En la iglesia de San Francisco, la artista visual chilena Ángela Wilson presenta su obra, consistente en una instalación, en la sala que alberga una colección de finales de los siglos XVIII y XIX.
La iglesia de San Francisco, en la ciudad de Santiago, es una obra arquitectónica muy especial porque, además de ser la única construcción que acaba de cumplir 400 años, es un misterio que aún siga en pie después de haber soportado cinco terremotos de gran magnitud, y que, salvo algunas reparaciones, aún se mantiene en un entorno hostil, como lo es la ciudad moderna, con un esmog muy particular que afecta permanentemente a Santiago y un tráfico automotor infernal1. La iglesia es un patrimonio histórico del país y mantiene un museo donde se muestra arte colonial andino.

La intervención tiene como objetivo generar una tensión dentro de la oscura sala, para lo cual la artista instaló un video, cinco cajas de luz, nueve cajas de acrílico de pequeño formato y tres obras de gran formato realizadas sobre crinolinas y telas transparentes. En la instalación se pueden descubrir la pileta del claustro, fotografías patrimoniales del centro de Santiago, las profundidades del agua e imágenes de la naturaleza. Todas ellas inspiran la muestra, logrando un encuentro entre lo antiguo y lo contemporáneo, lo privado y lo público, lo figurativo y lo abstracto, lo sagrado y lo profano, el silencio y la ciudad.
Wilson interviene la sala de los Fanales no para desestabilizarla, sino para provocar el despliegue de tensiones y sentidos que la animan. Ocupa esta sala de fuerte voltaje histórico y patrimonial haciéndose cargo de las presencias que la habitan, para extraer las hebras de secretas afinidades simbólicas, reactivando el pasado desde el presente.
La formación profesional de Ángela Wilson la vincula a una tendencia desarrollada en Estados Unidos, país en el cual estuvo en School of Visual Arts de Nueva York, denominada “chorreo” que es la técnica pictórica utilizada hacia fines de los años 40, consistente en dejar escurrir pintura, desde un recipiente previamente perforado, encima de un lienzo extendido en el suelo.
El crítico de arte chileno Justo Pastor Mellado, en noviembre del 2013, dijo de la obra Ángela Wilson lo siguiente:
“La esforzada pintura tiene por objeto establecer una relación de continuidad con la historia de la pintura y no en ruptura con ella, como ha sido el caso para todas las vanguardias. Ángela Wilson ha pasado por la experiencia de la abstracción americana, que se ha diluido en su propia biografía como si fuera su personal Antigüedad clásica. El escurrimiento de la tinta y la vibración cromática obtenida por superposiciones de transparencia evocan la serenidad de un gesto que recurre a la abstracción americana con el propósito de aniquilar el dibujo por efecto deductivo de una figuración desfigurada”.
Desde sus primeros trabajos, la artista ha explorado el inconsciente como subterráneo de la memoria, arquetipo de la madre y de la acuosa profundidad uterina.
NOTA
1. El libro Iglesia de San Francisco, de la arquitecta chilena Natalia Jorquera, publicado por la editorial Sa Cabana, contiene un estudio de arquitectura, construcción y comportamiento sísmico desde 1618.
ERNESTO MUÑOZ
