Saber acomodar

Jorge Pardo. Sin título 99, 1999. Azulejos de cerámica esmaltada. Dimensiones variables. Cortesía del artista y Cerámica Suro.

Colectivasept 2018 - nov 2018· Por Elvis Fuentes

Saber acomodar

ASU Art Museum

El Museo de la Universidad Estatal de Arizona, en Tempe, presentó la exposición colectiva Saber acomodar: el arte y los talleres de Jalisco, de 1915 a hoy, con una idea clara y un objetivo preciso: destacar el impacto de la tradición de las industrias artesanales y de los oficios del estado mexicano de Jalisco, donde la ciudad de Guadalajara se ha erigido en una influyente escena del arte más allá de las fronteras locales. La idea de “saber acomodar”, apunta el curador Patrick Charpenel, recientemente designado director ejecutivo de El Museo del Barrio de Nueva York, se refiere a la destreza técnica asociada con el arte, un concepto que los clásicos griegos llamaban téchnē. De este modo, la muestra propone una mirada al trabajo colaborativo entre artistas y artesanos, destacando el interés por la práctica de los oficios y el peculiar maridaje entre vanguardia y tradición, en desafío al predominio de las corrientes conceptuales en el arte contemporáneo. Tuvo una primera presentación en el Museo de Arte de Denver (Colorado), para luego concluir en Phoenix.

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Mario García Torres. Sin título (Cerámica Suro), 2003 - 2016. Grafito sobre cerámica esmaltada. Dimensiones variables. Cortesía del artista y José García Torres.

La museografía de la exposición no responde a un criterio cronológico, sino que se divide en temas relacionados con aspectos del proceso artístico como Talleres, Materiales, Técnicas y Tiempo; a los que se añaden Raíces culturales, enfocada en el contexto geográfico de producción, y un apartado especial dedicado a Jorge Pardo, como un caso sui generis por tratarse de un artista que se mudó a México con el objetivo de continuar la relación de trabajo con los talleres de Cerámica Suro. Algunos agrupamientos son particularmente efectivos, en el sentido de disparar en el espectador la siempre necesaria intriga de lo que no es evidente en primera instancia. Por ejemplo, un discreto busto (Retrato de Carl Lumholtz, 1908) de Timoteo Panduro, anclado en la tradición realista académica del modelado en barro de raíz europea, está colocado a un costado de la instalación de gran formato de Jorge Pardo, un enorme piso de azulejos y una serie de lámparas que cuelgan del techo, ambos de exquisito diseño e impecable ejecución. Contrastan en cuanto a escala, pero también en elaboración y función. La rudimentariedad con que a veces se tilda a las artes populares no tiene cabida aquí.

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Mathias Goeritz. Eco del oro, 1965 - 1966. Acero pintado. Dimensiones variables. Instituto Cultural Cabañas.

Aunque Saber acomodar se enfoca en artistas y talleres contemporáneos, también incluye precedentes importantes. De la familia Panduro, representantes de la tradición artística del modelado en barro en Guadalajara, hay una serie de retratos de bustos o de figura completa, realizados a lo largo de más de seis décadas por el fundador Pantaleón Panduro, así como por Timoteo y Rubén Panduro. Fechadas entre 1890 y 1950, las obras denotan continuidad estilística, sin importar el sujeto en cuestión, ya sea un hacendado, una dama o el mismísimo Porfirio Díaz (ca. 1910). Junto al barro modelado al estilo académico aparecen materiales no tradicionales como la fibra de vidrio. Clásico en su planteo escultórico y en la solución del volumen en positivo, El gran lamento, de Gonzalo Lebrija, es la figura de un hombre que apoya su brazo en la pared, y su cabeza en él. La ambigüedad del rostro oculto solo enriquece las posibilidades de significado. Lo más llamativo es el conflicto entre la naturalidad de la pose y la artificialidad del acabado de la fibra de vidrio: una superficie pulida completamente blanca.

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Eduardo Sarabia. History of the World (Consolidated) [Historia del mundo (consolidada)], 2008. Cerámica blanca pintada a mano, pintura esmaltada, estantería. Dimensiones variables.

La narrativa de la exposición pudo empezar con la conocida historia de que Mathias Goeritz dictaba muchos de sus cuadros por teléfono y nunca ponía su mano en ellos. Justamente venerado como uno de los artistas modernos más radicales en México, Goeritz también destacó como pionero en la colaboración con los talleres artesanales de Guadalajara, al punto que delegaba a estos la ejecución de muchas de sus ideas. Es por eso que se presenta una excelente selección de obras, en particular unos cuadros realizados con láminas de oro perforadas, a las que denominó Mensajes. Goeritz mantuvo un lenguaje abstracto que sin dudas debieron modificar las propias expectativas estéticas de los artesanos acostumbrados a una visión del arte marcada por la épica del Muralismo mexicano.

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Gonzalo Lebrija. Big Lamento (Gran Lamento), 2008. Fibra de vidrio. 175 x 60 x 60 cm (68 57⁄64 x 23 5⁄8 x 23 5⁄8 pulgadas).

Eduardo Terrazas, quien estudió arquitectura antes de dedicarse a las artes visuales, utilizó la nieli’ka huichol como punto de partida de sus trabajos de diseño, incluido el logotipo de la Olimpíada de México 1968. La nieli’ka es un objeto creado con cientos de hebras de estambre con cera de abeja y resina de pino sobre una superficie plana. Esta técnica procede de la comunidad de Huicholes, en el norte de Jalisco. En la década de 1970, Terrazas comenzó a crear diseños que comisionaba a los artesanos huicholes para que fueran realizadas al modo tradicional. Crecimiento exponencial, un conjunto de dieciséis cuadros, completa la escala tonal con un despliegue impresionante como una traducción al acrílico sobre tela de saturación de hebras para lograr las variaciones. Más recientemente, José Dávila continúa la exploración de traducciones pictóricas a otras técnicas con el Homenaje al cuadrado, que parte de las conocidas composiciones de Josef Albers convertidas en instalaciones cerámicas.

