El título advierte que la exposición tiene una trama compleja: Paradoxon Spirituale (Paradoja espiritual). ¿Por qué escribirlo en otros idiomas, paradoxon en alemán o griego y spirituale en italiano? Quizás para darle una dimensión universal a la problemática que plantean Oscar Murillo y Wilson Díaz en esta muestra conjunta. Por definición, una paradoja es una afirmación que, a pesar de proveer un razonamiento aparentemente válido, conduce a una conclusión contradictoria o lógicamente inaceptable. Por otra parte, la espiritualidad está relacionadas con lo inmaterial, que, si bien está presente en las obras de estos dos artistas, no es fácil de percibir por la fuerte carga socio-política que estas conllevan.
Murillo y Díaz se inspiran en lecturas de documentos que superan su valor histórico y generan espacios simbólicos en los que se plantean las constantes preocupaciones de sus prácticas estéticas. La mayoría de las obras presentadas por Díaz se basan en portadas de discos de vinilo de música protesta latinoamericana y en la revista de tiras cómicas Hombres de Acero, producida y distribuida por el ejército colombiano a finales de la década de los noventa y principios del siglo XXI. En ella, la realidad del país se reduce a una confrontación simplista entre las fuerzas del bien, representadas por los comandos militares, y las fuerzas del mal, representadas por extraterrestres o “aliens”. Al presentar al ejército como defensor de la patria, la historieta pretendía no solo inspirar entre los lectores un sentimiento de admiración sino también promover la afiliación de los jóvenes al servicio militar. Al igual que en trabajos anteriores, Díaz analiza el complejo contexto histórico, social y político del país y critica la forma como la población es manipulada a través de medios populares o masivos como la música y la historieta.

Por otra parte, la instalación de Murillo, que ocupa el área central de la galería, está inspirada en la primera novela proletaria de América Latina titulada Parque Industrial (1933), escrita por Gabriela Galvao, miembro del movimiento Antropofágico de Brasil. El libro narra la historia de una mujer cuyo cuerpo termina siendo el territorio en el que se manifiestan violentamente distintas tensiones históricas propias de los procesos de colonización. A través de la instalación, que sirvió de escenario para el performance realizado por el artista, Murillo cuestiona, al igual que en obras anteriores, los distintos significados que conllevan temas como el trabajo, la feminidad y la violencia.
Como explica Beatriz López, directora artística de la galería y curadora de la muestra, “tanto en la novela como en el cómic los personajes están sujetos a un proceso de deshumanización. En el caso de Parque Industrial, el obrero -y más aún la obrera, gracias a sofisticados procesos de manipulación, se escinden de su esencia y se objetiviza, mientras que, en el fanzine, al enemigo se le otorgan cualidades monstruosas que funcionan como atenuantes ideológicos que puedan llegar a disculpar su exterminio. El alienígena como perseguido político, el extranjero. En ambos casos la dimensión remota del entorno, ya sea en la fábrica o en las zonas rurales de Colombia, permite que esos procesos permanezcan invisibles, y que, por lo tanto, se conviertan en lugares permisivos a lo atroz.”
El tema del “alien” –que en inglés significa extraterrestre pero también extranjero- adquiere una connotación personal para Díaz al ser testigo de una experiencia de carácter xenofóbico durante su residencia en el DAAD, en Berlín (2017-2018). En el caso de Murillo, también existen referentes autobiográficos como lo ilustra la inclusión de la fotografía de su madre en la obra Catalyst (1987-2015).
Durante su estadía en Alemania, Díaz desarrolla una serie de obras relacionada con el patrimonio precolombino y en especial con el Parque Arqueológico de San Agustín, ubicado a aproximadamente 30 kilómetros de Pitalito, Huila, su ciudad natal. En el 2013, una muestra programada en el Museo Nacional de Bogotá que debía incluir varias de las estatuas monolíticas de la zona fue cancelada, no solo porque un grupo local consideraba que no debían ser movidas por su carácter sagrado, sino también porque la comunidad exigía que fueran devueltas las esculturas que hace aproximadamente 100 años se llevó el etnólogo Konrad Theodor Preuss a Alemania y que actualmente pertenecen a la colección del Museo Etnológico de Berlín. Díaz establece conexiones entre esta historia, los mitos relacionados con el sitio –hay quienes testifican que se han observado ovnis en el área y que se han encontrado objetos de origen extraterrestre- y las condiciones de vida de los grupos indígenas, y desarrolla una obra pictórica que encaja perfectamente en su investigación sobre la forma divisoria como se definen y perciben distintas sociedades y culturas.
A nivel curatorial, se crea un interesante contrapunteo entre estas obras de Díaz y las piezas “negras” de Murillo, hechas con lienzos negros cortados en tiras o puestos a modo de telón en la instalación. La forma como hace estas piezas es una especie de performance, de acción ritual. Según Omayra Alvarado, directora ejecutiva de la galería, el artista “tira la tela, la cubre con óleo, luego con brea, la quema, camina sobre ella, vuelve y la pinta, vuelve y la quema, hace todo un ejercicio para impregnar esta pieza con su energía, transformado estos telones y tiras en bloques energéticos, generando tensiones en el espacio. Estas piezas también hacen referencia a una tradición latinoamericana donde la construcción de pensamiento va de la mano de lo ritual y lo invisible”.
Es interesante anotar que los trabajos de Díaz, quien reside en Cali pero que ha tenido la oportunidad de trabajar fuera del país, y los de Murillo, quien ha estado la mayor parte de su vida en Londres pero que tiene una fuerte conexión con Colombia, se combinan en esta muestra para mostrar que los conflictos y las problemáticas socio-políticas que los preocupan e inspiran trascienden fronteras, y que, de una forma imperceptible a la vista, están impregnados con una fuerte carga espiritual.
FRANCINE BIRBRAGHER PhD
