Invisible fue el título de la exposición realizada por Marie Orensanz en la galería Ruth Benzacar durante el mes de agosto y septiembre de 2018.
traspasar a través de lo visible
ver más allá... de la materia
lo que vemos no es solamente lo que vemos…
lo complejo del ser humano es una suma de vivencias
descubrir o recrear motivar... completar... respetar
somos un fragmento de pasado y de futuro...
m.o. montrouge 2018
Este breve párrafo que introduce a los visitantes en la exposición confirma la presencia permanente de la palabra en su trabajo. Así, este texto operó como clave de sentido en el recorrido de la contundente propuesta de la artista argentino francesa en Buenos Aires.

El proyecto de la puesta en escena de las obras exigió el gran espacio de la galería totalmente vacío. El conjunto integró una decena de piezas en metal o resina simulando hierro oxidado, otras en acero calado con palabras en su caligrafía habitual de corte circular, y algunos de sus fragmentos de mármol con fórmulas y signos inscriptos.
Se trató de una instalación para ser recorrida a derecha e izquierda de la gran sala en avance hacia una monumental pieza final, un gran ojo de cerradura en acero corten que no consistía solamente en una silueta, sino que tenía la capacidad para albergar a una persona de pie y la palabra ‘invisible’ se hallaba calada en la parte superior. Varios de los vocablos inscriptos en las diversas piezas son verbos en infinitivo que sugieren una acción. Una de las difundidas máximas de la artista "pensar es revolucionario", estuvo presente una vez más para recordar que el origen de la acción humana en el mundo es interno-externo.
La valoración espacial de la gran sala formó parte del concepto total de la exposición, en tanto el conjunto apelaba a una invitación a experimentar de manera física también la interpelación de las palabras, una sugerencia a hacer carne el lenguaje, inscripto en las piezas. Este componente perceptivo esencial aquí lleva a recordar una instalación en galería El taller, Buenos Aires, 1968, en la cual la artista presentó estructuras primarias en madera pintada de blanco, formas abstractas de base geométrica que habían adquirido una movilidad corpórea humana en su diseño constructivo, y yacían en el piso en diálogo con el espacio neto, listas para una recepción corporal de parte de los visitantes. Aquella sugerencia estuvo presente en el fundamento de la puesta actual: presencia del espectador de manera vivencial como experiencia dentro del recorrido y frente a cada pieza como disposición de ánimo para encarnar el sentido de las palabras contenidas en las obras.
Una de las obras, tres marcos vacíos llevan inscripta la expresión “El ambiente condiciona a la gente”. El significado del verbo condicionar podría tener un sentido negativo. Sin embargo, en este proyecto expositivo, hace evidente un llamado a la ampliación de consciencia. Así, cada una de las piezas propone una experiencia difícil de soslayar, en tanto contiene sólo a través de la ‘invisible’ palabra un poder de transformación, que no es otra cosa que el principio del arte.
…Era… realizada en poliamida es la primera obra que los visitantes encuentran a la derecha. La copia de una antigua plancha herrumbrada que muestra de frente su base, sobre esa superficie exhibe la palabra “era”, como tiempo pasado del verbo ser en tercera persona. En la producción de la artista ha estado siempre presente el tema de género de un modo precursor y personal. Esta pieza puede contener una insinuación a la acción de planchar, asociado en el pasado a las mujeres, o sólo aludir al menor uso de ese electrodoméstico en la vida contemporánea. Sin embargo, con mayor precisión se advierte que la concepción del arte de Marie Orensanz, su pensamiento y sus procedimientos, parten de un enfoque femenino sobre el mundo. Las obras actuales incluyen ya no sólo lo intelectual sino también lo corporal de manera tácita, a lo que suma la recepción emocional y afectiva, paralela al pensamiento, entendido, a menudo, sólo como racional. Dos trampas con filo dentado llevan la inscripción ‘atrapados’. Otra obra incluye la frase otrora infantil “cada cual atiende su juego” simbolizado por dos caracteres del número uno que se personifican dándose la espalda. La interpretación abarcativa podría referirse al sistema político económico que domina parte del mundo, por ejemplo. Una placa de aluminio es cosida por una soga y un nudo que cuelga remite al de las horcas, y la palabra calada es ‘acordado’.
Sin embargo, la exégesis del conjunto parece demostrar que, a menudo, la artista que practica esta mirada entre crítica y compasiva sobre las acciones humanas, también enumera en el texto potencias positivas en el accionar humano, como “descubrir o recrear motivar... completar... respetar”, en donde la creación artística como manera de reelaborar situaciones y lecturas de lo político, social, o económico, de la realidad es un camino abierto. Los tres primeros verbos parecen vislumbrar la posibilidad de una transmutación.
Finalmente, si se vuelve a la pieza principal, que posee atributos performáticos ya que posee una cualidad un tanto mágica en donde una persona puede estar de pie dentro del ojo de una cerradura de gran tamaño. Y, si vuelve la vista hacia la parte superior, vislumbra la palabra ‘invisible’ que sólo puede leer quien esté de pie dentro de la obra. La persona está sola en un espacio imaginariamente ínfimo que permite una entrada y una salida. La palabra ‘invisible’ posee tal vez la clave de una solución no sólo individual, sino de manera factible, general. Tal vez, remita a algo tan antiguo como la inscripción griega “Conócete a ti mismo”, atribuida a varios filósofos de aquella cultura milenaria, que fue cuna de Occidente.
MERCEDES CASANEGRA
