La sensación que una persona experimenta al entrar a la exposición de Juan Iribarren en la Galería Cecilia de Torres es de tranquilidad contemplativa. Sus obras son ventanas a atmósferas estilo zen, desconectadas del caos que se encuentra en las calles de Nueva York. Respira profundamente y alcanza un estado casi meditativo antes de darse cuenta de que no puede quedarse quieta y simplemente admirar las obras. Se mueve despacio a través de la galería y analiza no solo cada pieza, sino también cómo estas están interconectadas.
Como recuerda el artista, eso es exactamente lo que llevó al curador Juan Ledezma a trabajar en esta exposición1. Mientras visitaba el estudio de Iribarren, a Ledezma lo desconcertaron las relaciones que existen entre las últimas pinturas (2016 -2017), las fotografías en blanco y negro y los dibujos a lápiz. Se interesó particularmente en cómo un trabajo se conecta con el otro y en el inusual diálogo que existe entre la pintura, el dibujo y la fotografía. Estos tres cuerpos de trabajo inspiraron el título de la exposición: Paredes, ventanas y nocturnos. Las pinturas monocromáticas, en su mayoría blancas y azules, se convierten en “paredes”; los lienzos divididos en cuatro o cinco campos parecen “ventanas”; por último, los “nocturnos” representan las pinturas que produce por la noche, especialmente en el invierno, cuando prevalece la oscuridad.

El título también resume los elementos formales del proceso creativo del artista: luz, color, atmósfera y tiempo. Iribarren explora el reflejo de la luz utilizando líneas simples, cuadrículas y tonos de colores. Planos blancos dibujados con trazos de grafito expresionistas, lienzos de lino con cuadrículas pintadas con tonos celestiales y fotografías en blanco y negro de su estudio en diferentes momentos del día son el resultado de la exploración de lo que él llama “luz circunstancial”.
Su proceso pictórico capta los tonos cambiantes y las variaciones de color y luz que encuentra en su estudio. Como explica el artista, “a medida que persigo la luz, el color de mi trabajo se convierte en una acumulación de pinturas diarias. Cuando el aceite está mojado, se mezcla. Cuando está seco, produce un esmalte. Pinto entre diez y doce capas sobre cada lienzo. El resultado es una acumulación opaca que es apenas translúcida. Ese color atmosférico único que alcanzo en mis pinturas está formado por las capas de colores que están debajo”2.
A nivel formal, sus pinceladas altamente gestuales realizadas en capas generan la base geométrica de sus composiciones. Los planos de colores más claros se convierten en espacios tridimensionales con la aplicación de simples líneas más oscuras. En el núcleo de estas estructuras se encuentran los gestos del artista, líneas estructurales, fundamentales y monocromáticas, que revelan sutiles marcos subyacentes ocultos debajo de las superficies pintadas al óleo. A través del uso magistral de las líneas y la composición, Iribarren logra crear una especie de abstracción “visualmente perceptiva” que trasciende los parámetros de la abstracción geométrica de borde duro. Es importante tener en cuenta que no pinta a partir de bocetos. Sus dibujos en papel son en realidad interpretaciones gráficas de sus pinturas. Sus obras sobre lienzo siempre van primero. Trabaja simultáneamente en tres o cuatro pinturas de diferentes tamaños, que varían entre doce y setenta pulgadas (30,5 y 178 centímetros). Como él explica, “si estoy trabajando en un formato grande y me siento perdido, voy a uno pequeño. Usar lienzos de diferentes dimensiones me permite alejarme. Es más fácil que si todos tuvieran el mismo tamaño”3. Le gusta estimular diálogos entre los diferentes formatos y por eso, como se puede ver en la exposición, crea dípticos combinando lienzos con los mismos tonos de colores de distintas dimensiones.
Las pinturas también son la base de una interesante serie que resulta al fotografiar sus lienzos en diferentes momentos del día. En el 2000, comenzó a notar las sombras creadas por los rayos de luz que atravesaban las ventanas de su estudio. Se interesó por las nuevas composiciones abstractas resultantes del diálogo entre la obra de arte y las sombras, por lo que decidió fotografiar lo que él llama “circunstancias leves”. Lo que empezó como un proceso de documentación evolucionó hacia una nueva y emocionante forma de explorar la abstracción. Las fotografías incluidas en esta exposición estudian no solo el efecto de la luz en las pinturas y su transformación en nuevas obras debido a las líneas y áreas dibujadas por las sombras, sino también el efecto difuminado que combina los bordes de los lienzos con la superficie de la pared.
Con motivo de la exposición se publicó un catálogo ilustrado que incluye un prólogo de Cecilia de Torres, directora de la galería, y ensayos de Juan Ledezma, curador de la exposición, y de Sandra Pinardi, profesora de Filosofía.
NOTAS
1. Entrevista telefónica con la autora, octubre 16, 2018.
2. Ibid.
3. Ibid.
FRANCINE BIRBRAGHER
