Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por Alessandra Simões

José Damasceno

Galería Millan

La inquebrantable creencia en la pulsión creativa mueve el trabajo del artista José Damasceno, como se hizo evidente en su primera exposición individual, en la galería Millan, en São Paulo. La muestra ESCADABSTRATA reunió un conjunto de once trabajos inéditos, entre esculturas, grabados, pinturas y fotografía, que ocuparon simultáneamente la Galería Millan y el Anexo Millan. La muestra de grandes dimensiones coronó la madurez del trabajo de este importante artista carioca, con significativa proyección internacional.

Escultor por excelencia, Damasceno produce objetos de dimensiones variadas, interfiriendo en lugares de gran escala y conversando con proyectos arquitectónicos. La marca de su trabajo está en el uso de una enorme diversidad de materiales, técnicas y lenguajes para explorar los límites de la escultura. Su poética, con fuerte llamado mental, parte del desplazamiento y del distanciamiento para concebir perspectivas fluidas y móviles de representación espacial. El artista potencia y transforma esos espacios mediante la inserción de objetos y acontecimientos improbables, como la escalera en escala miniatura y el peatón estático en esta exposición.

Exposición Individual: José Damasceno — imagen 1
José Damasceno. Ferramenta Jogo (Herramienta Juego), 2018. Acero inoxidable. 53.5 x 30 cm (21 1⁄16 x 11 13⁄16 pulgadas) de diámetro.

Con una trayectoria muy ligada a la tradición neo-concretista brasilera, Damasceno recorre una investigación que contiene asuntos de superficie y profundidad, de solidez y gravedad, produciendo en el espectador una sensación física mediante el contacto con la obra. Para eso, el artista crea situaciones fabulosas, transformando en arte la propia naturaleza y las funciones originales de las materias y de los espacios. Le interesa deconstruir dicotomías tradicionales, como las que separan palabra e imagen, pintura y escultura, escultura e instalación, dentro y fuera, imagen y cosa, figura y fondo, visible e invisible.

La obra que dio título a la exposición, por ejemplo, puede ser considerada como un símbolo de esta contradicción: una escalera helicoidal que va del piso al techo del hall del Anexo Millan, con dimensiones menores de lo convencional. La forma de la espiral traduce el movimiento ascensional a partir de un punto inicial, etapas de un proceso continuo de desdoblamiento y de transformación. Solo que en una escala intermediaria, menor que la humana. El mismo título de la exposición, Escadabstrata, evocó la paradoja entre lo real y lo absurdo.

Otro trabajo, en el piso superior de la galería, subvirtió el sentido de una pared en blanco: un clip de luz neón - (Estoy casi convencido de que nunca estoy despierto) – puesto en el ángulo de una de las paredes con el techo, transforma aquella superficie en una gran hoja en blanco. Soundboard convirtió una de las paredes del Anexo en una gran mesa de sonido, con 50 “teclas” hechas de calcita fluctuando en la enorme superficie plana y rectangular. En el mismo ambiente, un gran trompo de acero inoxidable (Herramienta Juego) “descansaba” en un lado, como reposando después de girar intensamente por la sala. La muestra presentó, además, dos series de grabados (Habitat Paragráfico y Estudios Paragráficos III), un conjunto de 240 pinturas hechas con crayola (Monitor Crayon), una fotografía (Jardín Infrarojo) y la escultura Sombras Figuras compuesta por noventa piezas de granito negro, entre otras obras.

La paradoja implicada en la idea de un mover estático ha sido uno de los principales asuntos de la obra de Damasceno, toda vez que el artista siempre buscó una sensación rítmica, cinética o progresiva en superficies, acontecimientos o materias congeladas. En su trabajo, las cosas aparentes y concretas funcionan como propulsoras de un imaginario que estaría en constante desplazamiento. En el catálogo de la exposición, Damasceno explica que su asombro se da ante la magnitud implacable de las posibilidades ofrecidas por el estudio del lugar, un campo abierto por la imaginación que favorece el cruce de asociaciones extraordinarias, sean ellas simples o extrañas.

“Siempre me acompañó, desde temprano, el sentido del explorador. Una curiosidad renovada me anima, allá, donde continuamente se presentan una búsqueda y un apetito por elucubraciones, pistas, preguntas, dudas, evidencias de una ciencia misteriosa” explica el artista, al describir la pulsión que lo mueve y lo intriga en cada momento. Damasceno dice también que le gusta caminar observando cosas, comparando los espacios recorridos a los caminos mentales. Si pensar es también producir espacio, el artista comprueba que sus especulaciones son los medios fundamentales de producir arte. Nos remite al epíteto más famoso de la secularización de nuestra cultura occidental: “el arte es una cosa mental”, como afirmó Leonardo da Vinci. Un pensamiento más válido en la contemporaneidad, incluso cuando lo mental se transforma en extraordinario en la obra de Damasceno.

ALESSANDRA SIMÕES

José Damasceno, por Alessandra Simões | artnexus