Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por Graciela Kartofel

Manuel Mendive y John Rowe

The Bronx Museum of the Arts

La gran sala en el Museo del Bronx impone silencio. Las obras de Manuel Mendive son poderosas en sí mismas y establecen una mirada barroca diferente. No hay allí hipersaturación ni estallido de colores. El predominio de los verdes crea una sensación de relax; de estar un tanto expuesto a la naturaleza y como en una visita a un bosque. Asimismo, en la variedad de colores que Manuel Mendive utiliza hay una entonación agrisada que modera todas las situaciones, aunque también hay pequeños toques de blancos puros y puntos luminosos en escenas nocturnas. Sabiendo que estamos muy avanzados en el primer cuarto del siglo XXI, nos preguntamos si sigue teniendo validez la obra ritual, de carácter ingenuo-surrealizante y primitiva, figurativa, orgánica y narrativa. Estas cualidades han sido en gran parte propias de los momentos tempranos del arte en América Latina, cuando los artistas miraban sus raíces naturalmente y/o cuando se propusieron reflexionar acerca de sus orígenes, en vez de seguir las enseñanzas y los movimientos que ocurrían en Europa. En todos los casos, la respuesta es que si hay autenticidad, es válido. Cuando los gestos artísticos son superficiales –sin importar cuál es el estilo–, no tienen validez.

Al visitar una exposición de Manuel Mendive se respira autenticidad: la mirada se alimenta de ella, se descubren la virtuosidad unida a la fantasía y lo orgánico representado con cuerpos humanos, animales y vegetación. Lo orgánico es clave en el hacer de este artista cubano que viene pintando, forjando técnicas mixtas, acciones, esculturas, dibujos, sillas y objetos, entre otras manifestaciones.

Exposición Individual: Manuel Mendive y John Rowe — imagen 1
Manuel Mendive. Fragmento de Paisaje 02, 2017. Acrílico sobre tela montada en madera. Dimensiones variables. Cortesía: Bronx Museum.

Uno de los aspectos que identifican la obra de Mendive es la correlación entre lo pintado y las formas o los contornos de las superficies donde pinta. Algunos lectores dirán: “si es pintura acrílica sobre tela montada en madera, como hacen muchos otros autores”. Eso es cierto, esta combinatoria existe desde hace centurias. A diferencia de esos antecedentes, las presencias que muestra Manuel Mendive en sus obras se diferencian por sus contornos, por el semianulamiento de la utilización de los objetos cotidianos que pinta y/o aquellos a los que les cambia el uso, como en el caso de las sillas, que las torna pedestales para objetos escultóricos, y de las escaleras, a las que usa como soporte para pintar alegorías poéticas.

Las obras grandes, bidimensionales, ubicadas en las paredes de la sala, tienen contornos irregulares. La parte inferior es recta, semirrecta o un tanto curva. Esa parte inferior comienza a curvarse en ambos costados al iniciar ambos. Estos laterales son también ocasionalmente rectos o se activan en una serie de ondulaciones no simétricas hasta llegar a la zona superior del cuadro en la cual continúan las ondas. Las obras de esta exposición que se titulan Fragmentos de paisaje sí parecen fragmentos de paisaje pintados sobre trozos de corteza desgarrada de los árboles. Los ángulos rectos no son amigos favoritos de Mendive; por el contrario, la sensación de trozado –por la tormenta, o como si fuera posible arrancar un trozo de árbol– es lo que prevalece. Estas pinturas de contornos irregulares simbolizan la isla de Cuba, país de origen de Manuel Mendive. Tanto en las pinturas que van al muro como en aquellas que son semicirculares y semiautoportantes predominan las curvas alrededor de todos los contornos, excepto, o en menor densidad, en el borde inferior.

Fragmentos de un paisaje son escenas enteras o con friso inferior pintado. En ellas, los árboles son diferentes y son usados como sillas, apoyos o excusas temáticas. También hay sillas mendivianas que el artista ha pintado, tallado, agregado tallas, incrustado y/o claveteado con diversos materiales, y por todos sus lados. Los seres humanos tienen rostros y cuerpos distorsionados y pintados, un tanto semejantes a ciertos “marcianos” que empezaron a salir en los cómics de Latinoamérica, allá por los años 70 y 80. Al conocerse el fotógrafo John Rowe con Manuel Mendive surgió el hacer fotografías sobre las performances. Las tomas son ricas en sus ángulos e inclusiones. Las fotografías funcionan mucho mejor agrupadas de a cuatro. Por el tipo de impresión –C-print montada sobre aluminio–, las luces reverberan ricamente, se tienen buenos detalles del artista pintando en los cuerpos y se concreta una veta mendiviana de hacer trabajos que podrían ser también escenográficos.

Hay dos aspectos que se deben señalar. Uno, cada pieza tiene sus propios perfiles; dos, en las figuras humanas hay rasgos de antropomorfismo y de alteraciones en los animales. Por otro lado, el trabajo de Manuel Mendive es localista para los países en desarrollo y es sumamente ritual, ligado con deidades centroamericanas. Como artista que lleva a cabo acciones (performances), Mendive establece un vínculo entre lo aborigen y lo conceptual. Esto revela uniones entre ciertos aspectos del arte moderno –primera mitad del siglo XX– y la postmodernidad, entrando con ambos al siglo XXI –como se mencionó al inicio–, con el derecho ganado por su autenticidad.

GRACIELA KARTOFEL

Manuel Mendive y John Rowe, por Graciela Kartofel | artnexus