Luego de realizar importantes proyectos de carácter colectivo interviniendo paisajes naturales y urbanos en diversos países del mundo, el artista y arquitecto Miguel Braceli (Valencia, estado Carabobo, 1983) realizó su primera exposición individual en Venezuela, su país natal, en Espacio Monitor, en el Centro de Arte Los Galpones. Esta muestra reunió, en tres importantes secciones, imágenes y elementos esenciales que hacen referencia a aquellas intervenciones en paisajes amplios y abiertos: una gran instalación espacial, un muestrario de maquetas y muestras de materiales que conforman sus “libros”, exhibición de fotografías, y un espacio dedicado a la presentación de las diversas acciones que fueron en su momento registradas en videos. La concepción y puesta en escena de la exposición estuvieron en manos del artista, quien trabajó en equipo con el curador Miguel Miguel García.
Este conjunto remite a las diversas acciones que Braceli ha realizado en diferentes países como Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, Estados Unidos, Venezuela y España. En todas es distintiva –e indispensable– la participación de numerosas personas pues es la acción colectiva la que induce la transformación del paisaje a gran escala. En efecto, se trata de crear, entre todos, enlaces o estructuras en el espacio utilizando, según los casos, enormes pliegos de material plástico (cintas de polietileno), telas, hilos o cuerdas, que permiten la transformación de ese paisaje. Ello tiene diversas implicaciones. Por una parte, como arquitecto, hacer del espacio el cuerpo de su trabajo, considerando, paradójicamente, no la construcción material de un espacio para la convivencia sino, por el contrario, realizarlo partiendo desde el lado inmaterial de este –el aire, el entorno– como el elemento propicio para la conformación de un nuevo territorio transformado por el gesto –o el trazo– colectivo. Como artista, por otra parte, crea formalmente un enorme “dibujo” dinámico en el paisaje, debido a las líneas generadas con los largos pliegos de tela o plásticos que transportan las filas de los participantes en su desplazamiento continuo, estableciendo lazos comunicantes. Desde cualquiera de los dos puntos de vista, el resultado es la transformación del entorno. Según los emplazamientos seleccionados, las implicaciones conceptuales de alguna forma varían, pues cada contexto determina cambios de sentido.

Ahora bien, la escala constituye un elemento de importancia en todas las intervenciones de Braceli. En las realizadas in situ, ello se visibiliza no solo por los grandes emplazamientos –la plaza Caracas o el Rectorado de la Universidad Central de Venezuela, el volcán Irazú, en Costa Rica, o las lomas de arena en Santa Cruz, en Bolivia, entre muchas más–, sino en la participación masiva de personas que cada acción implica. Se trata de acciones, desde este punto de vista, monumentales. Este factor de alguna forma es trasladado a la exposición realizada en Espacio Monitor. Por algo, el título de la muestra así lo indica: 1:1, es decir, la relación exacta en la proporción entre la realidad y su representación. El resultado puede percibirse en la gran instalación espacial que ocupa la sala central de la galería, así como en los videos a una escala proporcional a la de la realidad. Esta exposición fue concebida, en tal sentido, con el mismo criterio relacional que impera en las acciones del artista. No se trata solo del “muestrario” de los materiales empleados en las intervenciones en el paisaje, sino de una gran composición espacial, donde estos materiales, por su ubicación, tamaño, distribución y formas, están dispuestos en una instalación –que conforma un gran dibujo en el espacio– a escala 1:1.
Esta exposición da cuenta, por una parte, de la línea de investigación que Miguel Braceli ha venido desarrollando con sus construcciones e intervenciones efímeras en el paisaje; y por la otra, denota su vocación pedagógica, por la manera sistemática de componer los diversos materiales en el espacio. Parte de su labor docente ha sido, justamente, trabajar fuera del aula tomando como punto de partida la experiencia corporal y su relación con el espacio. En el fondo, se estableció asimismo para esta ocasión una interesante relación corporal entre el espacio, la obra y el público visitante.
Miguel Braceli ha obtenido recientemente importantes reconocimientos que amplían sus posibilidades de trabajar en nuevos y diversos escenarios internacionales. Solo este año 2018, recibió el Premio AICA 2017 por su proyección internacional, que incluyó importantes reconocimientos el año anterior en España; recibió el Leslie King-Hammond Graduate Award del Maryland Institute College of Arts, donde realizará un máster en Bellas Artes hasta el 2020. Asimismo, obtuvo la Beca Fulbright para continuar actividades en Estados Unidos y publicó este año su libro Coreotopías, con textos de Félix Suazo, Lorena González y Gerardo Zavarce, publicación que sintetiza su trabajo realizado en los distintos paisajes de Iberoamérica.
SUSANA BENKO
