Marcos López

Asado en Mendiolaza, Córdoba, 2001. Impresión Lambda y coloreado a mano sobre papel montado en aluminio. 100 x 300 cm (39 3⁄8 x 118 7⁄64 pulgadas).

Monografíasept 2018 - nov 2018· Por Victoria Verlichak

Marcos López

Excesivo y tierno

Delirante y sensible, Marcos López posee una valiosa obra íntimamente vinculada a la región que, como bien lo subrayan sus ensayos fotográficos, existe cultural y socialmente más allá de lo geográfico. En este territorio colmado de resplandores y apatías, gozos y desdichas, López busca y arma los paradójicos paisajes y la pluralidad de personajes que cobran una nueva existencia en sus logradas imágenes.

Marcos López (Provincia de Santa Fe, Argentina, 1958) no para de producir y de exhibir, tampoco de escribir y hacer declaraciones. También publica “compulsivamente fotos en Instagram y Facebook para decir: ‘Estoy aquí’. ‘No se olviden de mi…’”. Difícil es olvidarlo a él, a sus obras, a sus muestras, que desbordan abundancia cromática y conceptual, provocación y ternura. Autor de fotografías, instalaciones y curadurías, el artista acierta cuando afirma que está “haciendo una crónica sociopolítica de América”.

Delirante y sensible, Marcos López posee una valiosa obra íntimamente vinculada a la región que, como bien lo subrayan sus ensayos fotográficos, existe cultural y socialmente más allá de lo geográfico. En este territorio colmado de resplandores y apatías, gozos y desdichas, López busca y arma los paradójicos paisajes y la pluralidad de personajes que cobran una nueva existencia en sus logradas imágenes, que comienza a capturar con cierto vigor y en color en 1980 durante un viaje por Bolivia y Perú.

Monografía: Marcos López — imagen 1
Gardel preocupado, Buenos Aires, 1997. Impresión Inkjet sobre papel de algodón coloreada a mano. 70 x 100 cm (27 9⁄16 x 39 3⁄8 pulgadas).

Tras esa enriquecedora práctica, finalmente abandona sus avanzados estudios de ingeniería, y con una beca del Fondo Nacional de las Artes se trasladada a Buenos Aires en 1982, para dedicarse por completo a la fotografía. Luego se especializó en la Escuela Internacional de Cine y Televisión en Cuba y tuvo una estadía en Brasil, convirtiéndose en un viajero incansable. Fueron los escalones iniciales de una trayectoria que incluye premios, libros de fotos, libros con sus textos, muestras en instituciones de prestigio, notables fotografías tomadas en México, Paraguay, Venezuela, Colombia, Argentina, repletas de humor ácido y crítica social, dolor y devoción. En México conoció a su mujer, una cubana con dos hijos, con quienes vive en un barrio del sur de la cada vez más latinoamericana ciudad de Buenos Aires.

Comenzó a tomar fotografías en 1978 en su provincia natal, a la que vuelve una y otra vez a tomar fotos, a intervenir, a exhibir. Sin ir más lejos, en 2017 realizó, junto con Estudio Marcos López, la curaduría, la selección y el diseño de montaje de la exposición “Pública”, para Macro, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario: un gran diálogo entre obras del patrimonio, intervenciones y creaciones del artista.

Monografía: Marcos López — imagen 2
Carnaval criollo, Buenos Aires, 1996. Impresión Inkjet sobre papel de algodón coloreada a mano. 70 x 100 cm (27 9⁄16 x 39 3⁄8 pulgadas).

Su primera serie en blanco y negro –reunida en el libro Retratos (1993, reeditado en 2006)– ya revela el talento de un artista inusual. En las fotos se destaca la firmeza de la mirada de los retratados, como en El ganador (1986), Tía Negra (1992), Doris (1992), o la ausencia de esta, como Flavio (1992), con sus ojos cerrados. Cuando se aproxima al color comprueba que prefiere la contundencia visual. Explora y se apropia del color, de los tonos saturados que le permiten hacer esas fotos exageradas por las que es tan reconocido. El color y los tintes irónicos explotan en su ensayo fotográfico Pop latino, durante la década del noventa, en consonancia con los sentimientos extremos que expresa. “Con el color mi obra es más trágica”, aclara el artista. “El color es como una suerte de engaño, porque cuando se entra al supuesto carnaval que ofrecen las fotos, allí están la tragedia y la ternura”.

Monografía: Marcos López — imagen 3
Gaucho Gil, Buenos Aires, 2008. Impresión Inkjet sobre papel de algodón coloreada a mano. 100 x 144 cm (39 3⁄8 x 56 11⁄16 pulgadas).

Las inesperadas y sobresalientes imágenes del artista tienen contenidos tan atractivos como penosos. Son quiméricas representaciones armadas y pulidas hasta la perfección reflejando instantes más reales que la vida. Con una mirada entrenada para descubrir protagonistas para sus insólitas puestas en escena, encuentra modelos incidentales: mesero de restaurante, empleada de bar, ayudantes de su estudio, artistas plásticos, actores, amigos, incluso parientes. Pero también sabe ver el entorno, realmente existente o inventado, que mejor habrá de enriquecer la fotografía y sugerir mayor multiplicidad de sentidos.

