Todos los tonos de la rabia. Poéticas y políticas antirracistas

Sandra Gamarra. El museo del ostracismo, 2018. Instalación con 4 vitrinas. 127 x 180 x 40 cm (50 x 70 55⁄64 x 15 3⁄4 pulgadas) c/u. Cortesía de la artista y Galería Juana de Aizpuru.*

Colectivadic 2018 - feb 2019· Por Suset Sánchez

Todos los tonos de la rabia. Poéticas y políticas antirracistas

Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León – MUSAC

“Todos los tonos de la rabia. Poéticas y políticas antirracistas” sustenta una tesis: el racismo es la forma más extrema en la que se afirma la herencia del colonialismo. Es uno de los problemas cardinales del siglo, bajo un nuevo orden mundial donde xenofobia, nacionalismo, odio a los no occidentales, discriminaciones religiosas, sexuales y de género alimentan las políticas del terror que han instrumentalizado los poderes fácticos y el Estado como herramientas de control de la ciudadanía. Los curadores Carolina Bustamante y Francisco Godoy forman parte del creciente activismo que interpela a las instituciones públicas en el Estado español a través de los afectos y vidas de comunidades migrantes y racializadas. Desde el posicionamiento de sujetos políticos no centrados en un modelo occidental, heteronormativo y patriarcal, se han unido en esta experiencia de visibilidad de cuerpos y subjetividades sobre los que pesan las coacciones del sistema mundo moderno/colonial de género, artistas que tienen en común la lucha antirracista diaria; así como la legitimidad de hablar en primera persona, deviniendo voces situadas que reclaman un lugar de enunciación.

La exposición “se centra en el racismo como un elemento estructurante del pensamiento y la vida occidental […] no sólo en Europa, sino en ese pensamiento occidentalizante que se aplicó a las colonias. […] reúne el trabajo de […] artistas, activistas, poetas, intelectuales, todos racializados, […] personas no blancas, […] que realizan una crítica radical a esta dimensión estructural del racismo […]”1. Es ese cruzamiento de la creación con la militancia lo que da frescura a esta exposición, evadiendo los peligros del esteticismo que implica llevar las urgencias de la vida al dispositivo neutralizador del museo. La muestra intenta subvertir la primacía de lo visual como lenguaje legitimado bajo el paradigma moderno de la institución museística. Oralidad y poesía son introducidas en la dinámica expositiva como perturbación, un ambiente sonoro donde las voces se superponen y el contenido de unos textos se solapan con otros. Una provocación que busca incomodar al visitante, echándole en cara el empoderamiento antirracista de Victoria Santa Cruz en el verso orgulloso “me gritaron negra”.

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Daniela Ortiz. El príncipe blanco, 2018. Instalación de libro de artista. (48 p., 21 x 26 cm), dibujos en tela y papel, e impresiones para colorear. Dimensiones variables.*

“Todos los tonos…” se inicia con el poema homónimo de Rafeef Ziadah, la respuesta a la agresión de un soldado israelí que durante una protesta pacífica en la universidad le propinó a la periodista una patada en el estómago espetándole que merecía ser violada antes de tener hijos terroristas. “Dejadme hablar mi lengua árabe antes de que sea ocupada también. Dejadme hablar mi lengua materna antes de que colonicen su memoria también. Yo soy una mujer árabe de color y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira”. Este alarido de resistencia nos adentra en la primera estancia de la muestra, denominada “Crecer en un mundo blanco”. Una reflexión sobre el condicionamiento colonial de la educación en Occidente y la construcción del estamento familiar como espacio iniciático donde se representan las políticas de la diferencia. Del vientre que engendra rebeldía a una mirada sobre la infancia como momento genésico en el que se diagrama el sentido contestatario de una subjetividad racializada, que desde temprano va a experimentar las formas normalizadas del racismo en el entorno doméstico, la escuela, el espacio público, los medios de comunicación, etcétera.

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Fannie Sosa. Cosmic Ass (Trasero cósmico), 2015. Vídeo, color y sonido. 15’ 18”. Cortesía de la artista.

