Exposición Individualdic 2018 - feb 2019· Por Susana Sulic

Carlos Motta

Mor Charpentier

Con expresión sobria y mesurada, Carlos Motta (Bogotá, 1978) intitula La obra del diablo a su segunda muestra personal en Mor Charpentier, que tuvo lugar del 8 de septiembre al 6 de octubre de 2018. El título induce al distanciamiento que toma el artista para provocar una denuncia y un replanteamiento de las formas de pensar. El artista particulariza el contenido poniendo al espectador en el centro de la mirada para inducir un cambio de conciencia. Audacia e introspección combinan el todo.

La instalación construida semánticamente se transforma en mensaje de-codificado: trasgresión, sufrimiento y presencia de la muerte.

El título general se refiere a las seis obras escritas con sangre en gesso sobre lienzo. Palabras eclesiásticas para describir las depravaciones morales. Opera una de- corporación para lograr un compromiso dirigido y una fuerza identitaria individual y de grupo.

Exposición Individual: Carlos Motta — imagen 1
Carlos Motta. Self-Portrait with Death # 1 (Autorretrato con Muerte # 1), 2018. Impresión de inyección de tinta de archivo. 76.2 x 114.3 cm (30 x 45 pulgadas). Cortesía del artista y Mor Charpentier.

También en el espacio principal de la galería, Self Portrait with Death (1996), en una re-interpretación del motivo de las Vanitas en su retrato fotográfico de joven. Carlos Motta asume el rol de propagador y mediador de los valores de minorías y sexualidades disidentes.

Sus esculturas-objetos son como cuñas que se clavan en el sistema social. Los grabados en láser con pedestales en madera, como Círculo VII, constituyen fragmentos de ilustraciones de La Divina Comedia, de varios autores, desde el siglo XVI hasta el XX. En estas piezas el artista re-escribe con realismo el viaje durante el cual Dante se encuentra con las almas de algunos personajes de la historia. Las formas exteriores se componen de círculos, en las incisiones, como en el camino de Dante: las esferas u órbitas de los planetas.

Y siguiendo el discurso realizamos una interpretación de los dos: del artista plástico y del escritor florentino.

Es la creación más importante de su autor y una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval y teocentrista al renacentista y antropocentrista. Éste se desarrolla en un medio intelectual laico a cuyo crecimiento se debe la consolidación de una esfera política autónoma. Una apertura progresiva que termina en un cambio en la práctica de la política cotidiana. Dividida en cantos, la misma enseña el arte de la palabra. Con esta asociación se llega a la instalación video Réquiem (2016) ubicada en la parte baja de la galería. El poema de Dante cuenta con tres personajes principales. Y realizando un paralelismo, el artista colombiano, residente en Nueva York, a través de su mensaje personifica a la humanidad, la tentación y el pecado. En la video-instalación percibimos el equilibrio y la estabilidad propios del triángulo. El video-performance es un canto a la fe, en un cambio social. Junto con los cuatro elementos sublimados da como resultado el número siete, como siete son los pecados capitales.

El artista colombiano, reemplaza los elementos de una historia de condicionamientos por nuevos elementos. La lenta purificación de la culpa, hasta la liberación coincide simbólicamente con el video Inverted World 2016. En el escenario de una capilla del siglo XVI, hace referencia a la Crucifixión de San Pedro, de Caravaggio del 1600. Un reflejo de las sombras con la modernidad del fondo unido es parte de The end of Crucifixion. Allí feminismo y teología se expresan rotundamente (La mujer tiene el rol principal en Dante a lo largo de su poema donde se espera que diga lo que nunca había sido dicho).

Forman parte también, dibujos en lápiz de escenas y vistas de la Iglesia Santo Eustaquio de París, piezas únicas, doce en total completan el conjunto. El artista se erige en artífice del cambio al establecer nuevas reglas en el juego político e intentar legitimarlo en frente de/frente a los principales actores culturales. El hecho de hablar en primera persona otorga una gran humanidad a su propuesta, pues cada espectador se puede identificar con él: resentir sus dudas, su dolor, su compasión, su infinita esperanza.

Toda la obra está llena de símbolos que remiten al conocimiento y al pensamiento: religión, filosofía, matemáticas, óptica, que se encarnan en personajes y lugares. El Paraíso representa el saber y la ciencia.

A pesar de la distancia que separa a Motta de Dante: los siglos, las culturas y las técnicas, no excluyen entre ellos una afinidad. Símbolos ellos mismos de la severidad, del cuestionamiento, del cambio y del pasaje del lenguaje religioso al profano. Una filosofía laica que coloca al lenguaje, al mismo nivel filosófico y poético como el lugar privilegiado en la acción.

Una puesta en escena nueva, inédita, al invertir la relación entre lo decente e indecente y su representación.

SUSANA SULIC

Carlos Motta, por Susana Sulic | artnexus