La mujer de Carnaval criollo (1996), con máscara de la neoyorquina Estatua de la Libertad, no está en cualquier sitio. Está en la ancha y porteña Avenida 9 de Julio, ante un cartel publicitario de una aerolínea que vuela a Nueva York. La imagen pareciera decir que es poco probable que la mujer, vestida como empleada doméstica y con guantes de goma de trabajo, viaje más allá del Obelisco que se ve en el fondo. El Gardel preocupado (1997) –de excelente parecido con el mítico cantante y compositor de tango– se halla en el complejo edilicio de la TV Pública; ¿qué le pasa? ¿Tiene temor a una nueva versión televisiva de su vida que descubra un costado oculto? Las imágenes del artista invitan a las preguntas, no clausuran significado alguno.

Monografía: Marcos López — imagen 4
Sireno del Río de la Plata, Buenos Aires, 2002. Impresión Inkjet sobre papel de algodón coloreada a mano. 100 x 170 cm (39 3⁄8 x 69 11⁄16 pulgadas).

Con la serie Sub-realismo criollo, en el año 2000, López parece mirar con más intensidad a la historia de la pintura occidental. Cita y artificio se vuelven marcas frecuentes de su fotografía, que retoca digitalmente o con pintura. Equiparada con La última cena de Leonardo da Vinci, Asado en Mendiolaza (2001) representa una reunión de amigos en torno a una mesa bien criolla: lechón, chorizos y morcillas, vino y soda, ensalada mixta. Pero la imagen es de 2001 –año del estallido social, económico e institucional en Argentina (sin moneda, sin presidente, sin trabajo, y más)–, y López quizá se pregunta acerca de las carencias; ¿estaban estos ingredientes en las mesas populares? El Sireno del Río de la Plata (2002) quizá recuerde a algunos la escultura La sirenita de Copenhague –homenaje a Hans Christian Andersen, con cuento homónimo–, que mira a las aguas de la bahía. Con esta imagen, López no solo pone en el tapete la cuestión de género, aquí el modelo es hombre, sino que subraya la suciedad de la orilla del contaminado río color de león.

Monografía: Marcos López — imagen 5
Hospital, Buenos Aires, 2004. Impresión Inkjet sobre papel de algodón coloreada a mano. 110 x 170 cm (43 5⁄16 x 69 11⁄16 pulgadas).

La fotografía de Hospital (2004) es especial. Recrea la pintura Las dos Fridas de Frida Kahlo. La conmovedora imagen –dos registros exactos, unidos digitalmente, del mismo actor– se hizo en un pasillo que da a la morgue del tenebroso hospital psiquiátrico público de mujeres de Buenos Aires. En el caso del enfermo y enfermero no hay humor. “Es puro dolor”, dice López. “Aquí la sangre enferma cura a la sangre sana, y viceversa; uno ‘es’ su propio enfermero. La curación se obtiene indagando a fondo en la propia desolación”. La foto habla por sí sola, pero cobra una nueva dimensión si se establece un vínculo con el sentimiento de pérdida que acompaña al artista: su hermano mellizo, Luis Daniel López, falleció tres días después de nacer. Asimismo, en Autopsia (2005) puede verse La lección de anatomía de Rembrandt, con ecos en la fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che Guevara en la escuela de La Higuera de 1967, pero también una mesa de torturas.

El Gaucho Gil (2008) que imaginó López retrata la figura de un gaucho milagrero y santo popular ajusticiado por la autoridad en 1878 en la provincia de Corrientes, y cuya imagen con cintas rojas puebla rutas y santuarios. Aparece feroz con mirada llameante y el cuchillo en la mano, luciendo calzones o pantalones con puntillas (típicos del Virreinato); se observa una lejana cruz con banderas rojas. Así como hay varias versiones de su vida (quizá fugitivo del ejército, quizá ladrón rural), hay varias interpretaciones de su rostro; sin duda la pregnancia de la imagen de López del Gauchito Gil (como es conocido) perdurará.

Monografía: Marcos López — imagen 6
Flavio (ojos cerrados), Buenos Aires, 1992. Gelatina de plata sobre papel fibra. 40 x 40 cm (15 3⁄4 x 15 3⁄4 pulgadas).

La muestra “Exceso” (2010) en Ruth Benzacar, que incluía fotos de una familia de sastres bolivianos y del altiplano, prefiguró su exposición “Debut y despedida” (2013) en Centro Cultural Recoleta y otros ejercicios curatoriales. Su imparable torrente creativo lo hizo decidirse también por pinturas, objetos e instalaciones nacidos de las escenografías de fotos o de las fotos mismas. Con la colaboración de otros artistas, sus fotos se volcaron al espacio o se corporizaron en objetos escultóricos como el Evo (Morales, presidente de Bolivia) o Ekeko Pop; cita las pinturas del inoxidable Warhol y suma objetos de consumo.