Son reseñables tanto la apropiación que hace Sandra Gamarra del género colonial de la pintura de castas como la instalación de Daniela Ortiz, a partir del libro de artista El príncipe blanco (2018). Rubén H. Bermúdez también presenta una instalación relacionada con el libro de artista homónimo Y tú, ¿por qué eres negro? (2017), que articula en su propia biografía la vivencia del racismo como afroespañol y el despertar de una conciencia racial que conduce a su precoz activismo político. Bermúdez extrae 909 imágenes de archivo y objetos en los que se representa el imaginario racista que ha prescrito la imagen de un sujeto negro estereotipado y subalternizado en la historia del arte, la cultura popular y el imaginario colectivo. Yeison F. García apela igualmente a la memoria privada para reconstruir la experiencia como migrante afrocolombiano en Madrid. Del álbum de fotos familiar comparte pasajes biográficos horadados por el desarraigo, la xenofobia, la desestructuración de los vínculos filiales, la ausencia de la madre obligada a emigrar cuando él apenas contaba con siete años, la convivencia con el fantasma del blanqueamiento en el seno de un hogar multiétnico. La voz de García recita los versos del poemario Madrid negro (2016), en los que describe un triple exilio, el originario de la diáspora africana provocado por la trata esclavista, la partida de Colombia y la condición permanente de extranjería e intolerancia en una ciudad en la que habita y se siente pertenecer desde hace años. Algo que también resulta evidente para Angelo Moșuțan-Zsurkis, que en la instalación sonora Mi voz es ruido (2016) denuncia la discriminación hacia comunidades migrantes del este europeo, en un espacio político que supuestamente se ha diseñado como una integración de Estados en la Unión Europea. Lengua, sexualidad, nacionalidad, se superponen como ejes de la exclusión que relata este artista y activista, autodefinido como marica-bulangiu rumanx migrante de Europa del Este.

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Ingrid Wildi Merino. Arquitectura de las transferencias. La Hybris del punto cero, 2012. Instalación: 99 fotografías b/n 50 x 70 cm (19 11⁄16 x 27 9⁄16 pulgadas) c/u; octofonía, libro de artista (202 p. 21 x 14.8 cm) y vídeo, color y sonido, 8’ 58”. Dimensiones variables. Cortesía de la artista y Galería Aural.*

“Zoológicos de monstruos” comparte sala con “La vida erótica del racismo”, lo cual connota cómo la erotización y conversión del otro en fetiche sexual han sido una de las estrategias para la representación ideologizada de la “inferioridad” de los individuos no blancos. Este esencialismo en términos biológicos o culturales forma parte de una noción moderna y binaria de la categoría raza como resultado de las taxonomías coloniales eurocéntricas llamadas a justificar el dominio y la violencia sobre poblaciones no europeas, definidas como salvajes frente al proyecto civilizatorio blanco, europeo, cristiano, heterosexual y burgués. En ese primer tema cabe destacar el video –registro de Paula Heredia– de la performance The Couple in the Cage: Guatianaui Odyssey (1993) de Coco Fusco y Guillermo Gómez-Peña, realizada como una crítica en el contexto de las celebraciones del mal llamado V Centenario del Descubrimiento de América, o Abya Yala; así como Sed de venganza, el lado pornográfico de la historia oculta del colonialismo (2016), del colectivo Terrorismo Teatral Migrante.

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Rubén H. Bermúdez. Y tú, ¿por qué eres negro?, 2017. Instalación de vídeo (color y sonido), fotografías sobre panel y materiales documentales en vitrina. Dimensiones variables.*

