La reciente exposición de Maite Izquierdo en la Galería Artespacio nos hace revisar nuestras memorias colectivas para comprender el rol que estamos inconscientemente invitados a jdesempeñar a lo largo de nuestra vida.
Grandes volúmenes textiles interpelan quiénes somos a la luz de nuestros antepasados. Cuánto sabemos y qué escondemos de nuestras familias. Cómo reflejamos sus aciertos, dolores y pasiones.
La colorida exposición está constituida por seis esculturas de casi tres metros de altura cada una, realizadas en diversas materias textiles, en las que la artista convoca textura, color y materia, conformando así un nuevo lenguaje que ha desarrollado a través de la materialidad en función del color. Esta instalación cubre tanto lo textil como lo escultórico, derivando a la instalación.

Durante veinte años de carrera, iniciados en la Universidad Católica de Chile, ha logrado una constante e ininterrumpida trayectoria plástica. Desde sus comienzos en Salamanca (España), luego en Australia, para volver a Chile, ha estado construyendo un imaginario propio del cruce de civilizaciones, del cuerpo y de lo textil como medio de expresión profundo, quedando demostrada en obras exhibidas en Chile y en el extranjero. Su obra se ha caracterizado por acumular y redescubrir textiles que los ensambla o teje, y luego los presenta para dotarlos de una nueva significación, transformándolos en vestigios de nuestro tiempo.
Ahora la artista nos convoca a revisar sus antecedentes familiares. En Herencia recrea su propia historia con géneros, paños, cordeles, gasas y todo tipo de material desechado. Fue un proceso catártico y poderoso, en el cual se dejó acompañar de terapeutas, artistas y críticos de arte, y así revisó su vida recreando seis “monstruos” que representan a sus cuatro abuelos, padre y madre. El proceso creativo le sirvió como camino de autoconocimiento logrando al fin un resultado universal de volúmenes que abrazan o interpelan.
En la exposición que lleva el nombre de Herencia, la artista nos dice: “Mis antepasados se hacen visibles para ayudar[me] a trascender. Con esto descubro el tesoro de lo que heredé de cada uno de mis progenitores, pero también cada uno me evidencia aquellas cosas que nos pesan y que llevamos cargando transgeneracionalmente. Estos gigantes textiles evidencian la información del inconsciente biológico, en el que mi clan familiar me transmitió de generación en generación. Son gestos audaces que se clavan para apropiar y así tomar solo lo necesario para ser lo que elijo ser y empoderar también a las generaciones posteriores”.
Los caminos emprendidos por la artista se han ido construyendo al darle un nuevo sentido al arte textil. Ya no son las tapicerías del siglo XIX, ni mantos funerarios precolombinos, ahora son cuerpos matéricos que expresan un lenguaje vigoroso, renovador, en el cual vemos que confluye el discurso personal elevándose a nuevos territorios.
Dos visiones se unen a su lenguaje: el trabajo con el cuerpo, donde lo textil abandona el rol de cubrir para ser elemento de investigación. Y sus personajes, que son descubiertos y conformados con el mundo del retazo. La fragilidad del material lleva a explorar lo cambiante, lo efímero y, gracias a la gravedad de los cuerpos, abrigan el espacio entregado.
La crítica Catalina Mena ha dicho: “En un juego de transferencias, Maite Izquierdo se asume como corporalidad tensionada por contradicciones, hecha de retazos de temporalidades y lugares, marcada por sus olvidos y sus memorias. Un cuerpo que ha convertido sus grietas en espacios donde circula la energía que lo vincula consigo mismo, con la obra y con otros cuerpos”.
ERNESTO MUÑOZ
