Exposición Individualsept 2018 - nov 2018· Por Graciela Kartofel

Eugenio Dittborn

Alexander and Bonin

Quienes conocen la obra de Eugenio Dittborn (Chile, 1943) saben que dentro de la libertad de este artista conceptual hay ciertas premisas que él no deja de cumplir. Como arte correísta, Dittborn realiza sus obras, que viajan por correo, en resistentes sobres grises diseñados por él. Solo así, como arte correo, viajan sus trabajos de autor. Sus seguidores están al tanto de que los trabajos de Dittborn son en su gran mayoría de formato mediano y grande (no son pequeñas misivas, como las de la época de mensajeros a caballo). Ya sean las obras en papel, con técnicas mixtas, con collages, con dibujo y/o estampación refiriendo los temas de los perseguidos políticos, de los desaparecidos, de los prontuariados; o ya sean las obras que en este año 2018 se exhiben en Alexander and Bonin –la galería neoyorquina donde se presentan sus realizaciones desde hace aproximadamente veinte años–, el enfoque atiende al mismo proceso, con fluctuaciones dentro de la continuidad.

Se mantiene que el espectador no lee sus obras como una narrativa lineal. No se basa en una cronología histórica; cada mensaje es uno en sí mismo, aunque hay expresiones de ambigüedad que llevan a percibir asociaciones y disociaciones. En los trabajos de Dittborn existe la cuadrícula en el doblado de las telas, pero no son cuadrículas en pintura, ni en serigrafía. En esos dobleces acontece una cuadrícula muy diferente a la habitual. Si tomamos la cuadrícula como un elemento geométrico, advertimos que pintados y dibujados hay gestos, formas orgánicas, rayones, palotes, ciertas tachaduras, salpicados, manchas, superposiciones, guardas, fragmentos de cuerpos y figuras humanas semicompletas, semiborradas, desdibujadas, en posiciones insólitas (algunas aludiendo a la vida, otras a la muerte, a obras maestras del arte y a cierta literatura clave de la humanidad).

Exposición Individual: Eugenio Dittborn — imagen 1
Eugenio Dittborn. Nadar. Pintura Aeropostal No. 191, 2017. Teñido, acrílico, costura y foto-serigrafía en 2 secciones de loneta. 210 x 140 cm (82 5/8 x 55 pulgadas).

Rojo, azul, gris, blanco, negro, rosa agrisado y azul claro repiquetean en casi todas las obras creando una malla de pinceladas puntísticas. En Ordnung (Orden), Pintura Aeropostal No.190, se apoyan dos retículas que parecen trazadas con la cinta de enmascarar que usan los artistas para obturar una zona o marcar algún límite. Entre estas dos capas asoman palitos y palotes, tiras y trocitos regulares e irregulares, de distintos largos, en colores blanco, rojo, negro y azul. En este conjunto pleno de vitalidad se encuentran algunas zonas de veladuras rojisangre. Adjunto, un paño de la misma altura y la mitad del ancho del recién analizado combina los pincelazos-manchas-tipo lunares en azul y en rojo sangre seca oscura del tipo tono sang de boeuf. Superpuestas, costuradas, hay telas blancas con dibujo en tinta negra de temas a cuál más diferente: un rostro, diversas texturas, un pintor sentado frente a una tela en su caballete, otras líneas y un personaje que porta llanta salvavidas, y en el pie, una aleta para nadar.

Los entrecruzamientos de rayas y palotes, la superposición de telas, las costuras, los ojalillos en los bordes para colgar las obras, crean tramas diversas. Son maneras de comunicarse, objetivo primordial del arte correo. En Caer, Airmail Painting No. 187, las telas que actúan como soportes de las pinturas son un díptico con sus partes de iguales dimensiones, una blanca y otra “salpicada”, como en Ordnung. Una escena en blanco y negro plasmada en un rectángulo –que alude a un rombo– porta ocho palotes negros desarticulando un madero en cruz de dos palos. A la derecha, en la tela contigua, Eugenio Dittborn repite algunos aspectos de la estructura geométrico-compositiva con algunas discrepancias, usando rojo, negro y blanco en material plano, sin la escena figurativa, que es reemplazada por formas aleatorias y una semifiguración. Con la presencia del hombre de Neanderthal en Nadar, Pintura Aeropostal No.191, un díptico con dos paños de iguales dimensiones, muestra el enfrentamiento de señales figuración-abstracción geométrica, aguada-grafismo, estático-móvil.

En referencia a la investigación de los rostros que hiciera en sus inicios denunciando los crímenes de la dictadura, ha incluido la influencia de José Guadalupe Posada y las referencias a lecciones de dibujo, a las líneas de obturación o de creación de espacio, al sentido del humor, y alusiones primitivas; Eugenio Dittborn hace de cada loneta, de cada teñido, de las puntadas, de la serigrafía de base fotográfica y del carboncillo, un ditirámbico canto al arte correo. Acompañando estas obras se presentaron dos proyecciones en video con color y sonido, reeditados en 2006 con Guillermo González. Si bien ya se conocían, aportan al mostrar los diversos medios que utiliza el artista. Coinciden con el arte correo analizado aspectos técnicos como interrupciones, ambigüedad, distorsión de la imagen y repeticiones. Ambas son ediciones de diez en NTSC-DVD. Se titulan El Crusoe, 1990-2008 (16 minutos), y Cinco bocetos preparatorios para la historia de la música, 1986-2008, (12 minutos), en el cual el piano y su ejecutante refieren la nostalgia del migrante.

