Exposición Individualsept 2018 - nov 2018· Por Andrés Gaitán T.

José Alejandro Restrepo

El Parqueadero

¿Qué es un cuerpo? ¿Cómo lo entendemos? ¿De qué manera lo recorremos para hacerlo visible?, ¿asible? Al cuerpo humano lo hemos descubierto de todas las formas posibles; aun así, sigue sin descubrirse realmente. Ha sido, es y será una extrañeza de la naturaleza. Históricamente se le ha asociado de manera mística con todo tipo de simbologías que permanecen, en algunos casos, como arquetipos de pensamientos divinos. Se lo ha desmembrado para analizarlo por partes y tratar de sacar de cada miembro, cada órgano, por más minúsculo que sea, cada tejido o fluido, una razón de ser. Nada. Nada es suficiente porque el cuerpo vuelve a reclamar el secreto.

Recorrer la exposición Cadáveres indisciplinados del artista José Alejandro Restrepo es como entrar en un cuerpo que ha sido sometido a un escrutinio simbólico, mágico, erótico, atemporal y, gracias a todo ello, profundamente nuestro. Es como vernos reflejados en un recorrido por ese cuerpo que sigue siendo extraño, aun siendo propio. Ya lo decía Marsias cuando Apolo lo desollaba vivo: “¡Una persona no merece tanto dolor!”. Y no es propiamente el dolor causado porque le retiren la piel, sino el dolor de verse al revés, de verse por dentro y no reconocerse. El de habitar algo que no entiende y, a su vez, el de ver el cadáver que habita en él. ¿Quién habita a quién?

Exposición Individual: José Alejandro Restrepo — imagen 1
José Alejandro Restrepo. Figuras de cera de la serie Cadáver Indisciplinado, 2018. Vista de la instalación con figuras de cera del Che Guevara, Evita Perón, Simón Bolívar, Jorge Eliécer Gaitán, Pablo VI, presidente Kennedy, padre Camilo Torres, Luis Carlos Galán, Fidel Castro, Juan Pablo II, prestadas por el Museo Augusmar de Bucaramanga. Dimensiones variables.

Entrar a la exposición es recorrer un cuerpo disecado, donde nos vamos topando con “estaciones” que develan asociaciones con la etnografía, el chamanismo, los inicios del circo, intercambios de energías, religión y surrealismo, pero no surrealismo bretoniano, sino aquel que hacía la contraparte fuerte, incisiva, y hasta desmembradora, de Bataille y su grupo de disidentes. Decíamos que entrar a este cuerpo y recorrerlo es una experiencia en la que Restrepo deja ver sus pulsiones de manera anacrónica. Nos lo muestra como Apolo le ha hecho a Marsias, sin piel, en éxtasis de poder, de dolor y de muerte. Por eso, nosotros, espectadores que visitamos este cuerpo, no vemos en él nada distinto a un cadáver que se está revolviendo y que pretende generar otras reflexiones que aún no han sido dichas. Recordemos las tesis de Carl Einstein en la década de 1930, donde se embarca en unas reflexiones que van más allá de una construcción de historia lineal y de una búsqueda por encontrar en los objetos (cuerpos) de las culturas africanas una clasificación de tiempo, de utilidad o de extrañeza cultural, vista desde una óptica positivista. Einstein se desmarca de esta postura con absoluta radicalidad para pensar los objetos como un fragmento de lucha por imaginar el mundo como un cuerpo complejo de mutaciones donde dirimen todo tipo de lenguajes y disciplinas. Einstein, mirándolo desde la perspectiva de esta exposición, diría que serán lenguajes e indisciplinas.

No es un asunto menor el de hacer esta comparación entre Carl Einstein y la manera como se tejen varias historias anacrónicas en la exposición; se trata de traer a la memoria toda suerte de cruces, donde se encuentran en una mesa el papa Juan Pablo II, Fidel Castro y Luis Carlos Galán. No son, sin duda, encuentros fortuitos, sino más bien encuentros de muertos que no dejan en paz a los vivos, de la misma manera que nosotros los vivos no dejamos en paz a los muertos, parafraseando el texto introductorio de la muestra. Son cuerpos indisciplinados porque revuelven la historia y de paso nos enseñan que no hay peor historia que aquella que se queda anquilosada en los libros, sujeta a una sola verdad. El cadáver indisciplinado es un cuerpo que aún vive en el tiempo, y así nos lo está poniendo de relieve en el recorrido lúgubre, y acaso irónico, satírico, que le imprime Restrepo. El cadáver indisciplinado cuestiona y reescribe la historia en cada visita.

Hay muñecos de cera, que comen en una mesa a media luz. Hay videos sobre percepciones paranormales o posturas religiosas. Hay raíces chamánicas con propiedades alucinógenas. Hay mezcla de imágenes y sensaciones que nos invitan a descubrir varias historias en diversos niveles de comprensión, donde se funden desde el éxtasis con el dolor y la muerte hasta las extrañezas y los cruces fortuitos que se pueden encontrar en un gabinete de curiosidades o en un grupo de difuntos en cera (también) que esperan ser auscultados por el ojo distorsionado y morboso de un espectador (Marsias). Poco a poco la experiencia de la exposición se va perdiendo en el socavón más recóndito del cuerpo inerte. Todos vemos al Che Guevara que ha muerto como un Cristo, vemos a Gaitán que fue asesinado y convertido en un mártir de la patria, un Simón Bolívar que muere como héroe de Suramérica, etcétera. Son muñecos, pero al mismo tiempo son pulsiones, son memorias y son momentos que nos provocan huir de nosotros mismos. Como se anotaba al inicio: ¿quién habita a quién? No es una pregunta vana si estamos haciendo referencia a cuerpos indisciplinados.

ANDRÉS GAITAN

José Alejandro Restrepo, por Andrés Gaitán T. | artnexus