Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Consuelo Castañeda

Galería Dot Fiftyone

La palabra “instante” hace referencia, por definición, a un período muy breve, casi imperceptible. Esa fugacidad temporal se encuentra en el aleteo de un ave en vuelo, en el momento en que sale el primer rayo de luz al alba o en el segundo en el que una ola llega a la orilla. Son precisamente paisajes marinos, captados en el momento en el que los primeros rayos del sol destellan en el agua o brillan tras una oscura nube, los que inspiran la muestra de Consuelo Castañeda presentada recientemente en la galería Dot Fiftyone.

La instalación incluye fotografías, pinturas en acrílico sobre lienzo y un video, inspirados en una serie de amaneceres retratados por el lente de su cámara fotográfica durante aproximadamente un año. En ese entonces vivía en un apartamento en Miami Beach que tenía una ventana que daba hacia el este y por la que todos los días podía ver el mar al despuntar el día. Decidió colocar la cámara de tal forma que pudiese registrar cada uno de los instantes que día a día la sorprendían.

Exposición Individual: Consuelo Castañeda — imagen 1
Consuelo Castañeda. Instant I (Instante I), 2008. Impresión de inyección de tinta en Hahnemühle 300 grs. papel. Set de nueve impresiones de 30.48 x 55.68 cm (12 x 22 pulgadas).

De cientos de imágenes la artista escogió nueve para crear una serie en la que cada fotografía tiene de uno a nueve círculos blancos ubicados estratégicamente en la línea del horizonte. Según el principio de numerología pitagórica, los dígitos del uno al nueve se consideran puros o elementales y cada uno de ellos tiene un valor metafísico de gran significado. Castañeda genera, a partir de la presentación alineada de estas nueve fotos intervenidas, una aproximación conceptual a este principio, en la medida que el visitante no sólo las contempla, sino que además participa en la experiencia al seguir visualmente la línea horizontal en la que aparecen los puntos blancos o “instantes” que invitan a la introspección.

El título original de esta primera serie tenía que ver precisamente con las nueve fotos impresas en el 2008, en las que los círculos blancos simbolizaban la Parábola de Pitágoras y, por ende, el ciclo mismo de la existencia humana. Estos círculos tenían además un propósito formal: romper la representación bidimensional de la impresión fotográfica. En la medida en que su obra siempre ha jugado con la negación de los límites del medio, Castañeda decidió explorar las posibilidades del tema en una forma pictórica. Es importante recordar que la artista recibió en Cuba una formación totalmente académica. No sólo estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte, sino que posteriormente fue profesora en el ISA. A nivel pictórico, recibió entrenamiento de maestros rusos que trabajaban magistralmente la reproducción. De ellos aprendió los métodos que no sólo le han permitido trabajar la pintura en una forma ejemplar, sino también desarrollar una estructura conceptual.

Para ello decidió viajar a México, donde los artistas siguen utilizando la pintura y no la ven, como en Miami, por ejemplo, como una técnica desfasada en el contexto de la contemporaneidad. Si bien hacía muchos años no pintaba, le fue fácil volver a hacerlo pues tenía las bases y el conocimiento para reproducir los atardeceres fotografiados con una técnica extraordinaria. Los cuadros, que tienen la medida aproximada de la ventana del apartamento desde la cual fotografió los paisajes inicialmente, debían ser perforados con uno, dos, tres, hasta nueve círculos, para romper la representación bidimensional de la tela. De hecho, la primera pieza que realizó tiene ese corte, inspirado en la obra de Lucio Fontana. Sin embargo, ante la imposibilidad técnica de lograr el efecto que deseaba con las perforaciones, decidió utilizar en la pintura los mismos círculos blancos que había colocado en las fotografías y que cumplían con el objetivo de cuestionar los limites. Si bien la perforación hubiera sido más explícita, lo importante era el concepto, y este se aprecia claramente en las cinco pinturas expuestas –aún le falta finalizar las cuatro restantes–. El efecto se hace aún más explícito en el espacio de la galería, donde las paredes blancas juegan con la ilusión óptica que destruye el aspecto bidimensional de la obra.

Finalmente, la artista opta por efectuar un video en el que vuelve a utilizar el paisaje marino y los círculos blancos, solo que en esta oportunidad los redondeles se multiplican. Ya no son solo uno, dos, tres o nueve, sino un sinnúmero de círculos que ordenadamente van cubriendo la superficie de la imagen proyectada en la pared. El concepto se hace más explícito a medida que el círculo blanco, el “instante”, no se queda en la línea del horizonte, sino que cubre toda la superficie. Esta obra es útil pues no sólo apoya y explica el concepto de la instalación, sino que además deja en claro su carácter abstracto. A pesar de basarse en imágenes de gran realismo, la presencia de los círculos la convierten en una obra abstracta de claro corte conceptual.

En últimas, la exposición debe entenderse como una experiencia en la que el espectador observa y experimenta el paso del tiempo rodeado de imágenes que le recuerdan el valor de cada momento, de cada respiro, de cada parpadeo. Los paisajes representados en las fotografías, las pinturas y el video varían, pero el tiempo está siempre presente en la línea del horizonte. Inmersa en la instalación, cada persona se identifica con las imágenes de los amaneceres y con los “instantes” reales y conceptuales representados, al mismo tiempo que los internaliza y cuestiona a partir de ellos su propia existencia.

FRANCINE BIRBRAGHER

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