Fannie Sosa revierte esa imagen exótica del cuerpo femenino racializado en Cosmic Ass (2015). En este video, que juega con los códigos de diferentes productos media, la artista reivindica el twerking como una práctica de resistencia para empoderar a la mujer a través de la autoexpresión, el movimiento y el placer, en conexión con tradiciones ancestrales de danzas y rituales de fertilidad africanos y de mecanismos de contracepción en la diáspora africana. La performatividad de Sosa explora una corporalidad racializada como signo de orgullo para ocupar el espacio público y disentir de las rutinas asépticas impuestas sobre los cuerpos otros; para revertir los ejes de una violencia estructural ejercida sobre estos en el sistema colonial/capitalista, como piezas para la productividad y la reproducción. Linda Porn elabora el manifiesto de una Puta mestiza (2014) sobre cuyo cuerpo se perpetúa la presión racista y heteropatriarcal del colonialismo en las relaciones sexuales de una mujer migrante. En ella se reflejan las renovadas mecánicas de explotación del cuerpo bajo el capitalismo global y el tráfico de seres humanos. Sin embargo, no se habla aquí desde la posición de víctima, sino con la consciencia del contenido político del trabajo sexual y de cómo este incide en los desplazamientos entre la esfera pública y el territorio micropolítico de las vidas privadas y lo doméstico.

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María Galindo / Mujeres Creando. La Virgen Barbie, 2010. Fotografía a color sobre lona. 150 x 112 cm (59 1⁄16 x 44 3⁄32 pulgadas). Cortesía de Mujeres Creando.

 “No esperaban que sobreviviéramos”, acápite final de la exposición, alude a una historia del conocimiento a contracorriente de la epistemología occidental y de las formas de producción y transmisión de los saberes eurocéntricos. Se piensa en prácticas locales, formas de pervivencia de la memoria oral, espacios de aprendizaje al margen de instituciones modernas como archivos, bibliotecas, museos, universidades; una cultura fuera del paradigma bibliófilo. El museo del ostracismo (2018) es una instalación en la que Sandra Gamarra reproduce una serie de huacos cerámicos prehispánicos confinados en museos europeos. Simulando un museo etnológico, la artista dispone vitrinas en las que el reverso de estas piezas pintadas y robadas de sus contextos originales, desprovistas de su función cotidiana, muestra la nomenclatura xenófoba y racista con que los sujetos migrantes y racializados son nombrados despectivamente en Europa. Objetos y personas quedan sometidos a una clasificación y un orden absurdos que intentan respaldar la colonialidad persistente en las sociedades actuales y los nuevos modos de explotación.

Por último, Arquitectura de las transferencias. La hybris del punto cero (2012), instalación de Ingrid Wildi Merino, toma como referencia un texto de Santiago Castro-Gómez que explica cómo ciencia y política se unen en el proyecto ilustrado para edificar una coartada humanista en la expansión imperialista de la racionalidad moderna a través del colonialismo. Los rostros de 99 intelectuales, políticos y figuras de contextos históricos diferentes trazan las cartografías de epistemologías otras, decoloniales, que hacen una crítica radical al colonialismo y al eurocentrismo del pensamiento y la ciencia modernos. En esta perspectiva podría ubicarse la contestación que el colectivo Mujeres Creando efectúa al discurso religioso monoteísta del cristianismo a través de La virgen Barbie (2010). Mito e historia colonial son deconstruidos en esta ficción en clave feminista y etnorracial.

NOTA

1. Francisco Godoy y Carolina Bustamante. Vídeo-recorrido con los comisarios. https://www.youtube.com/watch?time_continue=34&v=KoRCtfoHEMU

Artistas participantes en la exposición: Gloria Anzaldúa, Lucía Egaña Rojas, Yeison F. García, Sandra Gamarra, Guillermo Gómez-Peña, Nadia Granados/ La Fulminante, Rubén H. Bermúdez, Paula Heredia/ Coco Fusco, Ira Sudaka, Johan Mijail, Angelo Moșuțan-Zsurkis, Jota Mombaça, María Galindo/Mujeres Creando, Daniela Ortiz, Yos Piña, Linda Porn, Silvia Rivera Cusicanqui, Victoria Santa Cruz, Fannie Sosa, Terrorismo Teatral Migrante, Ingrid Wildi Merino, Will Yacome, Rafeef Ziadah.

* Cortesía: MUSAC.

SUSET SÁNCHEZ SÁNCHEZ

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