No es de hoy que la obra de José Rufino se apoya fuertemente en la memoria, sea ella personal, sea histórica. Hay ocasiones en que ambas posibilidades convergen, toda vez que la vida del artista y el pasado de su familia y de su tierra se confunden y, a veces, son paradigmáticos del curso de los acontecimientos del país. De los datos socio-históricos, como el ciclo de la caña, el poder e influencia de los señores de ingenios y los movimientos campesinos a los afectos familiares y desarrollos de las expresiones artísticas, es cierto que siempre hay un retoño en la producción “rufiniana”. Los rizomas que generan se propagan en múltiples direcciones y establecen relaciones dialógicas con temas más amplios.

Rufino tiene un método de trabajo minucioso, detallista. Cada escogencia es pensada, y contempla varias esferas de significados. Parte generalmente de un recuerdo, que puede ser suyo o prestado, puede tener un dueño individual o un grupo, o hasta referirse a todo un pueblo. El artista ya lidió con las huellas que una figura casi mítica, como su abuelo, dejara en el lejano campo, con la nostalgia de toda una generación que perdió seres queridos en los años de plomo, y ya le cogió el tiro en los intersticios de una memoria ficcional, como en la instalación Ulises (Casa Francia Brasil, Rio de Janeiro, 2012), mezclando el héroe de la Odisea con la narrativa de James Joyce y refundando la jornada del personaje con la adición de elementos recolectados en largas peregrinaciones por la capital fluminense.
A propósito, fue la literatura la que marcó las primeras experiencias de Rufino en el arte, a través de la poesía visual y del arte postal. Y es la casa de la literatura la que recibe esta individualidad tan particular en São Paulo. La Biblioteca Mario de Andrade es el lugar de Limbo, una exposición hecha a partir de una “descuraduría”, como la describe el propio artista. Con más de treinta años de carrera, es de imaginar que Rufino tenga una vasta colección de proyectos, prototipos y objetos, muchos a la espera de una oportunidad para ser transformados y salir del “limbo” donde se encuentran. Así fue el proceso de acopio de piezas para la exposición, exhibida originalmente en el Espacio Cultural José Lins de Rego, en João Pessoa.
Con el desafío de mirar nuevamente todo lo que se hallaba relegado al olvido en su taller, el artista emprendió un esfuerzo intensivo de selección, encontrándose con cosas que iban desde trabajos inacabados hasta objetos que casi ya no recordaba por qué los había recogido. Mucha cosa tuvo que ser restaurada y muchas fueron re-significadas, hasta llegar a un conjunto de aproximadamente 250 piezas, que van de maquetas y documentos, e incluye ítems que él llama pre-obras o proto-obras, y culmina con trabajos terminados apenas ahora, especialmente para esta exposición. Rufino, que aquí responde al desafío de curar su propia obra, entiende la reunión de estas piezas como “un cuerpo único, un archivo quimérico o una cuerda de tiempo hecha de los hilos de varias edades y diferentes asuntos”. Incluso después de haber reunido y reorganizado una selección representativa tan abultada, esta resulta aún una muestra de un todo mucho más vasto. Para esta ocasión, resistieron las cosas que sirven a la narrativa de un proceso de trabajo cuya tónica subyacente exuda asuntos predilectos de su poética, como nostalgia, memoria, cuerpo, relaciones entre público/privado y oprimido/opresor. Funciona casi como una narrativa historiográfica de la construcción de su producción como un todo. Súmese esto al catálogo, y tendremos casi un “manual para comprender la obra de José Rufino”.
El montaje obedece a una organización en tres secciones. En la lateral del atrio de la Biblioteca encontramos las primeras experiencias artísticas de Rufino. Hay un dibujo de infancia, ejemplos de sus experimentos con poesía visual, –en verdad, desdoblamientos de sus poemas y cuentos–, y arte postal. También están allí pinturas gestuales hechas a la manera del Gutai, grupo cuyo descubrimiento fue una gran revelación para el artista.
La sala central recibió una estructura baja en forma de U, que acompaña el formato de la pared, y es aquí en donde está la mayor parte de las obras de esta muestra, dispuestas sobre el pedestal o la pared, en una configuración que hace que se integren como un gran libro que puede ser leído en cualquier dirección. Muchas de las piezas de esta sección tienen doble fecha, pues su terminación sólo ocurrió especialmente para Limbo. Es el caso del libro-escultura purgatio 1 (2005-2018), que consiste en un antiguo compendio de medicina sobre el que fue derramada una masa de yeso
El gran finale se da en el 4° piso, con la ocupación inédita del patio externo, donde fue instalada Exhumed corpus (2015-2018). Composición de troncos oscurecidos, su aspecto “sucio” se sobrepone a la asepsia del piso impecablemente limpio. Un cuerpo cuya presencia aflora del limbo y se lanza al mundo, natimortamente1 empuñando su banderín negro contra la luz enceguecedora del día.
NOTA
1. palabra que no se puede traducir.
SYLVIA WERNECK
