El Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano presenta la primera exposición individual del artista cubano Gustavo Pérez Monzón: Tramas, antología que reúne alrededor de cincuenta obras que el artista produjo durante la última década que vivió en su natal Cuba. La exposición fue organizada por la Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO); las piezas son parte de la colección Ella Fontanals-Cisneros, y los curadores fueron Elsa Vega y René Francisco Rodríguez.
Gustavo Pérez Monzón es uno de los artistas cubanos más complejos y enigmáticos de finales del siglo pasado. Alcanzó gran reconocimiento a partir de su participación en Volumen uno, exposición colectiva que se llevó a cabo a principios de los años ochenta y que se presentó en el Centro de Arte Internacional de La Habana, donde participó un grupo de jóvenes menores de 25 años. La importancia de esta exposición se hizo evidente inmediatamente gracias a la selección de temas y problemáticas abordados por los artistas, lo que posicionó, de manera importante, a la gran mayoría de los participantes dentro de la escena del arte contemporáneo.

A esta nueva generación, a la cual perteneció el artista y que se destacó dentro de la producción artística contemporánea en Cuba, se le atribuye un carácter disruptivo por la experimentación con nuevos temas, materiales y prácticas, además de desarrollar cambios conceptuales en el contenido de sus trabajos. La motivación que accionaba todo este engrane era la innovación.
Esta práctica se observa en Pérez Monzón a través de los dibujos, pinturas e instalaciones, que son los formatos exhibidos en la muestra. Tramas, la pieza homónima de la exposición, es la de mayores dimensiones y abarca casi todo el espacio de la sala El Cubo del Museo.
La resolución del montaje se presenta como una reproducción de las obras de Pérez Monzón, obedeciendo al seguimiento de patrones que se repiten, de estructuras, y con el cuadrado como figura geométrica central.
Durante el recorrido por la exposición, el artista muestra su inclinación por el abstraccionismo, la geometría, y la relación que busca crear entre su obra y el espacio que la contiene. Asimismo, se puede percibir una evidente fijación por el cuidado del detalle, la minuciosidad en la distribución de sus formas y el uso de la línea como eje central de sus creaciones. Además, se notan la gran cercanía y afinidad que tiene con los números, las matemáticas, la numerología y el tarot.
Una de sus instalaciones, Hilos, muestra claramente el carácter estructurado y detallista de su trabajo. Esta instalación interviene los cuatro muros de una sala con miles de líneas rojas equidistantes que confluyen en sus centros en la figura de un cuadrado, dando la impresión de un patrón de bordado a gran escala. Las líneas rojas sobre el fondo blanco también generan un juego de colores dando la impresión de oscilar entre el rojo y el rosa, según se observa.
Para Gustavo Pérez Monzón, el tarot es una “guía inseparable”1, como él mismo lo menciona. En su serie de cartas de la obra con el mismo nombre (Tarot) realiza interpretaciones personales que tienen como objetivo dos puntos fundamentales: “transmitir el sentido emocional de la carta y la relación entre números y formas”2.
En su labor artística, Pérez Monzón decidió alejarse de la producción plástica por más de veinte años y enfocó sus esfuerzos a la cátedra profesional del arte. A principio de los años noventa se muda a México, donde fue director fundador del área de Artes Visuales en el Centro Morelense de las Artes, en la ciudad de Cuernavaca.
NOTAS
1. Gustavo Pérez Monzón.
2. Gustavo Pérez Monzón.
HÉCTOR TAPIa