Quienes conocen la obra de Eugenio Dittborn (Chile, 1943) saben que dentro de la libertad de este artista conceptual hay ciertas premisas que él no deja de cumplir. Como arte correísta, Dittborn realiza sus obras, que viajan por correo, en resistentes sobres grises diseñados por él. Solo así, como arte correo, viajan sus trabajos de autor. Sus seguidores están al tanto de que los trabajos de Dittborn son en su gran mayoría de formato mediano y grande (no son pequeñas misivas, como las de la época de mensajeros a caballo). Ya sean las obras en papel, con técnicas mixtas, con collages, con dibujo y/o estampación refiriendo los temas de los perseguidos políticos, de los desaparecidos, de los prontuariados; o ya sean las obras que en este año 2018 se exhiben en Alexander and Bonin –la galería neoyorquina donde se presentan sus realizaciones desde hace aproximadamente veinte años–, el enfoque atiende al mismo proceso, con fluctuaciones dentro de la continuidad.

Se mantiene que el espectador no lee sus obras como una narrativa lineal. No se basa en una cronología histórica; cada mensaje es uno en sí mismo, aunque hay expresiones de ambigüedad que llevan a percibir asociaciones y disociaciones. En los trabajos de Dittborn existe la cuadrícula en el doblado de las telas, pero no son cuadrículas en pintura, ni en serigrafía. En esos dobleces acontece una cuadrícula muy diferente a la habitual. Si tomamos la cuadrícula como un elemento geométrico, advertimos que pintados y dibujados hay gestos, formas orgánicas, rayones, palotes, ciertas tachaduras, salpicados, manchas, superposiciones, guardas, fragmentos de cuerpos y figuras humanas semicompletas, semiborradas, desdibujadas, en posiciones insólitas (algunas aludiendo a la vida, otras a la muerte, a obras maestras del arte y a cierta literatura clave de la humanidad).

Rojo, azul, gris, blanco, negro, rosa agrisado y azul claro repiquetean en casi todas las obras creando una malla de pinceladas puntísticas. En Ordnung (Orden), Pintura Aeropostal No.190, se apoyan dos retículas que parecen trazadas con la cinta de enmascarar que usan los artistas para obturar una zona o marcar algún límite. Entre estas dos capas asoman palitos y palotes, tiras y trocitos regulares e irregulares, de distintos largos, en colores blanco, rojo, negro y azul. En este conjunto pleno de vitalidad se encuentran algunas zonas de veladuras rojisangre. Adjunto, un paño de la misma altura y la mitad del ancho del recién analizado combina los pincelazos-manchas-tipo lunares en azul y en rojo sangre seca oscura del tipo tono sang de boeuf. Superpuestas, costuradas, hay telas blancas con dibujo en tinta negra de temas a cuál más diferente: un rostro, diversas texturas, un pintor sentado frente a una tela en su caballete, otras líneas y un personaje que porta llanta salvavidas, y en el pie, una aleta para nadar.

Los entrecruzamientos de rayas y palotes, la superposición de telas, las costuras, los ojalillos en los bordes para colgar las obras, crean tramas diversas. Son maneras de comunicarse, objetivo primordial del arte correo. En Caer, Airmail Painting No. 187, las telas que actúan como soportes de las pinturas son un díptico con sus partes de iguales dimensiones, una blanca y otra “salpicada”, como en Ordnung. Una escena en blanco y negro plasmada en un rectángulo –que alude a un rombo– porta ocho palotes negros desarticulando un madero en cruz de dos palos. A la derecha, en la tela contigua, Eugenio Dittborn repite algunos aspectos de la estructura geométrico-compositiva con algunas discrepancias, usando rojo, negro y blanco en material plano, sin la escena figurativa, que es reemplazada por formas aleatorias y una semifiguración. Con la presencia del hombre de Neanderthal en Nadar, Pintura Aeropostal No.191, un díptico con dos paños de iguales dimensiones, muestra el enfrentamiento de señales figuración-abstracción geométrica, aguada-grafismo, estático-móvil.

En referencia a la investigación de los rostros que hiciera en sus inicios denunciando los crímenes de la dictadura, ha incluido la influencia de José Guadalupe Posada y las referencias a lecciones de dibujo, a las líneas de obturación o de creación de espacio, al sentido del humor, y alusiones primitivas; Eugenio Dittborn hace de cada loneta, de cada teñido, de las puntadas, de la serigrafía de base fotográfica y del carboncillo, un ditirámbico canto al arte correo. Acompañando estas obras se presentaron dos proyecciones en video con color y sonido, reeditados en 2006 con Guillermo González. Si bien ya se conocían, aportan al mostrar los diversos medios que utiliza el artista. Coinciden con el arte correo analizado aspectos técnicos como interrupciones, ambigüedad, distorsión de la imagen y repeticiones. Ambas son ediciones de diez en NTSC-DVD. Se titulan El Crusoe, 1990-2008 (16 minutos), y Cinco bocetos preparatorios para la historia de la música, 1986-2008, (12 minutos), en el cual el piano y su ejecutante refieren la nostalgia del migrante.

GRACIELA KARTOFEL

Eugenio Dittborn, por Graciela Kartofel | artnexus