La exposición Ahora es el momento: narrativas de la alquimia sureña de William Cordova permite descubrir y/o revisitar la obra y la filosofía de este artista interdisciplinario que aborda, a través del dibujo, la pintura, la escultura, la fotografía, el video, el performance, la instalación, y especialmente mediante la combinación de todos ellos, la metafísica del espacio y el tiempo. De igual forma, la obra invita al público a sensibilizarse frente a los objetos presentados y a descifrarlos a partir de su propia experiencia.
Las más de sesenta piezas escogidas para este proyecto, realizadas entre 1995 y el 2018, están expuestas en una sala a manera de una gran instalación diseñada por el artista. La combinación de las obras y el diálogo que se establece entre ellas ofrecen una visión bastante completa de los temas y las estrategias que definen su práctica, no solo como artista plástico sino también como gestor cultural.
Desde sus inicios como estudiante en el Art Institute de Chicago, Cordova muestra interés por la escritura y por las historias marginadas en la cultura contemporánea que desafían y trascienden el orden social establecido. Cada obra incluida en la muestra sintetiza símbolos, artefactos y lenguajes relacionados con la cosmología del artista, la cual establece conexiones con posturas políticas frente a expresiones de la cultura popular, la música, la arquitectura y las diásporas de distintos orígenes, especialmente las andinas, africanas y asiáticas.

Una constante en su trabajo es la incorporación de materiales efímeros y precarios en la creación de obras que desafían nociones tradicionales de identidad y ofrecen un espacio crítico flexible para meditar sobre las transformaciones culturales. El empleo de materiales comunes reciclados y de bajo costo, así como el uso de palabras y textos con múltiples sentidos en la obra misma o en los títulos que la definen, son constantes desde los inicios, como puede verse en una serie de postales Sin título (1996 y 1997) intervenidas con tinta y líquido corrector. Desde el principio, su propuesta estética está estrechamente ligada a la acción de transformar y de trascender a través del proceso de transformación, por lo que el objeto común, encontrado o apropiado, cumple un papel fundamental física y conceptualmente en la creación de su lenguaje.
Uno de sus símbolos más recurrentes y representativos son las bocinas o parlantes. El artista recuerda cómo de niño recorría las calles de Miami con su padre y creía que los parlantes rotos abandonados en las pilas de basura eran tambores o “cajones”, instrumentos de percusión utilizados originalmente por los esclavos africanos en su natal Perú. Años más tarde decide recolectar decenas de parlantes y crear con ellos una escultura monumental, titulada Machu Picchu After Dark (2004), la cual hace parte de su proyecto de tesis de maestría en Yale University. La imponente construcción, como su nombre lo indica, hace referencia a la arquitectura precolombina incaica. Desde entonces, nuevas versiones de esta pieza, y otras que incluyen andamiajes y objetos superpuestos, hacen referencia no solo a la arquitectura sino también al pensamiento colectivo y a la forma como una persona percibe a otra, cómo se conoce o se desconoce una realidad y cómo esa realidad está cargada de múltiples capas, incluido el aspecto espiritual.
Otra pieza que a simple vista hace referencia a la música, pero que en realidad trasciende a nivel conceptual por sus múltiples significados, es Laberintos (after Octavio Paz y Gaspar Yanga) (2003-2018). La instalación es una construcción realizada sobre el piso con aproximadamente doscientas carátulas de discos, sin utilizar ningún tipo de pegamento o cinta, de la misma forma que las construcciones de Machu Picchu están hechas con enormes piedras que encajan sin necesidad de ningún tipo de pegamento. Las carátulas tienen un origen significativo pues Cordova las toma “sin carácter devolutivo” de la biblioteca de una universidad norteamericana, como un acto de protesta ante el hecho de que la institución se rehúsa a devolver al Perú una colección de objetos precolombinos tomados en préstamo en 1914. Como lo indica el título de la obra, el laberinto hace alusión a la novela de Octavio Paz El laberinto de la soledad, que trata sobre la esencia de la identidad mexicana, y a Gaspar Yanga, héroe cimarrón que luchó por la supervivencia de los esclavos de origen africano en México. El laberinto como imagen es también símbolo de reflexión y de transformación, núcleo de la filosofía del artista. A nivel curatorial, Laberintos (2003-2018) está ubicada en el centro de la exposición, que debe verse, según la disposición de las obras, en forma de caracol, como el centro mismo de la muestra.
Entre las demás obras se destacan quince videos realizados entre 1993 y el 2015, varios de ellos producidos en colaboración con otros artistas, incluidos Wayne Hodge, Luis Gispert y Monique Walton, en los que trata temas como el poder, el medioambiente, las tradiciones y creencias populares y la espiritualidad, entre otros, y los múltiples dibujos en pequeño y gran formato que representan estas mismas temáticas.
La exposición está acompañada de un libro con ensayos de la curadora de la muestra, María Elena Ortiz; del periodista y crítico musical Jeff Chang, de la curadora Candice Hopkins, y una entrevista de la artista Leslie Hewitt.
