Con el nombre Sinfonía del universo, el artista venezolano Milton Becerra presenta una gran instalación de sitio específico y una serie de dibujos, donde busca establecer un puente simbólico entre el presente y el pasado (precolombino), trazado a partir de la noción de energía y la idea de su resonancia cósmica.
La instalación de sitio específico que da nombre a la muestra está formada por hilos de nailon de colores (azul, rojo, amarillo y verde), que han sido anclados en las paredes de la sala y que se amarran alrededor de una roca que queda suspendida en medio de la galería. En sus instalaciones con hilos, Becerra alude a los telares ancestrales. Pero en el caso de Sinfonía del universo, una referencia más puntual parece estar en juego. La roca utilizada es un gran canto rodado color rojizo tomado del río Supe, en Caral, provincia de Barranca (a unos 200 km al norte de Lima), cuna de la civilización más antigua de América, que en sus construcciones empleó “shicras”, cestillas tejidas con fibras naturales que eran llenadas con piedras y puestas en la base de las construcciones, para darles estabilidad. Tomando en cuenta dicha referencia, se diría que en la obra de Becerra la roca suspendida, trenzada entre hilos de colores, es el eje que sostiene las paredes del museo en su sitio. Pero, si bien eso no es así, sí es el núcleo de la instalación desde donde parecen irradiar las fibras multicolor –como rayos de energía alrededor de su fuente.

Los anclajes de los hilos en los muros de la sala están distribuidos de tal forma que las cuerdas forman planos virtuales en el espacio. En la pared del fondo, las armellas forman una equis, creando dos planos que se intersecan y que en las paredes laterales corren casi paralelos, inclinándose de arriba hacia abajo, y viceversa, hasta converger en el centro del espacio donde se ubica el canto rodado.
La tensión que mantiene la piedra suspendida en el aire no solo es evidente, sino que hace patente que la gravedad es un elemento clave en la instalación, aunque invisible –reforzando la idea de la energía como un tema fundamental en la obra del artista–. Se produce ahí un contraste marcado entre la flexibilidad del material y la rigidez de la roca, pero también entre la rectitud del plano y la línea que se forma. En ese sentido, en la instalación operan el punto (en la piedra, pero también en los anclajes de las cuerdas en la pared), la línea (los hilos de colores) y el plano (formado virtualmente por las líneas), pero orientados a producir un efecto de vibración óptica en el espacio durante su recorrido. En cuanto virtuales, estos planos se perciben parcialmente y, sobre todo, “sombrean” la sala con sus colores, que van variando según nuestra ubicación.
Si en nuestro desplazamiento por la sala los hilos “vibran”, dicho efecto óptico progresivamente se detiene a medida que los hilos se acercan a la piedra, que flota inamovible. Las líneas van juntándose hasta formar gruesas franjas de color alrededor de la roca.
Acompaña la muestra la serie de dibujos en formato cuadrado llamada Dibujos dimensionados. Estos dibujos en grafito sobre papel muestran figuras geométricas formadas a partir del trazado de líneas y el sombreado, pero también de marcas en bajorrelieve e incisiones en el papel, y del borrado del grafito. Los contornos palpitantes de estas líneas borradas producen la sensación de flujos de energía alrededor de estas formas y estos volúmenes. Pero la energía también subyace a esta operación de dibujar y borrar, cuyo despliegue se ve testificado por la repetición del acto creativo en las líneas paralelas, que esbozan diseños geométricos de reminiscencias tanto científicas como precolombinas.
Becerra juega, además, con la idea de lo bidimensional y lo tridimensional en estas obras, tanto por el uso de patrones lineales que remarcan el plano y el recurso a la perspectiva geométrica, que crea la ilusión de volumen, como por el uso de cortes en el papel que efectivamente rompen las dos dimensiones, creando elementos que sobresalen de su superficie.
En esta, su primera presentación en el Museo de Arte Contemporáneo, en Lima, Milton Becerra establece claramente sus nexos con el arte cinético, que ha sido una de las líneas de desarrollo creativo más emblemáticas del arte venezolano más internacional, pero lleva esta exploración del color y la forma hacia otros terrenos. De cierto modo, su instalación conecta las grandes preguntas sobre el cosmos (las fuerzas celestes, las leyes de la materia) con las preguntas por nuestro pasado (las civilizaciones ancestrales y sus modos de vida), que se entretejen alrededor de la curiosidad y el asombro.
MAX HERNÁNDEZ CALVO
