Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por Alessandra Simões

Cesar Oiticica Filho

Museu de Arte Moderna do Rio – MAM Rio

En un mundo abarrotado de imágenes, la exposición Metaimágenes, de Cesar Oiticica Filho, en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, se tornó punto de reflexión de expresiva relevancia sobre el tema. Desarrollo de su investigación poética sobre el fin de la fotografía en la era digital, la muestra, con quince trabajos inéditos, asocia la destrucción parcial del trabajo y equipos de Cesar, en el 2009 (con el incendio del Proyecto Hélio Oiticica, del que es curador), a la substitución de la imagen fotográfica por la digital.

Se aborda el tema en todos los núcleos que forman la exposición: 1) en el centro de la sala, lo Imagético, constituido por 80 transparencias lamidas por el fuego; 2) lo de las Metaimágenes, resultantes de la impresión posterior de algunas de esas transparencias sobre telas para re-aproximarlas a la pintura por medio de pigmentos; 3) aquel de la proyecciones cercanas al cine, animación y video, tales como los “transobjetos” reproducidos en imágenes o en impresiones 3D; 4) el Rolezinho, que inscribe al espectador en un metailusionismo, mediante anteojos conectados a smartphones; 5 SolAr, que promueve el retorno del observador al propio cuerpo; 6) en el jardín del MAM, Es Todo Verdad, título que homenajea el documental de Orson Welles filmado en Brasil en los años 1940.

Exposición Individual: Cesar Oiticica Filho — imagen 1
Cesar Oiticica Filho. Serie Metaimagem (Metaimágen), 2009-2018. Acrílicos e impresión en tela. 50 x 70 cm (19 11⁄16 x 27 9⁄16 pulgadas).

“Hace diez años que ya estaba discutiendo el fin de la fotografía, y con el incendio, objetiva y literalmente, eso ocurrió”, comenta el artista. Las fotos “derretidas” se tornaron en “otra cosa”, afirmó Cesar, recordando que la exposición trae otra reflexión, la de que la digitalización de la fotografía crea su transformación en “imagen”, “manipulada y banal, donde pierde su credibilidad”.

Es interesante notar que, en esta exposición, la “banalidad” de la reproducción imagética se discute a partir de su opuesto: profusión de imágenes y elementos figurativos que parecen evocar una cierta nostalgia de la figura y de la materia. Este ha sido el leitmotiv del artista, que en trabajos anteriores, ya venía experimentando la media fotográfica de color hasta el agotamiento de las posibilidades y del material, cortando la emulsión con la luz, usando haces de luz muy fuertes como laser y linternas de alta potencia directamente sobre el papel fotográfico.

En esos nuevos trabajos, el artista articula – a partir de la destrucción por el fuego de su propio trabajo y equipos - la transformación de la fotografía en imagen digital y los desdoblamientos de ese medio en pintura, cine, realidad virtual y objetos. “Esa vocación transmediática del artista permitió el atravesar generalizado de los diversos campos en que la producción visual se segmentaba en áreas autónomas (como video, fotografía, film, publicaciones y pinturas),” destacó el curador Fernando Cocchiarale.

Muchas obras bidimensionales revelan, tras variadas texturas, manchas coloreadas, pigmentos derretidos, fragmentos de cuerpos humanos, edificios, selvas, en un vertiginoso homenaje a la figura. Como si la metáfora del incendio reforzara aún más el poder de la figuración en la cultura occidental. La obra central de la exposición, Núcleo Metaimagético (2018) es una gran instalación compuesta por una serie de bombillos cercada por decenas de imágenes de los negativos dañados por el fuego, “formando en torno de la luz un núcleo que representa el final de la imagen fotográfica y el inicio de una serie de posibilidades, mostradas en las otras obras de la exposición”, comenta el artista.

Hasta cuando se dirige hacia la realidad virtual, el artista coloca al espectador dentro de la imagen, haciendo una verdadera apología del poder de la figuración, como en la obra Rolezinho (2017, film 360°, con Smartphone, anteojos de realidad virtual y audífonos), especie de “delirio deambulatorio” como los de su tío Hélio Oiticica (1937-1980), en un alucinante desplazamiento en skate por las calles de Nueva York.

Al final de ese frenético recorrido estético, el artista propone al visitante “parar, cerrar los ojos y echarse, para retornar al cuerpo, al aquí y ahora, despertando otros sentidos adormecidos por la chorrera de imágenes recibidas”. Es la invitación que hace la instalación sensorial SolAr (2018) en la que una lámpara de luz fuerte actúa al tiempo con un ventilador, de manera de activar la sensación frío/calor, como un “antídoto para no ser engullido por la dictadura de la imagen, que nos llega en grandes volúmenes diariamente”

Nacido en Río, Cesar fue criado en Manaos hasta los 18 años, cuando volvió a su ciudad natal, fijando su residencia definitivamente en 1997, año en que asumió la curaduría del Proyecto Hélio Oiticica. Graduado en Comunicación Social, en 1992, en la Facultad de la Ciudad.

Con diversos trabajos multidisciplinarios premiados, el artista puede ser apreciado en esta exposición en su vertiente cinematográfica, con la película Hélio Oiticica (2012) premiada en el Festival de Berlín en 2013 por la federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), y por el Caligari (por la innovación del lenguaje cinematográfico), siendo el primer brasilero que recibe este premio.

En esta muestra, Cesar reitera su afirmación sobre el modo con el que las tecnologías digitales invadieron nuestras vidas, cambiaron nuestra relación con el mundo y con la manera de comunicarnos. La profunda inmersión en la imagen proporcionada por su trabajo sella definitivamente su intuición.

ALESSANDRA SIMÕES

Cesar Oiticica Filho, por Alessandra Simões | artnexus