Exposición Individualsept 2018 - nov 2018· Por Christine Frérot

Pancho Quilici

Galerie Thessa Herold

La última exposición individual en París del artista venezolano (Caracas, 1954) es también la que inicia el cierre de la Galerie Thessa Herold1, tras cuarenta y ocho años de actividad. En efecto, esta galería, que defendió con pasión a los artistas de América Latina (Jorge Camacho, Wifredo Lam, Joaquim Ferrer, Manuel Álvarez Bravo, Alberto Gironella, José Luis Cuevas, Roberto Matta o Saúl Kaminer, etc., y la lista es larga) y colaboró con los más grandes críticos y escritores franceses y latinoamericanos (Yves Bonnefoy, Jean-Jacques Lebel, Georges Duby, Edouard Glissant, Serge Fauchereau, Zoé Valdés, etc.), pone definitivamente fin a su actividad en julio de 2018. Dejará un vacío en un escenario artístico parisino que no supo cultivar vínculos perennes con la creación de este continente –como ella lo hizo a lo largo de todos estos años– y defender con talento y convicción a sus mejores pintores y escultores de todas las generaciones, que escogieron París, en su búsqueda de libertad y modernidad.

Exposición Individual: Pancho Quilici — imagen 1
Pancho Quilici. Errances 11 (Vagabundeo 11), 2017. Mixta sobre papel. 21 x 29.7 cm (8 17⁄64 x 11 11⁄16 pulgadas).

Para su última exposición, Pancho Quilici despliega nuevamente su talento de dibujante sin igual. El artista confirma su relación pasional y controlada con el espacio, tanto en pequeños formatos como en los grandes. Constatamos también, en sus últimas obras (varias series sobre papel o lienzo, realizadas entre 2016 y 2018), un cambio estético sustancial relacionado con su abandono relativo de la asistencia gráfica del computador, su técnica preferida desde hacía varios años. Se impone la frescura que concede al dibujo, siempre pensado y controlado, mientras la intermediación, en otro tiempo indispensable, de la máquina se atenúa. Este paseante solitario, enamorado de la naturaleza salvaje, afronta el vértigo del papel o del lienzo desnudo, con un placer que parece inalterable. La levedad, la fluidez y la transparencia impregnan sus “paisajes”, en donde se combinan la liquidez del aire y de las nubes con la densidad del agua y la tierra. La materia trabajada, triturada, domeñada, es el lema de esta pintura que siempre parece escapar del pensamiento racional, querer evaporarse, despegar de lo real para integrar mejor una dimensión onírica, la de un sueño, o más bien, de un “ensueño”, induciendo peregrinaciones dentro una naturaleza imaginaria.

Pero la “batalla” que emprende Quilici frente a los vértigos del vacío nos arrastra a abismos, profundidades nebulosas, especie de prismas cataclísmicos que irradian y nos atraen, como en Inquiétude des champs (Inquietud de los campos). Somos absorbidos por una gran abertura oscura, especie de agujero negro que aspira y expulsa a la vez. La pintura de Quilici es también aquella del gesto preciso, tanto aleatorio como controlado, voluntario y aventurado, cerebral y gozoso, en donde el riesgo y el azar acompañan la seguridad del trazo que emana de un trabajo profundamente pensado previamente; una intensa reflexión sobre la materia y sus imponderables, sobre el vacío y la naturaleza, sobre la inestabilidad y la incertidumbre del paisaje, preside la creación de toda gran pintura de este artista. Es el caso, en particular, de la muy bella y misteriosa Lointaines proximités (Lejanas proximidades), especie de telaraña en espiral que “recubre”, como un tejido arácnido, la mancha oscura “un poco caótica”, como lo explica Quilici, tratando de reproducir lo que pasa en la naturaleza. Su trabajo supone un tiempo largo que permite que la tarea evolucione, un largo proceso de elaboración para “colonizar estructuralmente el espacio”, en el que el artista se declara finalmente liberado del computador. En Vers d’autres rives en fuite (Hacia otras orillas en fuga), una nueva libertad toma forma, en la cual el espacio es atravesado de regueros de pintura, cebrados, relámpagos y alineamientos arácnidos que atraviesan la materia líquida y sólida como ondas magnéticas y la saturan sin jamás atenuar su fuerza primigenia.

En la serie de índole constructiva, Influence des liens (Influencia de los vínculos), Evènements constructifs (Eventos constructivos) y Apparence déviée (Apariencia desviada), cada objeto está compuesto de un dibujo al que se superpone una figura geométrica en acrílico transparente, combinación que crea un dinamismo visual que confirma la magia del trazo suspendido en el espacio. En efecto, los dibujos a los que se superpone un “volumen” geométrico dibujado y transparente, se leen simultáneamente, sin que el dibujo quede nunca disociado de la estructura acrílica, “copia” diferente que sin embargo lo refuerza. La serie Errances (Vagabundeo) es una de las que mejor reflejan esta relación estrecha que mantiene Quilici con la naturaleza, la tierra y el paisaje. Estos dibujos, que el artista realizó al azar de sus viajes en motocicleta, son vigorosas imbricaciones constructivas de manchas y líneas que revelan –en sus explosiones, espirales o tornados– una gran libertad. Libertad para el artista de dejar el lápiz deslizarse sobre el papel, al azar de sus emociones y sensaciones, libertad para la tierra de estar en movimiento, de ser cambiante, inalcanzable.

NOTA

1. Fundada en 1970 bajo el nombre de Galerie de Seine, situada en la rue de Seine, en Paris Rive Gauche, donde la actividad artística era entonces intensa, la galería Thessa Herold se instaló más tarde, en 1993, en el barrio del Marais, al lado del Museo Picasso, a donde una parte significativa de la creación artística contemporánea se ha desplazado hoy en día.

CHRISTINE FRÉROT

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