Paula Scamparini presenta Barco sobre lona, una exposición curada por Fernanda López, en la galería Aura de São Paulo. La muestra trae fotografías e instalaciones, algunas ya presentadas en la Galería GEDOK, en Múnich, como también otros trabajos que revelan la inquietud de la artista por el escenario de polarizaciones políticas, segregaciones y desigualdades que están en boga en la sociedad contemporánea.
Las obras traen también percepciones de Paula Scamparini sobre asuntos de la constitución de identidad colectiva y personal, entre ellos, la vulnerabilidad social de la ciudad de São Paulo y el fenómeno global de flujos migratorios.
En la entrada hay una instalación de grandes dimensiones, una cabeza gigantesca de un hipopótamo rojo con anillos dorados en sus cuernos. La estratégica localización de la instalación se relaciona, según la artista, con la escogencia que el visitante hace en el camino de su visita. El público debe escoger un camino, ante el obstáculo de la instalación: por la izquierda o por la derecha de esa obra. Así, el visitante, como interlocutor, se convierte en editor de las imágenes presentadas en la exposición. Uno de los lados lleva al espectador a encontrarse con las imágenes figurativas mostradas, y la escogencia del otro lado posibilita un encuentro con el proceso.

En uno de sus trabajos, Paula Scamparini instala dentro de la galería un colchón de concreto, de 250 kilos. En otro, una serie fotográfica presenta registros de performances realizadas en Múnich, en las que cuerpos femeninos, históricamente marginados, se presentan en espacios monumentales, para generar una tensión entre las escalas de los cuerpos y la del escenario en donde están situados.
El gran interés de la artista y de la curaduría se relaciona con la interlocución con el espectador, en su libertad de escogencia y reflexión entre lo figurativo y lo procesal.
Hace casi quince años, la artista viene presentando y resignificando su interés por la idea de construcción, que, en su caso, implica obligatoriamente un proceso que considera también las posibilidades de desconstrucción y reconstrucción. Sus trabajos, desde las primeras fotografías hasta las prácticas más recientes de acciones, asociaciones y residencias artísticas, son como desafíos a la mirada, leer, oír y percibir. Desafíos puestos inicialmente para sí misma, y después ofrecidos al público. A partir de desplazamientos –que pueden ser sutiles o intensos, conceptuales o literales–, la artista propone, para sí y para el otro, la posibilidad de reinvención de la percepción del mundo a partir de la tensión entre realidad y ficción (o escenificación), natural y artificial.
En Barco sobre lona, series fotográficas realizadas entre el 2014 y el 2015, propone la construcción escénica como estrategia para poner en duda la idea que tenemos de la realidad. Nos vemos allí frente a lo que parecen ser registros fotográficos, o sea, el congelamiento de un instante que ya pasó, pero no conseguimos tener la seguridad de si lo que estamos viendo es real o ficción. Su investigación más reciente renueva y amplía su mirada (y la nuestra) hacia esos temas. Un colchón y pedazos de disfraces y adornos usados por las escuelas de samba, donados a la artista después de los desfiles de este año, son al mismo tiempo material y personaje. Poliestireno expandido (icopor), plumas y lentejuelas, imprescindibles para la materialización de los reyes, reinas y mundos distantes, o formas tan comunes, ahora nos llaman la atención por su dimensión desproporcionada, fuera de lugar, ilusoria y fantasiosa, creando ruidos formales y conceptuales en el ambiente de una galería. Paula Scamparini refuerza en esa exposición el territorio de su producción como el lugar de la duda, y la duda como potencia. Aquí, lo que vemos son trabajos que nos hacen pensar sobre la construcción de la imagen, pero también en la imagen como construcción. La construcción de la historia, y la historia como construcción. La construcción del arte, y el arte como construcción.
La instalación Estandarte está compuesta por diversos disfraces carnavalescos de Salgueiro1, que fueron cosidos por la artista en Río y traídos para la exposición.
La instalación del Rinoceronte es una metáfora de una de las escenas de la historia del cine que más han impactado a la artista: la escena final de Y la nave va (1983) de Federico Fellini. Según Paula Scamparini, la catarsis ofrecida por Fellini en la última escena le causó una gran conmoción: el barco comenzando a hundirse después de ser bombardeado. El ventarrón, que hace aún más dramática la escena, es tanto que uno de los operadores de cámara tiene dificultad para asegurar el equipo. El caos de la tragedia que hasta entonces movilizaba nuestra atención y nuestras emociones sufre un corte conforme al encuadre de la imagen que se va ampliando, al punto de revelar su estructura. Vemos los andamios, una grúa, equipos de luz y sonido, parte del equipo de filmación, ventiladores, y hasta el sistema mecánico desarrollado especialmente para reproducir el movimiento del mar, hecho de plástico, usado en las grabaciones de estudio. De vuelta a la escena, vemos dos de los sobrevivientes: en un pequeño barco están Orlando y un rinoceronte. ¿Cómo pudo un animal de semejante tamaño caber dentro de una embarcación tan pequeña? Lo que le sugirió su Hipopótamo para esta exposición, llamado Busto. Esa obra fue recolectada en la barraca de Salgueiro después del desfile de 2018, traída a São Paulo y restaurada por la artista aquí en la galería.
NOTA
1. Salgueiro es una de las Escuelas de Samba de Río de Janeiro.
HÉLCIO MAGALHÃES
