NG Art Gallery presentó la que ha sido, probablemente en mucho tiempo, la exposición personal más importante de Servando Cabrera (La Habana 1923-1981) fuera de Cuba. La galería expuso más de treinta obras, producto de un convenio entre dos de las principales colecciones del artista: la Fundación Los Carbonell (LC, establecida en Ciudad de Panamá) y el Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno (MBSCM, La Habana)1. Sin embargo es la vida…, título de la muestra y de la última serie que Servando trabajó antes de morir, propuso una visita antológica a la obra del creador, transitando los momentos más cruciales de su amplia y compleja trayectoria.
Con la idea de introducir los inicios académicos del artista (Graduado en 1942 de la Academia de Bellas Artes San Alejandro)2, la muestra estableció un vínculo entre un conjunto de piezas de su etapa formativa y parte de su entorno de vida. Se emplearon mobiliario y objetos que recrearan una suerte de ambiente, similar a lo que fue su propia residencia, discursando también sobre su afición al coleccionismo de artes decorativas. Era posible aproximarse entonces a obras tempranas como Motivo de Ballet (1943, Fund. LC), o a una discreta sanguina de 1940 (col. MBSCM) que convivían en ese pequeño “espacio-homenaje”.

Para mediados de los años 40, Cabrera Moreno extiende su mirada más allá del ámbito nacional. Tras varios viajes por Europa, comienza una fase de diálogo con la abstracción y el cubismo, desprendiéndose del terrible peso que suponía la academia. Descubrimos aquí a un Servando que, si bien se entrega completamente a la experimentación con dichas corrientes, nunca es capaz de abandonar por completo la figura humana. Origen (1956, Fund. LC) y Familia (1957, col. MBSCM) ejemplifican de forma brutal la idea. Sin embargo es la vida… refuerza estas nociones, apoyándose en un archivo de alto valor histórico que incluía fotografías, catálogos y carteles de la época.
Luego, con el ingente cambio social que devoró a la realidad cubana en 1959, se redireccionaron todas las perspectivas hacia un vórtice común: la Revolución. El proyecto social naciente se volvió prácticamente el único tema por representar; y Servando, como hombre de su tiempo, se sumergió completamente en esta vertiente. Del periodo encontramos Sin título (Macheteros, 1964, col. MBSCM), un ejemplo discreto de lo que serían las interminables series de su etapa épica; y que posteriormente encontrarían su continuidad en las Habaneras y los Guajiros de los años 70. De estos últimos, la galería exhibió piezas como Rayando el Sol (1979, col. MBSCM), María Castaña (1975, Fund. LC) y Así somos (1981, col. MBSCM), obra proveniente de la serie que le dio nombre a la exposición.
La segunda mitad de la década del 60 fue quizás la época de mayor contradicción existencial para Servando. A medida que se sucedieron los apasionados primeros años, en los que su praxis artística acompañó el espíritu de construcción de la nueva sociedad, su obra fue adquiriendo un giro estético cada vez más determinado por su propia aflicción. Llega así una importante etapa de su trabajo, influenciada por la corriente expresionista. Era el momento de la lucha por los derechos de la mujer, de los negros, de los pobres; sin embargo, al intentar hacer desaparecer la figura del sujeto burgués también se estaba diluyendo la noción propia de sujeto, bajo criterios unificadores. De esta etapa fueron representativas en la muestra piezas como Beso 5 (1966, Fund. LC) y Columna humana 7 (1966, col. MBSCM), donde la figura se disuelve en una sola materia. A través de mezclas violentas de colores, los cuerpos empiezan a perder su individualidad, para convertirse en amalgamas que con el tiempo incrementarían su matiz erótico.
Dos hechos personales marcaron esta etapa. La impuesta separación de la docencia en la Escuela de Artes Plásticas de Cubanacán (1965) y un posterior ataque cardiaco en 1967. Ambos han sido entendidos como consecuencia del recrudecimiento de una política que comenzaba a hacer visible la intolerancia institucional a la diversidad sexual. Esto condujo a Servando a replantearse nuevamente sus lienzos, como confesó en una entrevista a Gerardo Mosquera: “Los cuadros de esta época fueron muy violentos: aparecían los órganos genitales con mucha satisfacción de estar en la tierra, como están los frutos o están las flores. No tenían por qué esconderse”.
Para este momento, el artista había encontrado un equilibrio crucial entre dos líneas de trabajo que desarrolla al unísono y que conviven en su obra, a pesar de ser esencialmente opuestas: las representaciones tendenciosas de sus Habaneras y Guajiros; y su trabajo (homo)erótico, por ese entonces naciendo en la privacidad de su estudio. No resulta gratuito que la exposición marque una divisoria curatorial, justo antes de desplazarse hacia una segunda sala, mucho más íntima, en el piso superior, en donde se despliegan la belleza y la violencia propias de esta etapa. Junto a obras como Amistad (1975, col. MBSCM) y Pepe el romano (1979, col. MBSCM), la muestra cierra el recorrido con La hora azul (1979, Fund. LC), una tela magistral que concilia su genialidad pictórica con su universo y goce espiritual.
La exposición, más allá de marcar los primeros pasos de lo que devendría una colosal colaboración entre los poderes más importantes alrededor del trabajo de Servando, se tornó en un acto de justicia cósmica para con su obra. Un modesto aporte que no tardó en tener sus ecos en una segunda muestra en el Centro Hispanoamericano de Cultura de La Habana3 y en la realización de una película documental sobre su vida.
Por otro lado, Sin embargo es la vida…, como título, define un poco el enfoque que sostuvo Servando ante la vida, su postura filosófica frente a un mundo que nunca dejó de tener sus matices, y del que, a pesar de la adversidad, siempre supo extraer esa esencia necesaria para su creación.
NOTAS
1. Referidas en este texto como col. MBSCM y Fund. LC.
2. Servando Cabrera era tildado por algunos de sus profesores como el mesías, llegado para salvar la pintura académica en una Cuba cada vez más irremediablemente inmersa en sus vanguardias.
3. En mayo del mismo año, esta vez incorporando además obras de la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.
LOLIETT M. DELACHAUX
