Exposición Individualsept 2018 - nov 2018· Por Natalia Espinel Valencia

Ernesto Neto

Hauptbahnhof Zürich

La cúrcuma y la pimienta negra son originarias de la India; el clavo de olor, de Indonesia, y el comino, del Mediterráneo africano. Antiguamente estas especias, necesarias en la medicina tradicional y para la preservación de la comida, eran consideradas bienes de lujo en Europa debido a las imposibilidades para su comercialización creadas en el Medio Oriente y el Norte de África. Pero hoy en día son fácilmente asequibles y su valor ha mermado. Cuatrocientos veinte kilogramos de estas podían encontrarse sosteniendo la instalación penetrable de Ernesto Neto GaiaMotherTree en la estación más importante de trenes de Zúrich (Suiza). El proyecto, organizado durante cuatro años por Fondation Beyeler, se dio a conocer al final de junio en Main Station de Zúrich.

La obra de Neto se caracteriza por el uso de materiales no convencionales, especialmente desde que optó por trabajar con elementos orgánicos, al basarse en tradiciones indígenas y en su filosofía de vida espiritual. En esta oportunidad, presentó una escultura de un árbol tejido a mano por un equipo de más de veinticinco personas, con 10.220 metros de algodón teñido de amarillo que representa el sol y la luz que da vida; el marrón, como la tierra y su fuerza; y el verde, como la vegetación de la selva. La estructura también se asemeja a una boa arcoíris, serpiente muy común en Brasil, cuyos colores varían entre estas tonalidades e iridiscencias cuando su piel recibe la luz solar. Gracias a su trabajo etnográfico desde 2013, Neto ha integrado en su obra las tradiciones y el sentido estético de las comunidades Huni Kuin de la región amazónica del Brasil, como también ocurrió en la obra expuesta en la pasada Bienal de Venecia.

Exposición Individual: Ernesto Neto — imagen 1
Ernesto Neto. GaiaMotherTree, 2018. Instalación. Dimensiones variables. Foto: Mark Niedermann. Cortesía: Fondation Beyeler.

GaiaMotherTree se elevó hasta el techo del vestíbulo de la estación, donde tiras de algodón anudadas en croché se extendían en un área de 40 x 28 metros, y al ingresar por la boca de la serpiente al interior del árbol era posible encontrar un valle, donde los espectadores interactuaban con la obra alejados de la rutina de la estación. La serpiente también habla sobre el mito de Adán y Eva, en el que no existiríamos si ellos no hubieran sido seducidos para compartir el fruto del árbol del conocimiento; ya que, de no haber caído en la treta, estarían aún en el Paraíso. De hecho, todas las personas que entran a la instalación, sin importar sus creencias, serían precisamente el fruto de esa decisión. Pero esta no es la única historia que construye la cosmogonía de la obra. Cuando Neto dibujaba los planos, su hijo estaba estudiando mitología griega, y en esta, a Gaia, una de las deidades más importantes, pues personifica la Tierra. En la cosmogonía griega primero existió Caos, un vacío que daba origen, y después vinieron Gaia y Eros, que procrearon el mundo. Neto situó a Gaia en el medio de la instalación, y a sus pies, una alfombra que tenía tejido un mapamundi. La reunión de distintas cosmogonías da sentido a su investigación, y mediante una perspectiva única argumenta que todas las tradiciones espirituales tienen un elemento universal que comparten. Por eso, su obra nos invita a pensar en la Tierra y tomar conciencia de la naturaleza sacrificada por el avance de la modernidad.

Desde allí, entendemos también que el espacio expositivo no es una decisión al azar; los trenes son considerados el ícono de la Revolución Industrial, y es por eso que la instalación buscaba que las cerca de medio millón de personas que visitan la estación cada día encontraran un espacio hecho a partir de la naturaleza. Su estabilidad no depende de ningún elemento industrial; la obra no utiliza clavos, tornillos o elementos ajenos a la naturaleza. Neto creó una instalación multisensorial, en la que 140 kilos de cúrcuma, 140 kilos de clavo de olor, 70 kilos de comino y 70 kilos de pimienta negra inundan con su olor el espacio y sostienen la estructura, junto con 840 kilos de tierra y 70 kilos de semillas de plantas.

Las esencias elegidas pueden hablar acerca de los refugiados, aunque su obra no hace referencia explícitamente a ellos. Como él mismo mencionó en la inauguración: “Los refugiados también estarán viniendo, y si no estamos en equilibrio, estamos desequilibrados; si no equilibramos nuestra sociedad, vamos a tener problemas ecológicos y problemas sociales graves. Ya está sucediendo, todos lo sabemos, y creo que con amor podemos resolver esta situación mucho mejor que con armas y muros. Podemos hacer grandes muros y muchas armas, pero tienen un tiempo limitado. Sabes, con amor vamos a poder participar y bailar juntos. Pero esta obra está aquí, en la estación de tren, y lo digo ahora porque creo que es un buen lugar para estar”. La instalación buscaba construir un espacio de encuentro, al que se invitaba a participar en un programa de actividades para todas las edades, que incluía meditación, música, talleres y charlas. Igualmente, Neto, al hacer una crítica importante a la agricultura transgénica, invitaba a las personas a introducir, en unos contenedores que también sostenían la instalación, cuescos de frutas y legumbres secas, que al final fueron distribuidas.

NATALIA ESPINEL VALENCIA

Ernesto Neto, por Natalia Espinel Valencia | artnexus