Las fotografías de paisajes rurales y naturales de Camilo Echavarría invitan al visitante a realizar una actividad cada vez más infrecuente en la vida urbana contemporánea: detener la mirada, recorrer lo observado visualmente con calma y profundidad, recuperar la capacidad de la contemplación. La rapidez que caracteriza muchas de nuestras reacciones actuales, debido en gran parte a los avances tecnológicos recientes, impide y frustra el deseo de observar detenidamente, asimilar y dejar decantar lo que se percibe cuando se dedica tiempo y concentración ante una escena, una obra de arte o un paisaje.
Camilo Echavarría aprovecha las tecnologías digitales de captura y postproducción para hacer visible un nivel tan elevado de información visual al que no le es posible interactuar con sus fotografías y videos con la misma actitud impaciente, eficiente y acelerada que exigen gran parte de las actividades cotidianas actuales.

Como parte de un trabajo que realiza desde hace más de diez años y que hasta hoy abarca recorridos por Colombia, Ecuador y Perú, las once fotografías y el video que Echavarría expone en las dos salas de la galería La Balsa Arte permiten reconocer la distintiva individualidad de cada uno de los componentes presentes en escenas –que en algunos casos incluyen huellas humanas– de bosques, páramos, valles, lagos, montañas y costas, capturadas en el extremo norte de la cordillera de los Andes. Singularidad que coexiste en las imágenes con una visión amplia del entorno en el cual estos “individuos” cumplen un rol constitutivo e ínfimo a la vez.
En la presentación impresa de la exposición se afirma que “basado tanto en la fotografía como en video, su trabajo libera la imagen fotográfica de su condición de instantánea y borra las fronteras entre ambos medios”. En efecto, Echavarría introduce en sus obras el sentido del tiempo inherente al video en cuanto pasaje y duración; en esa medida hace que la imagen trascienda el instante. Pasaje y duración que también se perciben en el énfasis dado a condiciones cambiantes como los efectos de la altitud, la luz filtrada por las nubes y factores atmosféricos y climáticos como la niebla, que influyen tanto en las características físicas de los componentes del paisaje como en la percepción de las formas, el espacio, los colores, los volúmenes, las texturas y las líneas por parte del espectador. Estas imágenes conservan la virtud que tiene la fotografía, gracias a su carácter estático, de fijar y concentrar la atención.
Los trabajos expuestos en la galería involucran el uso de técnicas de postproducción digital, cuya finalidad es, según Echavarría, alejarse de “las particularidades y distorsiones propias de una visión monocular desde un punto fijo”, además de neutralizar aspectos propios de la imagen fotográfica relacionados con el foco. Sus grandes formatos le permiten al ojo examinar en profundidad cada milímetro del paisaje retratado y también recorrerlo como se haría presenciándolo físicamente o utilizando una cámara de video.
En consecuencia, las obras se sitúan en un espacio-tiempo que involucra un presente-eterno; en ellas confluyen el carácter documental de ilustraciones científicas (como las del gran explorador, estudiado y admirado por el artista, Alexander von Humboldt) y el poético, reminiscente de pinturas de artistas románticos norteamericanos del siglo XIX de la Escuela del río Hudson como Thomas Cole y Frederic Edwin Church, y luministas como Martin Johnson Heade y John Frederick Kensett.
Espacio-tiempo en el que al sumergirse el espectador le es posible recuperar aquello que los antiguos filósofos griegos consideraban inherente al acto de contemplar: el comprender. En fotografías como Miasma I y II, Corte en el bosque, Lluvia aproximándose en el páramo de Sumapaz, Margen y el video Chisacá –este último visible desde fuera de la galería en horas vespertinas– se contemplan/comprenden, entre otras realidades, la riqueza y la complejidad botánicas y geológicas de los paisajes, los indicios de la presencia humana y su impacto, la fragilidad y vulnerabilidad de los sistemas ecológicos, así como las cualidades estéticas de estos. Realidades cuya invisibilidad facilita y se hace cómplice de los abusos y amenazas que las necesidades, condiciones, cegueras e indiferencias del mundo actual pueden generar hasta hacerlas/nos desaparecer.
MARÍA MARGARITA MALAGÓN-KURKA