Monografía: Marcos López — imagen 7
La autopsia, Buenos Aires, 2005. Impresión Inkjet sobre papel de algodón coloreada a mano. 63.8 x 118.5 cm (25 1/16 x 46 11/16 pulgadas).

Con la lograda experiencia curatorial de “Debut y despedida”, Marcos López creó un género aún inclasificable. Entonces dobló la apuesta en términos de indiscutible fuerza visual transformando la Sala Cronopios (CCR) –repleta de techo a piso– en una composición con obras en multiplicidad de formatos, sin bordes definidos y con los tonos y las mixturas de un tradicional mercado popular. Allí repasó su biografía, citó su propia obra en Casita feliz (2013) (el Sireno de su foto se convirtió en escultura, de la mano de la artista Elba Bairon) y la ajena (de Antonio Berni a Martha Peluffo pasando por León Ferrari; de Jeff Koons a Edward Hopper, y más). Exhibió coloridas baratijas de las tiendas chinas con formas de animales y suvenires de todo tipo. Combinó seres anónimos con iconografía cristiana, inventó la Suite Bolivariana (2009) con bustos de próceres (San Martín, Bolívar) y políticos (Evita, Che, Chávez), superhéroes de ficción. Mezcló artesanía popular y citas de la historia del arte y mucho más. Juntó la alegría del carnaval, la precariedad de los asentamientos informales, con la opulencia de Puerto Madero; reinó la creatividad.

Monografía: Marcos López — imagen 8
Vista de sala Ser Nacional, Buenos Aires, 2016. Instalación. Cortesía: Estudio Marcos López.

Aunque la colaboración de otros artistas, de los asistentes del Estudio Marcos López, es central en la producción de este tipo de muestras, prevalece la visión de López como sujeto social y como artista todoterreno (autor de la premiada película Ramón Ayala [2013] –documental-ficción sobre el compositor, músico y pintor argentino del mismo nombre–; incluso en 2016 subió al escenario, con obra de su propia autoría). Con su firma realizó otro inmenso collage en CCK (Centro Cultural Kirchner), Ser Nacional (2016), a propósito de los 200 años de la independencia del país. En coincidencia con esa fecha, su aspiración fue realizar una crónica artística, social y política del país. Su empuje creativo logró traer importantes obras artísticas originales a la gran sala, a autores de piezas de música y literatura, citas a medios de comunicación. De nuevo, se citó a sí mismo trayendo al Gauchito Gil y otros, presentó fotos de Sara Facio y Annemarie Heinrich, ilustró próceres y mostró expresidentes, expandió tapas de revistas, instaló la figura de una persona sin techo, evocó a María Elena Walsh, a Mirta Legrand, trabajó con un original de Berni y otro de Pablo Suárez, puso los colchones y la imagen de Guillermo Kuitca, plantas y animales. Mostró con éxito “el ser nacional”.

Monografía: Marcos López — imagen 9
In-Continente, 2018. Vista de la instalación en Rolf Art. Cortesía: Estudio Marcos López.

El mismo año, en Fundación Proa (“Entre - nos. Crónicas de La Boca”, 2016), recreó Piccolo Vapore, la única cantina italiana que se mantiene en La Boca desde los años sesenta. La instalación Il Piccolo Vapore, nacida de una foto tomada en 2007, permitió a los espectadores adentrarse en esta, compartir la atmósfera de tango y fútbol de la cantina y tomarse fotografías con los personajes allí sentados.

Mientras ArtNexus entraba a imprenta, continúa exhibiéndose “In-Continente”, en Rolf Art, que con 50 obras “propone una arqueología del artista y su obra” y que, nuevamente, evidencia su filosofía de que “más es más” y su perspectiva política. La pieza más importante es el mural “fotográfico-pictórico” Suite Bolivariana. Ante el mural, suma una pieza escultórica de tamaño natural del presidente Mauricio Macri leyendo la revista Hola y con sus pies en una palangana; ¿qué dice con eso López? Vean y decidan. En el texto que acompaña la muestra, el artista señala que el mural intenta “poner en evidencia el fin de la utopía de un mundo más justo. Está concebido desde un lugar de polaridad. En la izquierda están los buenos, y a la derecha los malos. El imperialismo caracterizado como un equipo de básquetbol de la NBA. En el medio, el peronismo navegando en su fetichismo hipócrita y populista. […] La izquierda insurgente está representada por un grupo de mineros bolivianos izando la Wiphala, la bandera de los pueblos originarios del altiplano. […] Cita de Raising the Flag on Iwo Jima, la célebre foto tomada el 23 de febrero de 1945 por el fotógrafo Joe Rosenthal”. Con una imaginación y energía sin límites, López ya está trabajando en un nuevo proyecto: una película filmada con su celular. Vive y trabaja en Buenos Aires.

VICTORIA VERLICHAK

La autora aguarda la aparición de su libro Mildred Burton. Atormentada y mordaz.

Marcos López, por Victoria Verlichak | artnexus