La exposición Ahora es el momento: narrativas de la alquimia sureña de William Cordova permite descubrir y/o revisitar la obra y la filosofía de este artista interdisciplinario que aborda, a través del dibujo, la pintura, la escultura, la fotografía, el video, el performance, la instalación, y especialmente mediante la combinación de todos ellos, la metafísica del espacio y el tiempo. De igual forma, la obra invita al público a sensibilizarse frente a los objetos presentados y a descifrarlos a partir de su propia experiencia.
Las más de sesenta piezas escogidas para este proyecto, realizadas entre 1995 y el 2018, están expuestas en una sala a manera de una gran instalación diseñada por el artista. La combinación de las obras y el diálogo que se establece entre ellas ofrecen una visión bastante completa de los temas y las estrategias que definen su práctica, no solo como artista plástico sino también como gestor cultural.
Desde sus inicios como estudiante en el Art Institute de Chicago, Cordova muestra interés por la escritura y por las historias marginadas en la cultura contemporánea que desafían y trascienden el orden social establecido. Cada obra incluida en la muestra sintetiza símbolos, artefactos y lenguajes relacionados con la cosmología del artista, la cual establece conexiones con posturas políticas frente a expresiones de la cultura popular, la música, la arquitectura y las diásporas de distintos orígenes, especialmente las andinas, africanas y asiáticas.
Una constante en su trabajo es la incorporación de materiales efímeros y precarios en la creación de obras que desafían nociones tradicionales de identidad y ofrecen un espacio crítico flexible para meditar sobre las transformaciones culturales. El empleo de materiales comunes reciclados y de bajo costo, así como el uso de palabras y textos con múltiples sentidos en la obra misma o en los títulos que la definen, son constantes desde los inicios, como puede verse en una serie de postales Sin título (1996 y 1997) intervenidas con tinta y líquido corrector. Desde el principio, su propuesta estética está estrechamente ligada a la acción de transformar y de trascender a través del proceso de transformación, por lo que el objeto común, encontrado o apropiado, cumple un papel fundamental física y conceptualmente en la creación de su lenguaje.
Uno de sus símbolos más recurrentes y representativos son las bocinas o parlantes. El artista recuerda cómo de niño recorría las calles de Miami con su padre y creía que los parlantes rotos abandonados en las pilas de basura eran tambores o “cajones”, instrumentos de percusión utilizados originalmente por los esclavos africanos en su natal Perú. Años más tarde decide recolectar decenas de parlantes y crear con ellos una escultura monumental, titulada Machu Picchu After Dark (2004), la cual hace parte de su proyecto de tesis de maestría en Yale University. La imponente construcción, como su nombre lo indica, hace referencia a la arquitectura precolombina incaica. Desde entonces, nuevas versiones de esta pieza, y otras que incluyen andamiajes y objetos superpuestos, hacen referencia no solo a la arquitectura sino también al pensamiento colectivo y a la forma como una persona percibe a otra, cómo se conoce o se desconoce una realidad y cómo esa realidad está cargada de múltiples capas, incluido el aspecto espiritual.
Otra pieza que a simple vista hace referencia a la música, pero que en realidad trasciende a nivel conceptual por sus múltiples significados, es Laberintos (after Octavio Paz y Gaspar Yanga) (2003-2018). La instalación es una construcción realizada sobre el piso con aproximadamente doscientas carátulas de discos, sin utilizar ningún tipo de pegamento o cinta, de la misma forma que las construcciones de Machu Picchu están hechas con enormes piedras que encajan sin necesidad de ningún tipo de pegamento. Las carátulas tienen un origen significativo pues Cordova las toma “sin carácter devolutivo” de la biblioteca de una universidad norteamericana, como un acto de protesta ante el hecho de que la institución se rehúsa a devolver al Perú una colección de objetos precolombinos tomados en préstamo en 1914. Como lo indica el título de la obra, el laberinto hace alusión a la novela de Octavio Paz El laberinto de la soledad, que trata sobre la esencia de la identidad mexicana, y a Gaspar Yanga, héroe cimarrón que luchó por la supervivencia de los esclavos de origen africano en México. El laberinto como imagen es también símbolo de reflexión y de transformación, núcleo de la filosofía del artista. A nivel curatorial, Laberintos (2003-2018) está ubicada en el centro de la exposición, que debe verse, según la disposición de las obras, en forma de caracol, como el centro mismo de la muestra.
Entre las demás obras se destacan quince videos realizados entre 1993 y el 2015, varios de ellos producidos en colaboración con otros artistas, incluidos Wayne Hodge, Luis Gispert y Monique Walton, en los que trata temas como el poder, el medioambiente, las tradiciones y creencias populares y la espiritualidad, entre otros, y los múltiples dibujos en pequeño y gran formato que representan estas mismas temáticas.
La exposición está acompañada de un libro con ensayos de la curadora de la muestra, María Elena Ortiz; del periodista y crítico musical Jeff Chang, de la curadora Candice Hopkins, y una entrevista de la artista Leslie Hewitt.
FRANCINE BIRBRAGHER
