Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por Christine Frérot

Tomás Saraceno

Palais de Tokyo

No cabe duda alguna que el impresionante proyecto ON AIR (EN EL AIRE) de Tomás Saraceno (Tucumán, 1973) está a la altura de todas las instalaciones importantes presentadas estos últimos años en París, tales como Leviathan Thot de Ernesto Neto, en el Panthéon, en 2006, Chute d’étoiles (Lluvia de estrellas) de Anselm Kiefer, en el Grand-Palais, en 2007 (en el marco de Monumenta), o Dirty Corner (Esquina sucia) de Anish Kapoor, en 2015 EN Versalles. ON AIR no es solo una exposición, en el sentido estricto de la palabra; es también una reflexión, tanto artística como intelectual; un vasto proyecto-manifiesto ecológico-político – ¿profético? – “en forma de ecosistema en movimiento”, como lo expresa la curadora Rebecca Lamarche-Vadel. Es una experiencia visual y sensible totalmente inédita, en donde se cruzan y enmarañan, constituyendo un verdadero desafío, investigaciones y conocimientos científicos con dimensiones artísticas y belleza formal. Es también un proyecto a varias manos, que asoció instituciones científicas, biólogos y astrofísicos investigadores, sociólogos, etnólogos, filósofos, músicos, activistas y comunidades locales. 

Exposición Individual: Tomás Saraceno — imagen 1
Tomás Saraceno. ON AIR (En el aire), 2018. Instalación en Palais de Tokyo. Foto: ©Photography Studio Tomás Saraceno. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Genoa; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York.

Se trata de un recorrido que exige una plena participación del visitante, que aguza su curiosidad, lo invita a dejar atrás su capacidad de reflexión para gozar del instante, implicándolo en la interpretación física y poética de universos inter-penetrados, vivientes y frágiles, que construyen “historias invisibles”. Del Antropoceno al “Aeroceno” (de la Era del Hombre a la “era del aire”, término este último inventado por el artista) el visitante sigue el hilo conductor de “historias” que lo desafían y lo interrogan sobre la naturaleza de su relación con el mundo. Seres no-humanos (arañas), como fenómenos celestes, participan de esa vida impalpable de la que fue alejado el humano, alienado por la materialidad dominante en el mundo.

ON AIR es el más vasto proyecto jamás realizado por el artista argentino. Dos pisos del inmenso Palais de Tokyo nos hacen vivir una “odisea artística, poética y política” en una travesía entre elementos, la luz sucediendo a la oscuridad, el blanco al negro. En efecto, el visitante es primero sorprendido por una oscuridad profunda en la que debe avanzar, casi a ciegas, por varios salones. El recorrido de la exposición cobra su pleno sentido en la sucesión de las dieciocho temáticas que apuntan a diversos aspectos de su capacidad de percepción. El visitante se ve sumergido en el centro de cosmogonías cinéticas en donde se alternan atmósferas vibrantes, transparentes, móviles o brillantes. En Webs of at-tent(s)ion, el inmenso espacio se abre sobre un conjunto de 76 telarañas híbridas (en número de 500 si contamos las diversas especies). Cada hábitat arácneo sugiere un mundo “flotante”, intocable, en levitación bajo la luz. Un espectáculo estéticamente magnífico que nos invita a reflexionar “en nuestra coexistencia con ellas” y en la frágil y fugaz belleza del universo.

Seguidamente, Saraceno convoca al aire y al sonido del aire: Sounding the air y Events of perception recurren a cambios de temperatura, al flujo y a la respiración del visitante, que son traducidos en vibraciones y frecuencias sonoras. Así, el aire se convierte en voz... Partículas y vibraciones son invocadas y se percibe el sonido producido por los hilos de seda de la telaraña. Por momentos, el visitante es transportado sin querer, en una especie de viaje lunar en donde pierde la noción del tiempo al sentirse como proyectado en una constelación interestelar. Entonces despegamos de lo real con un inmenso placer de todos los sentidos.

Al dejar la oscuridad para descender al sótano, la luz blanca nos deslumbra y nos abre a nuevas perspectivas sensibles, visuales y sonoras. La sección “Aerografías” pone en perspectiva las diferentes maneras en que los movimientos de los humanos, de los no-humanos y de los vientos afectan y son afectados por el aire que los rodea. Así, bolígrafos atados a globos se desplazan en función de los movimientos de aire, dibujando, sobre una trama compuesta de telarañas, una especie de planos aleatorios o divertidos Spider-maps gracias al polvo de carbón negro 2.5 proveniente de la polución en Mumbai. Una hermosa fotografía del Salar de Uyuni, en Bolivia, Event Horizon 199.000 light year (Horizonte de evento 199.000 años luz), 2018, abre otra sección. Seguidamente, la sección “Cosmic levitation” (Levitación cósmica) presenta en video partículas de polvo cósmico que se combinan según los ritmos vibratorios de las frecuencias sonoras. La piedra negra de Radio Galena, sin estar conectada a ningún circuito eléctrico, permite captar frecuencias ecológicas y funciona a la manera de un receptor de cristal tradicional.

Polvo, piedra, arenas, energía solar, aires, luz…, todo entra en resonancia, todo concurre, de lo microscópico a lo cósmico, para expresar, según escribe el presidente del Palais de Tokyo, “el flujo del mundo, la invisible y permanente acción de los elementos del universo”.

En Algo-R(h)i(y)thms, una de las últimas y más espectaculares secciones, el visitante es invitado a provocar obras sonoras “en tiempo real” punteando cuerdas de nylon, algunas de las cuales están conectadas a sensores que amplifican el sonido. Del mismo modo, esas cuerdas de nylon forman estructuras semejantes a telarañas o a estructuras de átomos que el visitante recorre para producir sonidos en resonancia con sus pasos sobre el suelo.

Al revelarnos la secreta belleza de la naturaleza, la exposición es, sin lugar a dudas, estéticamente regocijante mientras que, por otro lado, resulta también difícil y exigente. La muestra se termina con el proyecto artístico interdisciplinario de Saraceno, el “Aeroceno”, que propone al visitante comprometerse colectivamente para colaborar éticamente con la atmósfera y el medio ambiente, imaginando “nuevas maneras de habitar los aires, sin fronteras y sin energía fósil”. El Museo Aero-Solar – museo volador compuesto de bolsas de plástico usadas ensambladas colectivamente, en el que el visitante puede penetrar – permite cerrar, con un tono irónico y burlón, la última sección de este recorrido iniciático atravesado por múltiples fulgores visuales y sensibles.

CHRISTINE FRÉROT

Tomás Saraceno, por Christine Frérot | artnexus