Quien haya visto los videos que documentan el proceso de producción de las esculturas de Cavalieri percibirá la interconexión entre diferentes disciplinas y sus saberes específicos: la informática (con especificidad en la programación), el diseño, la ingeniería (con saber metalúrgico), el cálculo matemático, la arquitectura y, por supuesto, el saber de la estética abstracto-geométrica. La articulación de todas ellas habla de la complejidad que reviste la producción de las obras de Cavalieri.
Todo ello se pone de manifiesto en una exposición como Pipe Lines, donde se contempla más de una docena de obras de diferentes dimensiones, realizadas en acero inoxidable y producidas entre 2014 y 2016. Además de las obras, la exposición cuenta con una curiosa documentación sobre el trabajo de mesa, los diseños, dibujos, e incluso pequeñas muestras, moldes y esbozos de partes de las esculturas. Y cuando se visualiza todo el proceso, bien sea enfocando por separado sus distintas partes, o bien poniendo en perspectiva continua a todas ellas, se percibe cuán lejos están las prácticas escultóricas actuales de sus homólogas modernas de hace menos de cuatro décadas, porque los procesos de producción de una buena parte de la escultura actual son también los que se emplean para construir barcos, coches, trenes, edificaciones o cualquier tipo de maquinaria industrial. Este viaje vertiginoso de la escultura de la que, por ejemplo, da expresiva constancia la obra de Cavalieri se torna incomprensible si no se tienen en cuenta sus antecedentes.

Por ejemplo, que en 1889 la feria internacional de París tuvo como icono distinto nada más y nada menos que la torre Eiffel, que daba la bienvenida a los visitantes a la entrada de la feria. Fue también icono de una nueva era para los sistema constructivos modernos, que nunca antes habían logrado una obra donde se fusionaran armoniosamente, y a gran escala, el diseño industrial, la ingeniería y los principios del arte aplicado. Desde ese momento se convirtió en una gran ventana de opciones conceptuales y formales por la que, poco a poco, se fueron colando las ideas artísticas con horizontes más amplios que alumbraron el advenimiento del proyecto de modernidad.
Pero no fue hasta la llegada de la Vanguardia Rusa y, en particular, con el Constructivismo, a mediados de la segunda década del siglo XX, que estas relaciones entre diseño industrial, ingeniería, arte y arquitectura fueron desarrolladas en todas sus dimensiones. El proyecto de la Torre de Tatlin, que nunca llegó a realizarse, encarna las novedades formales y conceptuales que el Constructivismo aportó al escenario de la escultura moderna. Por ejemplo, el empleo de metal chapado, madera plexiglás y otros materiales, para crear estructuras geométricas diseñadas a través de cálculos matemáticos, estableciendo una comunicación espacio-temporal entre la obra y el mundo real, donde lo geométrico escultural tiene una superficie con apariencia fabril industrial.
Una apariencia fabril, volviendo a la exposición Pipe Lines, que destaca en toda producción escultórica de Cavalieri. Considerando, sobre todo, el modo en que las distintas partes de las esculturas se juntan, dejando ver esas costuras hechas con una especie de remaches que van uniendo las piezas. Las superficies lustrosas, perfectamente pulidas al detalle, de esculturas cuyas estructuras zigzagueantes emiten continuamente, como si de movimiento físico se tratara, imágenes alusivas a los objetos y, también, a las cosas del mundo inorgánico. Ello es particularmente visible en su serie Pipe line de 2014, donde la escultura se objetualiza a partir de un objeto que inscribe (recorta) primero un espacio de fondo para después, sobre ese fondo, contraerse o expandirse en diversa direcciones. Aquí, como en todas las piezas que forman la muestra, la línea (y la curva) se convierte en un capital expresivo fundamental de la poética abstracto-geométrica de Cavalieri. La línea que zigzaguea, cuya linealidad es afectada para dejar de ser línea y registrarse como una curva, estableciendo un entramado visual cuya percepción crea ilusiones de ingravidez en el espectador; pero es una sensación de ingravidez extraña, puesto que está en contraste con la percepción del metal como algo pesado.
La exposición Pipe-line de Alberto Cavalieri muestra a un artista visual multidisciplinar con un riguroso dominio del material, gracias a la suma de una serie de oficios y saberes controlados por el artista. Ello le posibilita organizar o deshacer estructuras y formas como expresión del lenguaje abstracto-geométrico que busca la experimentación, que deshace la percepción de una sensibilidad retiniana del espectador, para exigir de éste lo conceptual y la reflexión.
DENNYS MATOS