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Eduardo Terrazas. Crecimiento exponencial, 1975. Acrílico sobre lienzo. Dimensiones variables. Colección Jumex.

No hay dudas de que la cerámica es una protagonista de la muestra. Eduardo Sarabia utiliza las vasijas como soporte para imágenes no convencionales que pinta a mano. En Historia del mundo (consolidada), presenta una colección de estos objetos colocados compactamente en un estante. Allí aparecen armas de fuego, figuras erotizadas, signos de la violencia e inseguridad públicas y las drogas. Sarabia parecería cuestionar la autenticidad de la producción masiva de estas mercancías cuando no captan la realidad circundante del modo como lo hacen otras expresiones populares como la música, al punto de dar origen al llamado género de los narcocorridos. Por su parte, Mario García Torres reproduce en los platos de cerámica Suro las fórmulas y anotaciones que los empleados utilizan para definir la coloración de las partes de piezas por quemar, ya sean jarrones, azulejos, vasijas. De este modo, hace visible la mano del obrero, que usualmente queda oculta en el producto finalizado. Al mismo tiempo, rememora en el espectador las anotaciones similares que Vasily Kandinsky aplicaba a sus trazados sobre el lienzo, antes de la aplicación del color.

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José Dávila. Homage to the Square (Homenaje al cuadrado), 2013. Estante de cerámica y metal cortado a mano. Dimensiones variables. Cortesía del artista y Travesia Cuatro.

Algunas obras constituyen gestos de homenaje a la propia tradición artesanal de referencia. Claudia Fernández retoma la idea del ready-made que Marcel Duchamp inauguró hace un siglo, cuando propuso entender un objeto industrial como obra de arte. En su lugar, despliega una selección de huaraches, las sandalias típicas de Jalisco realizadas con cuero, hechos a mano por los artesanos locales. A diferencia de Duchamp, quien añadió una firma falsa a la escultura, Fernández apenas reduce su función a la de la selección de los objetos y el acceso al espacio legitimador del museo de arte para reconocer la artisticidad de los huaraches sin autoría precisa. El trabajo en metal y la orfebrería inspiran a Daniela Aguilar, quien estudió diseño de joyería, pero ha optado por trabajar con la técnica de cera perdida para lograr mayores formatos en esculturas de muñecas, realizadas con gran atención a los detalles.

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Daniel Guzmán. Untitled drawings from “Chromosome Damage” (Dibujos sin título de “Daño Cromosómico”), 2014. Pastel, acrílico, y carboncillo sobre papel. Dimensiones variables. Cortesía del artista y kurimanzutto.

Los talleres gráficos de Guadalajara también poseen un historial de renombre. En la exposición se presentan numerosas publicaciones de poesía y arte visual de diseños dinámicos producidas por Taller Dittoria, establecido por Roberto Rébora en 1993. Asimismo, hay una buena selección de las páginas editoriales de Milenio con ilustraciones humorísticas de José Ignacio Solórzano (JIS), un asiduo colaborador. El humorista gráfico político, nos recuerda Charpenel, tiene en el grabador José Guadalupe Posada a un predecesor de referencia obligada. En sintonía con la tradición del humor gráfico, pero en clave paródica, se encuentran los afiches de Christian Franco, que promocionan conciertos que nunca tuvieron lugar, actuaciones ficticias de bandas inexistentes. El sentido de lo falsificado se completa con los uniformes que utilizan los miembros de su banda de punk rock, Los Nuevos Maevans, de la cual Franco es un vocalista que no canta. En realidad, la banda solamente dobla canciones y simula tocar instrumentos.

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Christian Franco. Under Infiltrate (Bajo infiltración), 2012. Impresión Inkjet sobre papel de algodón. Dimensiones variables. Colección Jumex.

La música vuelve a ser tema en uno de los dos fabulosos tapices que vienen a dar cuenta del Taller Mexicano de Gobelinos, fundado en la década de 1960 por el austriaco Fritz Riedl siguiendo un método flamenco de tapicería que había aprendido en París. El artista Fernando Palomar comisionó al atelier realizar una versión en gran formato de la carátula del disco Genesis Live, álbum de 1973 de la renombrada banda británica de rock progresivo. Por su parte, Jorge Pardo diseñó otro tapiz con motivos acuáticos, incluyendo peces esquemáticamente representados. El impresionante registro de matices alcanzado por los tapiceros ha convertido esta técnica en una de las más cotizadas en el mercado.

En las antípodas de lo visto, Daniel Guzmán canaliza el carácter de la pintura outsider. Utiliza pastel, carboncillo y acrílico sobre papel. Las composiciones se destacan por su estructura icónica, una figura central proyectada al frente del cuadro, minimizando la importancia del fondo. Las figuras, deformes y con líneas de contorno acentuadas, aluden a la violencia. Pero el suyo es un gesto camaleónico, pues parece prestar su oficio y funcionar como avatar a los sujetos outsiders de la estirpe de Chucho Reyes.

Reconocer a Guadalajara como uno de los centros de producción de arte gracias a sus tradiciones artesanales viene a replantear las dinámicas entre lo local y lo global, en el contexto de una creciente influencia de los mercados. Hacerlo desde el territorio norteamericano bajo la administración proteccionista de Trump es un ejercicio de acomodo peculiar, que le viene bien a cualquier museo interesado en rebasar muros fronterizos.

ELVIS FUENTES

Saber acomodar, por Elvis Fuentes | artnexus