Materialidad, color, luminosidad, superficie, textura, espacio. Estos son algunos de los elementos presentes en el raciocinio plástico de la artista de Minas Gerais Iole de Freitas, como reveló su última individual, titulada Papel de acero, en la Galería Silvia Cintra, São Paulo. La paradoja de la frase “Papel de acero” comprueba el bello resultado de su esfuerzo estético materializado en nueve esculturas blancas, pequeñas y medianas, que ocuparon el espacio de la galería, expuestas tal y como estaban en el taller de la artista durante todo el proceso de investigación, apoyadas apenas en simples tablones de madera prensada.
La nueva serie resultó del desdoblamiento de la exposición El peso de cada uno, realizada por la artista en el MAM de Río de Janeiro en el 2015, momento en que Iole dejó las planchas de poliuretano con las que venía trabajando hace años para concentrarse solamente en el acero inox. El desafío de la muestra en la galería fue el de realizar esculturas en una escala mucho menor a la de las mostradas en el museo, y proponer una nueva relación con ellas. Ahora la obra ya no se relaciona con el espacio y con la arquitectura, sino con el propio cuerpo de la obra.

El comienzo de esa investigación fue hecho con papeles corrientes, cartulinas, que Iole recortaba y doblaba explorando las posibilidades de lo cóncavo y lo convexo. El paso siguiente fue llevar ese resultado al aluminio, que ya es un material más grueso y pesado, y posteriormente, ya en la calandra, reproducir los resultados en acero, materia final de la obra. Todo ese proceso, extremadamente complejo, abarcó, además, el elemento del color, que apareció por la necesidad de la artista de traer luminosidad y transparencia a la esculturas. Con muchísimas capas de pintura blanca y lija, Iole consiguió reproducir en las piezas la luz, la sombra y la rugosidad del papel.
Torsiones, pequeños puntos de apoyo y recortes resultaron en formas fluidas que, aunque teniendo la marca de lo auto-referencial, además dialogan con el pensamiento arquitectónico, toda vez que son los elementos constructivistas los que delinean la obra de Iole. Entretanto, algunas características, especialmente la predominancia del blanco, hacen que las esculturas pierdan el peso constructivista para ganar los ribetes de una poética de lo inefable, marcada por formas curvas, fluidas, dinámicas y sombrías, como serpientes fantasmagóricas que se agachan sobre sí mismas.
Iole tuvo su primer contacto con las artes por medio de la danza, pero su iniciación artística, de hecho, se dio a partir de los años 70 con la fotografía. El curso en diseño, en la escuela Superior de Diseño Industrial (Esdi), en Río de Janeiro, a mediados de los años 60, ya daba indicios de su pensamiento dirigido hacia los asuntos arquitectónicos y de construcción del espacio (llegó a actuar como diseñadora de Olivetti, en Milán). En los años 80, la artista se dedicó a la producción de relieves, utilizando alambres, hilos, tubos, paños y telas metálicas, elementos que le ayudaron a tejer un pensamiento más matérico y plástico en sus obras volumétricas y espaciales. La relación entre arquitectura y escultura pasó entonces a ser cada vez más frecuente, lo que en los años 90 pudo consolidarse en las telas metálicas distribuidas directamente en el espacio de la exposición, sin constituir estructuras. Iole utilizó posteriormente materiales como tubos de acero inox y policarbonato, que dieron nuevo aspecto a su escultura, con formas cada vez más sinuosas e intensas, dinámicamente relacionadas con el lugar en donde están instaladas.
Si el cine y la fotografía fueron medios que le permitieron a Iole trazar las características fundamentales de su obra, como transparencia, movimiento, liviandad y velocidad, el uso de materiales diversos y su experiencia como diseñadora sellaron definitivamente su poética concretista contemporánea, con un lenguaje que llega a la actualidad aún más maduro. El rigor de la técnica, tecnologías avanzadas y la investigación de nuevos materiales contribuyen a la elaboración de un trabajo complejo, cuyas formas geométricas y su herencia constructivista gana la fuerza de una poética fluida y enigmática al mismo tiempo. Esto se comprueba con las innúmeras esculturas realizadas a partir de técnicas y materiales diversos, como láminas flexibles de policarbonato transparente, translúcido o pintado con colores vibrantes, estructuras en tubos de acero naval inoxidable, alambrados y líneas metálicas, que moldean y subvierten el espacio, flotan sobre el piso e invaden las paredes.
Ahora la transubstanciación del papel en acero parece consagrar el ápice de una estética cuyo lenguaje destila el vigor de formas autónomas, como un mundo aparte, en el que el arte es el único sobreviviente. Iole convida al espectador a una inmersión en este universo silencioso de formas que conversan consigo mismas, en un ámbito anterior a los gestos humanos, casi un no-lugar donde los sentidos pueden ser interpretados apenas por la mirada que entiende el contenido exclusivamente por la forma. Las esculturas de Papel de acero parecen espectros de universo paralelo, exclusivamente dedicado al arte.
ALESSANDRA SIMÕES
