 x 9 27⁄32 pulgadas).

Para entrar en este universo de complejidades y enigmas es necesario abrir compuertas y mecanismos creados por Laignelet. Al ser una obra con muchos vectores, que requiere una observación cuidadosa, antes que nada, el espectador es llamado a ralentizar su visión. Una vez se ajusta la mirada, quien observa entra a dialogar con la poética visual que propone el artista, la cual entrelaza diversos aspectos de la historia de la humanidad con microhistorias personales hasta abrir las puertas de la percepción, de acuerdo con William Blake, desarrollando una experiencia sensible y singular.

La segunda pista que nos ofrece Laignelet para descifrar las imágenes misteriosas y visionarias de su obra es prestar mucha atención a los senderos que nos propone esta instalación. No se trata solo de un viaje por el inconsciente colectivo, un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos y que va más allá de la razón. Abre también la posibilidad de entrar en el inconsciente individual, y es viable descender a las profundidades, con travesías y cruces desde lo mítico, lo onírico, lo histórico y lo personal.

¿Cómo traspasar el fuego de esta casa? Laignelet ha creado una “máquina poética y plástica” compuesta por tres interfaces: la primera es un tablero de trabajo donde las imágenes se deconstruyen, quedan desnudas, sin el abrigo del significado. Podríamos decir que en este espacio las imágenes adquieren un estado de neutralidad, sin discursos, y son desprovistas de todas las vestiduras de todos los tiempos. Después vienen un proceso de rastreo por asociación y un juego libre de la imaginación, operación que funciona no solo para el artista sino para el espectador. Por ejemplo, al observar esta imagen arquetípica detonó en mí una serie de imágenes y acontecimientos asociados a la casa en llamas: el establo donde nació Jesús, la Roma incendiada por la locura de Nerón, y extrapolando el ícono a nuestro país recordé las fotografías de la Bogotá incendiada el 9 de Abril, el Palacio de Justicia en llamas en 1985, los voraces incendios en Los Ángeles y en Grecia, visualizando el fin de una etapa de la historia de Occidente.

Luego del proceso de libre asociación de las imágenes, Laignelet hace que su trabajo plástico migre a un rollo de papel en el cual aparecen dibujos, pinturas, gestos, huellas, palabras que se mezclan. Se abre ante nuestros ojos un texto visual, un gran códice de la humanidad. Allí se encuentran los fracasos de la utopía, rayos que fulminan torres, lenguas que no se comprenden, mujeres en marchas en pro de sus derechos, el árbol del conocimiento, sacerdotes como políticos con sus predicaciones, arcanos con sus secretos y revelaciones; también aparece la serpiente sabia y perspicaz. En otro tablero aparecen pequeñas cabezas, una especie de detective que puede encontrar la videncia en medio de la ceguera.

Después de recorrer todo este andamiaje, las imágenes migran a otros planos. La exposición es una relación de movilidad construida a partir de un lenguaje, de gramáticas visuales que tienen una infinidad de posibilidades. El artista ha creado un sistema singular, una “matrix” para realizar su trabajo; ha tejido imágenes místicas, poéticas y crípticas para dar lugar a un texto esencialmente alquímico. Es decir, que entablar un diálogo con La casa en llamas nos hace partícipes de una experiencia purificadora, en la que la pintura nos puede ir haciendo videntes para volver a la casa, reconstruirla y enterrar las cenizas para que renazca ese jardín perdido en el paraíso.

MARÍA ELVIRA ARDILA

Víctor Laignelet, por María Elvira Ardila | artnexus