Exposición Individualsept 2018 - nov 2018· Por Lisbeth Rebollo

Flávio Shiró

Pinakotheke São Paulo

Pinakotheke inauguró, en su sede de São Paulo, una exposición del artista Flávio Shiró. En esta muestra se presentó el recorrido de la trayectoria del artista nipo-brasilero desde los años 1940 hasta el presente. Con la curaduría de Max Perlingeiro y del propio artista se reunió un conjunto de veintiséis pinturas, doce dibujos sobre papel, fotografías y objetos, estos inéditos para el público. Se publicó un libro en Ediciones Pinakotheke, con un ensayo crítico de Paulo Herkenhoff, y durante la exposición se exhibieron cinco cortometrajes producidos y dirigidos por Margaux Fitoussi y Adam Tanaka, nieto del artista, con supervisión ejecutiva de Josué Tanaka, hijo del artista. Después de São Paulo, la muestra será exhibida en el espacio de la Galería Pinakotheke en Río de janeiro (a partir del 24 de septiembre).

Flávio Shiró tiene 70 años de trayectoria artística; el 27 de agosto del 2018, Flávio Shiró completó 90 años de edad. Nacido en Sapporo (Hokkaido, en Japón), su familia emigró a Brasil en 1932. Primero, vivió con sus padres y hermanos en una colonia japonesa, en la ciudad de Tomé-Açu, en el estado de Pará, en el norte del Brasil, en la región de la Amazonía, donde el padre trabajó como dentista. Después, hacia el final de los años 30, vino con la familia a São Paulo, en busca de mejores condiciones de vida, y por esta época comenzó a manifestar interés por la pintura.

Exposición Individual: Flávio Shiró  — imagen 1
Flávio Shiró. Ascendente, 2016. Óleo sobre tela. 173 x 99.5 cm (68 7⁄64 x 39 11⁄64 pulgadas). Foto: Jayme Acioli.

Flávio Shiró es un artista premiado en salones y bienales. Recibió, por ejemplo, el Premio Internacional de Pintura, en la Bienal de París de 1961. Es un artista internacional; ha expuesto su trabajo en individuales y colectivas en Brasil y en países como Francia, Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica e Italia. Se realizaron retrospectivas de su obra en Japón (Museo Hara, en1993), en el MAM de Río de Janeiro (1993), en el Museo de Arte de São Paulo (1994), en el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói (Río,1998) y en el Instituto Tomie Ohtake (São Paulo, 2008).

Comenzó su recorrido como pintor en el inicio de la década de 1940, acercándose a la generación de modernos del medio artístico de la ciudad de São Paulo, importante centro cultural del Brasil. Vivió dos años en Río de Janeiro, entonces capital del país, participando en el Salón Nacional de Arte Moderno. En 1953 viajó a Europa y se estableció en París, donde estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de esa ciudad. Comenzó a exponer en los salones parisinos Comparaisons y Réalités Nouvelles. Era la época de la afirmación del arte abstracto en la escena internacional, y Flávio Shiró ingresó en esa investigación, sumergiéndose en la exploración de la materia, interesándose por el signo en la pintura, por el arte como lenguaje.

Shiró trae, en su experiencia de vida, la marca de diferentes realidades culturales: la oriental, puesto que procede del Japón; la occidental, vivenciada a partir de su inmigración a Brasil, y, ciertamente, por su estadía, la de París, el centro artístico europeo más importante en el siglo XX. Estas experiencias aparecen amalgamadas en su arte. En la perspectiva oriental existe la práctica del sumi-e, del gouache y la acuarela, la gestualidad; del lado occidental está el gusto por la investigación de la materia, por lo sensorial, por las distorsiones y por las fantasmagorías que marcarán su imaginario plástico.

La crítica de arte, cuando analiza el trabajo de Shiró producido en el decenio de 1950, lo discute en comparación con artistas como Fautrier, Pollock y Dubuffet.

Otro aspecto que se destaca en su trabajo de aquella década tiene que ver con su origen oriental, y es el gusto por la forma del soporte horizontal o vertical alargado, como en los rollos narrativos llamados emaki. La espacialidad asume en su trabajo una importancia de primer orden.

La obra que ilustra este artículo presenta ese formato y revela la investigación del artista, poniendo en evidencia la importancia del espacio en su pintura, al lado de la gestualidad y de la materia.

En los años de 1960, un fuerte impacto sobre su obra plástica vendrá de la guerra del Vietnam. El horror de la guerra aparece en sus fantasmagorías. El dolor, la muerte y la tragedia están inscritos en su obra artística.

A partir de los años 1970, el artista deja emerger otros asuntos en su universo de imágenes. Como observa Paulo Herkenhoff en el ensayo del libro lanzado con ocasión de la inauguración de la muestra, hay en estas fantasmagorías una memoria de los cuentos japoneses aterradores que su madre le contaba cuando niño. El crítico ve también, en esta época y ya al final del año 59, recuerdos de su vivencia en la región amazónica del Brasil, donde pasó su infancia: “una pintura viscosa, materia lodosa, algo que tiene que ver con la naturaleza en la selva amazónica”1. Estas características también se podían ya ver en telas del decenio 1950-60, como Vuelo nocturno, Materia III y Camargue, que están en la exposición de la Galería Pinakotheke y que igualmente fueron expuestas en la muestra que realizó en el Museo de Arte Moderno en Río de Janeiro, en 1959. En aquella ocasión el crítico francés Georges Boudaille identificó cierta “humedad amazónica” en esas pinturas.

Muchos otros asuntos pueden ser identificados en el universo de los signos pictóricos de que este artista se vale.

Aquí quedan apenas algunas sugerencias para motivar el conocimiento de la obra de esta maestro de la pintura brasilera.

NOTA

1. Flávio Shiró, Pintor, Ed. Pinakotheke, 2018, p. 21. Formas aterrorizantes.

LISBETH REBOLLO GONÇALVES

Flávio Shiró, por Lisbeth Rebollo | artnexus