Exposición Individualsept 2018 - nov 2018· Por Adriana Herrera

Arnaldo Simón

Concrete Space

La exposición Raw War de Arnaldo Simón (Cuba, 1958?), curada por Joaquín Badajoz, reúne la obra realizada entre 2011 y 2018 de este artista, con una trayectoria independiente que comparte con otros artistas cubanos contemporáneos el escepticismo y el trabajo iconoclasta sobre objetos depositarios de la historia. Pero su universo no es la Isla sino el mundo y la vasta historia iconográfica del poder. Raw War es una de esas exposiciones que revelan al espectador la dimensión de una obra: la rigurosidad investigativa, la realización formal y la coherencia conceptual se evidencian en esta propuesta artística, que se apropia de la simbología del poder a lo largo de la historia y la interviene, en una acción deconstructiva.

Arnaldo Simón usó como materia prima elementos del diseño de las iconografías en torno a las cuales se han desatado guerras, incluidos los símbolos de las antiguas teocracias, y no solo las conjunciones entre dioses y reyes hasta el siglo XIX, sino sistemas político-religiosos que pugnan por convertir o aniquilar en el presente. Además deconstruye los funestos símbolos de totalitarismos –comunismo, nazismo, fascismo– que convirtieron el siglo XX en el tiempo de las distopías.

Exposición Individual: Arnaldo Simón — imagen 1
Arnaldo Simon. Killing me… (Mátandome…), 2016. Bronce, cuero, cuerdas sobre base de cuarzo. 111.7 x 4.7 x 30.4 cm (44 x 18 x 12 pulgadas).

Bajo el mismo espíritu reflexivo del juego de palabras del título, formado por la palabra “Raw” (crudo en inglés) y su anagrama “War” (guerra), la exposición funciona como espejo de la relación entre estética y violencia que se evidencia en la iconografía de los diversos sistemas de poderes en pugna que alimentan las guerras. A Simón le impresiona la capacidad seductora de signos que alguna vez fueron ideados por diseñadores anónimos, y el hecho de que estemos dispuestos a dar la vida por lo que en última instancia son convenciones visuales.

La serie Sin título, de 2011, reúne dibujos en grafito, hojilla de oro e impresiones que conjugan dos objetos depositarios de los discursos y las categorías de “valor” en Oriente y Occidente y bajo cualquier sistema político: medallas y monedas. No se le escapa que la polisemia del término se desliza del terreno del coraje al de las cuantías. También aquí inserta con ironía juegos de palabras tomados de catálogos de medallas y complementa sus dibujos con figuras abstractas que simbolizan “mares de oro” refiriéndose a la obsesión por la acumulación del metal que ha corrompido a todos los imperios. Un antecedente interesante es la obra del colectivo Claire Fontaine, que justamente creó un signo de neón rotativo que alternaba las palabras “Warm” y “War”, así como la pieza Change, de 2005, conjugando la medialuna y una moneda de un cuarto de dólar.

En la serie de bajorrelieves Sin título destaca el proceso de doble vaciamiento empleado para que el espectador lea imágenes simbólicas y palabras de forma invertida. Es una clave del mismo trabajo de deconstrucción iconográfica, mientras que la transferencia de imágenes estrictamente históricas pero extrapoladas a nuevos contextos refleja una consciencia crítica, en el sentido de análisis, que es crucial. El acto de invertir una hoz, por ejemplo, y sugerir a cambio la forma de un búmeran no solo permite mutar el inveterado signo comunista, sino revelar en una trayectoria visual que este signo iconográfico acabará por arremeter contra quien lo expanda.

La oposición entre nacionalismos y el valor de la identidad individual se aborda en una serie de diez obras, cada una titulada con el nombre de un término de la jerga militar usado como insulto, que a su vez se obtiene vaciando con cortes al láser la superficie de acrílico. Las formas de los términos despectivos acuñados desde la Gran Guerra se conjugan con las del ADN de personas anónimas señalando que cualquier ser humano puede ser en un momento dado el depositario del insulto. Estas obras se completan con la pintura de acción en gris neutral: Arnaldo Simón elige este color intermedio y no asociado a corrientes, para depositar en el gesto pictórico su angustia frente a las guerras que nos deshumanizan. De modo similar, en la serie National Patterns (Patrones nacionales), construida a partir de una investigación sobre los camuflajes militares usados por distintos países, cambia los tonos habituales por grises y negros en grafito y tinta, junto con el rojo de su propia sangre, que subvierte del todo la función del camuflaje. La serie enriquece los trabajos de arte contemporáneo que abordan esta estrategia de supervivencia, como algunas series de María Fernanda Cardoso.

Raw War incluye también esculturas inspiradas en objetos como escaleras militares de ascenso y descenso, y una recreación de la silla castrense ingeniosamente construida con muletas y con una advertencia de Catón el Viejo, cuyo significado es: “La guerra se alimenta a sí misma”. La escultura Killing me opera a modo de látigo ideológico, con múltiples brazos metálicos que culmina enarbolando como amenaza, pero al tiempo, con atrevida libertad iconoclasta, todos los grandes símbolos religiosos y políticos. Raw War funciona así como un observatorio de la historia que despliega a través de diversas estrategias artísticas la relación que ha tenido el diseño con el potencial bélico de las ideologías, que, lejos de lo que suponían los teóricos del poder como Foucault, no se agotaron en la posmodernidad. El fin de los grandes relatos que hacía pensar a Arthur C. Danto en la muerte del arte ha tomado una vía retorcida: estamos retornando a tiempos de marcada trivialidad. En lugar de la torre de marfil, Simón propone una torre de vigía para tomar distancia frente al abuso de los símbolos, que comienza cuando su imposición se hace por encima del otro, en un rango que va desde arrebatarle la dignidad hasta la vida.

ADRIANA HERRERA TÉLLEZ

Arnaldo Simón, por Adriana Herrera | artnexus